Hay un documento que el sector del asesoramiento financiero independiente en Estados Unidos espera cada año como quien espera la nota de selectividad. Lo publica Charles Schwab, el mayor custodio de activos de asesores independientes del país, y se llama RIA Benchmarking Study. La edición de 2025 es la decimonovena. Reúne las respuestas de 1.288 firmas que custodian más de 2,4 billones de dólares en activos — no es una encuesta de opinión, es prácticamente un censo del sector. Por eso, cuando Schwab dice algo sobre cómo crecen, cuánto cobran, a quién contratan o qué tecnología compran los asesores independientes estadounidenses, conviene leerlo con atención.

Y conviene leerlo desde España con una atención particular. Una EAF — Empresa de Asesoramiento Financiero — española es, en esencia, el primo europeo de una RIA estadounidense: independiente, fiduciario, sin producto propio que colocar, con un modelo de negocio que vive o muere por la calidad de la relación con el cliente. Las escalas son distintas (el mercado norteamericano es un orden de magnitud mayor y lleva décadas de ventaja en madurez), pero las dinámicas profundas son sorprendentemente parecidas. Lo que en EE.UU. ya es realidad consolidada, en España suele ser el guion de los próximos cinco a diez años. De ahí que este informe sea, para nosotros, algo más que un reporte de un mercado lejano: es un espejo del futuro.

Vamos a recorrerlo entero, dato por dato, gráfico por gráfico, y al final ofreceremos nuestra propia lectura — qué nos creemos, qué matizamos y qué hacemos diferente en BISSAN.

El sector goza de una salud insultante

El titular del estudio es inequívoco: el sector RIA cerró 2024 con un crecimiento robusto en todas sus métricas clave. Los activos bajo gestión (AUM) crecieron un 16,6 % en 2024, los ingresos un 17,6 % y el número de clientes un 4,8 %. Si se observa el quinquenio completo, la tasa de crecimiento anual compuesto (CAGR a cinco años) es de +12,6 % en AUM, +12,4 % en ingresos y +6,0 % en clientes.

Gráfico 1 (Charles Schwab): activos bajo gestión, ingresos y clientes de las firmas RIA, comparativa 2019 frente a 2024. Gráfico 1 (Charles Schwab): la firma mediana pasó de 342 a 615 millones de dólares de AUM y de 2.327 a 3.800 miles de dólares de ingresos entre 2019 y 2024, con tasas de crecimiento anual compuesto del 12,6 % y el 12,4 % respectivamente. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Conviene detenerse en la diferencia entre las tres barras. El AUM y los ingresos crecen a más del doble del ritmo que el número de clientes. Esto significa una cosa muy concreta: las firmas no están creciendo principalmente captando más cabezas, sino aumentando el patrimonio gestionado por cliente — sea porque los mercados subieron, sea porque captan clientes de mayor patrimonio, sea porque profundizan la relación con los que ya tienen. La firma RIA típica del estudio gestiona hoy 615 millones de dólares, frente a los 342 de cinco años antes: casi se ha duplicado en un lustro.

Aquí aparece el primer matiz importante, y lo desarrollaremos en la siguiente sección: una parte sustancial de ese crecimiento de AUM es simplemente efecto mercado. La bolsa estadounidense vivió un quinquenio extraordinario entre 2019 y 2024, y cuando una firma cobra un porcentaje sobre activos, los activos engordan solos cuando el mercado sube. El dato verdaderamente interesante no es el crecimiento bruto, sino cuánto de ese crecimiento es orgánico — es decir, captación neta de dinero nuevo, independiente del comportamiento de los mercados. Y ahí es donde el estudio se pone realmente útil.

Antes de entrar en ello, conviene anotar un dato que Schwab destaca y que pone el resto en perspectiva: el 59 % de todas las firmas del estudio cumplió o superó sus objetivos de captación de clientes nuevos en 2024, una cifra que sube al 78 % entre las Top Performing Firms. No es solo que el sector haya crecido por el viento de cola del mercado; es que la mayoría de las firmas alcanzó las metas comerciales que se había marcado a sí misma. Cuando casi ocho de cada diez firmas de élite baten sus propios objetivos de captación, el sistema está funcionando como debe — la promesa de valor del modelo independiente está atrayendo clientes de forma deliberada, no accidental.

Las prioridades estratégicas del sector

El estudio rastrea cada año cuáles son las prioridades estratégicas que las firmas se marcan, y la tabla histórica es reveladora por su estabilidad. Año tras año, desde 2021, las dos primeras prioridades son las mismas: captar clientes nuevos mediante referencias de clientes y reclutar personal para ampliar las capacidades de la firma. La tercera es captar clientes a través de referencias de negocio (los COI). La cuarta, mejorar la planificación y ejecución estratégica. Lo que sí ha escalado posiciones de forma notable es mejorar la productividad con nueva tecnología, que ha subido del puesto noveno en 2024 al quinto en 2025 — el mayor salto de toda la tabla. Es la huella estadística de la irrupción de la IA y de la presión de capacidad que recorre todo el informe: las firmas se han dado cuenta de golpe de que la tecnología ha dejado de ser un asunto de back-office para convertirse en una palanca estratégica de primer orden.

Esa jerarquía de prioridades — crecer, captar talento, mejorar la productividad — es, en el fondo, el guion de todo el resto del documento. Y es notable lo poco que cambia: en un sector tan dinámico, las firmas saben perfectamente cuáles son sus dos o tres palancas de valor y no se dispersan. Para una EAF, esa disciplina de foco es en sí misma una lección. No se trata de hacer veinte cosas a medias, sino de identificar las dos o tres que mueven la aguja y ejecutarlas con excelencia, año tras año.

El verdadero termómetro: el crecimiento orgánico

Schwab construye un índice propio para separar el grano de la paja: el Firm Performance Index, que clasifica a todas las firmas según 15 métricas (crecimiento de clientes, activos e ingresos; abandono de clientes; rotación de personal; margen operativo; tiempo dedicado a servicio y a operaciones; flujos de trabajo estandarizados; existencia de plan estratégico y de sucesión escritos; y persona ideal de cliente y propuesta de valor documentadas). El 20 % superior de ese índice son las Top Performing Firms — las firmas de élite. Es un buen recordatorio de que el rendimiento de una firma de asesoramiento no se mide solo por el AUM: una firma puede ser enorme y mediocre, o pequeña y excelente.

Cuando se descompone el crecimiento de AUM entre la parte que viene del mercado y la parte que viene de captación orgánica neta, el panorama cambia. El estudio muestra esta descomposición por tamaño de firma y para las top:

Gráfico 2 (Charles Schwab): contribución del crecimiento orgánico neto al crecimiento total de AUM, de 2020 a 2024, por tipo de firma (Top Performing Firms vs resto). Gráfico 2 (Charles Schwab): para las firmas de menos de 250 millones de AUM, el crecimiento orgánico aportó 9,2 puntos en 2024; para las de más de 250 millones, 5,0 puntos; y para las Top Performing Firms, 12,5 puntos sobre un crecimiento total de AUM del 23,4 %. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Hay varias lecturas en este gráfico. La primera: el crecimiento orgánico es positivo todos los años salvo 2022 — el año del mercado bajista — donde el AUM cayó pero la captación orgánica neta siguió siendo positiva en las firmas top (apenas -0,1 % de AUM total, pero con organic todavía en terreno verde). Esto es el corazón del argumento de Schwab sobre por qué el modelo independiente es resiliente: incluso cuando los mercados destruyen valor, las firmas siguen captando dinero nuevo. La relación de confianza no se evapora con la bolsa.

La segunda lectura es más sutil pero más importante para una EAF: cuanto mejor es la firma, mayor proporción de su crecimiento es orgánico. Las Top Performing Firms aportan 12,5 puntos de crecimiento orgánico, frente a los 5 de las firmas grandes "normales". Dicho de otro modo, la excelencia no consiste en cabalgar el mercado, sino en construir una máquina de captación que funcione llueva o haga sol. Las firmas mediocres dependen del viento de cola bursátil; las excelentes generan su propio viento.

Para una EAF española, esto es directamente accionable. Es muy fácil sentirse exitoso cuando la bolsa sube un 20 % y tu AUM con él. La pregunta incómoda — y la que de verdad mide la salud del negocio — es: ¿cuánto dinero nuevo neto entró este año, descontando mercado? Si la respuesta es cero o negativa, el negocio está estancado aunque la cuenta de resultados diga lo contrario.

La élite contra el resto: la brecha es enorme

Schwab insiste a lo largo de todo el informe en una comparación: las Top Performing Firms frente a todas las demás. Y la brecha no es marginal, es estructural. El estudio la resume en una tabla de múltiplos que vale la pena observar con calma:

Gráfico 3 (Charles Schwab): comparativa de las Top Performing Firms frente al resto de firmas en seis métricas clave, con el múltiplo de superioridad. Gráfico 3 (Charles Schwab): las firmas top duplican el CAGR de ingresos a cinco años (20,9 % frente a 10,4 %), multiplican por 2,6 el de clientes, por 3,1 el de flujos netos de activos y captan 3,8 veces más activos de clientes existentes. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Lo que esta tabla dice, traducido al lenguaje de negocio, es demoledor. La diferencia entre una firma excelente y una mediana no es del 10 % o el 20 % — es de 2x, 3x, incluso 3,8x. Una firma top capta 3,8 veces más activos de sus clientes existentes (16,9 millones frente a 4,4 millones) y 2,5 veces más de clientes nuevos (49,2 millones frente a 20 millones). Y genera 77.000 dólares de nuevos ingresos por profesional, frente a 42.000 — un 80 % más de productividad comercial por cabeza.

El detalle que más nos interesa de esta tabla es el de los activos de clientes existentes. Que la brecha más amplia (3,8x) esté precisamente ahí, en la capacidad de captar más patrimonio de los clientes que ya tienes, es revelador. Las firmas mediocres tratan al cliente como una transacción cerrada una vez firmado el mandato. Las excelentes entienden que el cliente que ya confía en ti es, con diferencia, tu mejor fuente de crecimiento futuro: te traerá más patrimonio a medida que vendas un negocio, reciba una herencia o consolide cuentas dispersas en otras entidades. La relación no es un punto final, es un punto de partida.

Esto enlaza con un concepto que en BISSAN llevamos años aplicando bajo otro nombre: el cliente bien atendido consolida. Cuando una familia comprueba que el asesoramiento funciona, tiende a ir trayendo el resto de su patrimonio — el que tenía repartido en bancos, en productos heredados, en cuentas olvidadas. El crecimiento orgánico más rentable no está en la calle buscando desconocidos, sino dentro de tu propia base de clientes.

El estudio cuantifica esa captación de clientes existentes con un gráfico propio, y el resultado refuerza la tesis. Los activos netos captados de clientes ya existentes (excluyendo el efecto de la rentabilidad de las inversiones, para aislar el dinero realmente nuevo) crecieron con fuerza en 2024 en todas las categorías, pero de forma espectacular en las firmas top: la firma de élite mediana captó 16,9 millones de dólares de sus clientes existentes en 2024, frente a los 6,2 millones de 2020 — casi triplicando la cifra en cuatro años. Las firmas de menos de 250 millones captaron 2 millones y las de más de 250, 10,1 millones. La distancia entre las top y el resto vuelve a ser ese 3,8x que recorre todo el documento como un hilo conductor.

Lo importante de aislar el efecto mercado en este cálculo es que demuestra que no se trata de revalorización: es dinero fresco que el cliente decide poner en manos de la firma porque confía en ella. Es la prueba de fuego de la relación. Un cliente puede quedarse contigo por inercia, pero solo te trae más patrimonio si de verdad cree en lo que haces. Por eso esta métrica — los activos nuevos de clientes existentes — es, a nuestro juicio, uno de los mejores indicadores de salud de una firma de asesoramiento que existe. Mide confianza con dinero.

Las herramientas que separan a los que crecen

El estudio es muy explícito sobre qué tres herramientas de gestión correlacionan con el crecimiento orgánico, y conviene anotarlas porque son trasladables casi sin adaptación a cualquier EAF: un plan de marketing escrito, una persona ideal de cliente documentada (el perfil del cliente al que la firma sirve mejor) y una propuesta de valor para el cliente también documentada. Las firmas que tienen las tres captan un 68 % más de clientes nuevos y un 67 % más de activos nuevos que las que no las tienen. Y la brecha de adopción entre la élite y la media es enorme: el 82 % de las firmas top tiene una persona ideal de cliente documentada y el 81 % una propuesta de valor escrita, frente a porcentajes mucho menores en las firmas pequeñas.

Esto puede sonar a jerga de consultoría, pero la idea de fondo es profundamente práctica. Tener una "persona ideal de cliente" documentada significa simplemente que la firma ha decidido, de forma consciente y por escrito, a quién sirve mejor — qué tipo de familia, con qué patrimonio, con qué necesidades, con qué mentalidad. Y esa claridad se contagia a toda la organización: el equipo sabe a quién buscar, cómo hablarle y qué esperar. Las firmas que no lo hacen acaban sirviendo a cualquiera de cualquier manera, y eso diluye tanto la calidad como el margen. La especialización, también en el asesoramiento, es una forma de excelencia.

La retención: el 97 % que lo sostiene todo

Si hubiera que elegir un solo dato de todo el informe para entender por qué el modelo independiente funciona, sería este: la retención mediana de clientes lleva una década clavada en el 97 %. Año tras año, del 2014 al 2024, las firmas RIA pierden apenas el 3 % de sus clientes. En un mundo donde las suscripciones de software pierden el 20-30 % anual y los bancos retail ven cómo sus clientes saltan de oferta en oferta, una industria que retiene al 97 % de su base durante diez años seguidos es una anomalía estadística.

Ese 97 % es el cimiento sobre el que se construye todo lo demás. Permite que el crecimiento orgánico sea acumulativo en lugar de un cubo que se vacía mientras intentas llenarlo. Significa que cada cliente captado no es un ingreso de un año, sino una renta vitalicia. Y explica por qué las valoraciones de las firmas RIA en las operaciones de M&A son tan elevadas: estás comprando un flujo de caja extraordinariamente predecible.

Para una EAF, este dato es a la vez aspiracional y tranquilizador. Aspiracional porque marca el estándar: si tu retención está muy por debajo del 97 %, tienes un problema de servicio, no de captación. Tranquilizador porque demuestra que, bien hecho, el asesoramiento independiente es uno de los negocios más estables que existen. El cliente que entiende su plan, ve coherencia entre lo que le dijiste y lo que pasa, y siente que estás de su lado, no se va. No tiene motivos para irse.

La experiencia de cliente como disciplina

Schwab no se limita a constatar el 97 %; se pregunta cómo se construye. Y la respuesta es la experiencia de cliente (CX) entendida como una disciplina formal, no como una buena intención. El 95 % de todas las firmas dice estar enfocada en mejorar la experiencia de cliente, pero la diferencia entre las top y el resto está, una vez más, en la sistematización. El método más extendido entre las firmas de élite es formar al equipo para entregar una experiencia consistente y elevada (85 % de las top frente a porcentajes mucho menores en el resto), seguido de documentar la experiencia según la estrategia de segmentación y usar la lente del cliente ideal en la incorporación de nuevos clientes (el onboarding).

Un componente concreto de esa disciplina es recoger el feedback del cliente de forma estructurada. El 71 % de las firmas recaba opiniones de sus clientes, y los canales más usados son las encuestas (44 % en las top), las entrevistas individuales y las entrevistas de salida con clientes que se marchan. Este último canal — preguntar al cliente que se va por qué se va — es el menos cómodo y, probablemente, el más valioso: en un negocio con un 3 % de abandono anual, entender ese 3 % es la mejor inversión posible en mejorar el 97 % restante.

La lección para una EAF es que la excelencia en el servicio no se improvisa ni depende del carisma de un asesor concreto. Se diseña, se documenta y se entrega de forma consistente, persona a persona, año tras año. La consistencia es lo que convierte una buena relación puntual en un 97 % de retención sostenido durante una década.

Más servicios para necesidades más complejas

Otro hilo del informe documenta cómo las firmas han ampliado su catálogo de servicios a lo largo de la última década para seguir siendo competitivas y atender necesidades cada vez más complejas. La planificación financiera, la planificación patrimonial y sucesoria, y la planificación fiscal son ya casi universales — la planificación financiera la ofrecen el 95 % de las firmas grandes —, pero lo que ha crecido con fuerza son los servicios de mayor valor añadido: la planificación fiscal y estratégica (86 %), la planificación de herencias y patrimonio (85 %), la planificación benéfica, la educación familiar y la consultoría de negocio para clientes empresarios.

La mayoría de estos servicios se incluyen como parte de la comisión de gestión, no se cobran aparte. Esto es deliberado: amplía el foso defensivo de la relación. Un cliente que recibe de su asesor no solo gestión de inversiones, sino también ayuda con la fiscalidad, la sucesión y la educación financiera de sus hijos, tiene muchos más motivos para quedarse — y mucho más difícil le resulta encontrar un sustituto equivalente. El asesoramiento patrimonial integral es, por diseño, mucho más pegajoso que la mera gestión de carteras.

Aquí conectamos directamente con la filosofía de BISSAN. Nuestro enfoque de gestión del riesgo desde la perspectiva del flujo de caja del cliente —el Cash Flow Risk Management— nace precisamente de esa idea de servicio integral: no se trata solo de batir un índice, sino de asegurar que el patrimonio cumple la función que la familia necesita que cumpla, año a año, en cada etapa de su vida. Es la versión española y propia de esa ampliación del servicio que el sector estadounidense ha recorrido durante una década.

El reto generacional

Un capítulo del estudio que merece atención especial — porque es el mismo reto que afronta el sector en todo el mundo desarrollado — es el del relevo generacional de los clientes. La distribución por edad de la clientela RIA está claramente envejecida: el 26 % de los clientes tiene menos de 50 años, pero ese grupo representa solo el 15 % de los activos. El grueso del patrimonio está en manos de clientes mayores, y eso plantea un riesgo evidente a medio plazo: cuando ese patrimonio se transfiera por herencia, ¿se quedará con la firma o volará hacia otro asesor de la generación de los herederos?

Las firmas son conscientes y han empezado a actuar. Las principales estrategias para captar a la siguiente generación son relacionarse con los hijos de los clientes (68 % de las firmas), crear equipos diversos que reflejen mejor a los inversores más jóvenes (57 %) y usar herramientas educativas para mejorar la cultura financiera de los más jóvenes (43 %). Es una jugada inteligente: la mejor forma de retener un patrimonio cuando cambia de manos es haber construido una relación con quien lo va a heredar antes de que lo herede.

Para una EAF española, este reto es idéntico y, si cabe, más agudo, dada la importancia del patrimonio familiar y empresarial en nuestro tejido económico. El gran trasvase patrimonial intergeneracional que se avecina es a la vez la mayor amenaza y la mayor oportunidad del sector. La firma que cultive la relación con la siguiente generación retendrá; la que se limite a atender al titular actual hasta su fallecimiento, perderá. Es un trabajo que hay que empezar hoy, no cuando llegue la herencia.

La productividad: hacer más con lo mismo

El tercer gran bloque del informe gira en torno a la excelencia operativa, y aquí Schwab introduce una idea que debería estar grabada en la pared de cualquier firma de asesoramiento: la capacidad es el cuello de botella del crecimiento. Una firma de asesoramiento no escala como una fábrica; escala con personas, y las personas tienen un límite de horas. Por eso la productividad — cuánto patrimonio y cuántos clientes puede atender cada profesional — es la variable que determina si una firma puede crecer sin colapsar en el servicio.

Gráfico 4 (Charles Schwab): evolución de la productividad por profesional entre 2020 y 2024 — AUM gestionado, clientes atendidos y horas dedicadas a operaciones y a servicio al cliente. Gráfico 4 (Charles Schwab): el AUM por profesional pasó de 101 a 117 millones de dólares y los clientes por profesional de 57 a 62 entre 2020 y 2024, mientras el tiempo anual por cliente dedicado a operaciones bajaba de 16 a 15 horas. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Los números cuentan una historia de eficiencia ganada. En cuatro años, el profesional medio pasó de gestionar 101 millones a 117 millones de AUM (+16 %) y de atender 57 a 62 clientes (+9 %), mientras reducía el tiempo dedicado a operaciones administrativas por cliente. Eso es productividad pura: más output con el mismo o menos input por unidad.

Pero el dato más elegante está en lo que hacen las firmas top con el tiempo que ganan. Schwab lo señala explícitamente: las Top Performing Firms dedican un 25 % menos de tiempo anual por cliente a operaciones (12 horas) y, en cambio, algo más de tiempo a servicio al cliente (30 horas). No usan la eficiencia para recortar costes y hacer caja; la usan para reinvertir el tiempo donde importa — en la relación con el cliente. Automatizan lo automatizable para humanizar lo humano. Esta es, en una frase, la filosofía operativa correcta para una firma de asesoramiento: la tecnología no sustituye al asesor, le devuelve las horas que la burocracia le robaba.

En una EAF española, donde los equipos son por definición más pequeños y cada hora del asesor es más cara en términos relativos, esta lógica es si cabe más crítica. Cada hora que el asesor dedica a cuadrar una operación, perseguir un papel o reescribir un correo es una hora que no dedica a entender al cliente. La inversión en sistemas y procesos no es un gasto de back-office, es la palanca que determina cuántos clientes puede atender bien tu equipo.

Qué tecnología da más retorno

El estudio pregunta a las firmas qué sistemas tecnológicos consideran que tienen mayor impacto o retorno de la inversión, y la respuesta es clara y consistente: los sistemas de gestión de carteras, los CRM (gestión de la relación con clientes) y los sistemas de planificación financiera encabezan la lista, con cerca del 98-99 % de las firmas señalando el sistema de gestión de carteras como prioritario. No son las herramientas más vistosas ni las de moda; son la columna vertebral operativa de la firma, los sistemas que tocan todos los procesos.

Dentro de ese ecosistema, el CRM emerge como el verdadero centro neurálgico. Las firmas top usan su CRM como hub central mucho más que las demás: el 54 % de las firmas top tiene flujos de trabajo estandarizados dentro del CRM para más de la mitad de sus tareas (frente al 43-44 % de las firmas grandes normales) y el 64 % tiene tres o más fuentes de datos integradas con el CRM. La diferencia entre una firma que usa el CRM como una agenda de contactos y otra que lo usa como el cerebro operativo de toda la organización es, otra vez, la diferencia entre la media y la élite.

Esta digitalización de los procesos tiene además un beneficio que va más allá de la eficiencia: la seguridad. El estudio destaca que los procesos digitales reducen el trabajo repetido y, sobre todo, el fraude. Las firmas top usan procesos digitales para casi todos los flujos de trabajo con clientes — apertura de cuentas (93 %), financiación de cuentas (90 %), acuerdos y cartas de bienvenida, actualizaciones de cuenta — con porcentajes muy superiores a los del resto. Cuando un proceso está digitalizado y estandarizado, hay menos huecos por donde se cuela un error o un intento de fraude. Es eficiencia y control de riesgo en el mismo paquete.

La ciberseguridad como higiene básica

En la misma línea de control de riesgo, el informe dedica espacio a la ciberseguridad, que ha pasado de ser una preocupación de los grandes a una exigencia universal. Las actividades más extendidas son la formación de empleados (96 %), la política y procedimientos de ciberseguridad por escrito (94 %) y el cifrado de correo o portal seguro de cliente (91 %). Otras prácticas, como contratar un seguro de ciberseguridad o un consultor especializado, están menos extendidas (en torno al 60 %), pero la base — formación, política escrita, cifrado — es ya un estándar de facto.

Para una EAF, que maneja datos extraordinariamente sensibles de patrimonios y familias, la ciberseguridad no es un lujo opcional sino una obligación fiduciaria y reputacional de primer orden. Un solo incidente de seguridad puede destruir en una tarde la confianza que costó años construir. En este terreno, copiar las mejores prácticas del sector más maduro es de pura sensatez: política escrita, formación constante del equipo, cifrado de todas las comunicaciones con el cliente y nunca, jamás, tratar a la ligera un dato sensible. Es exactamente el tipo de disciplina que una firma seria no negocia.

La irrupción de la inteligencia artificial

Coherente con lo anterior, el estudio de 2025 dedica espacio destacado a la tecnología, y por primera vez la inteligencia artificial ocupa un lugar central. El dato titular: el 68 % de las firmas ya usa IA de alguna forma, y la firma mediana la emplea para tres usos distintos. No es un experimento de unos pocos pioneros; es ya mayoría del sector.

Gráfico 5 (Charles Schwab): principales usos de la inteligencia artificial entre las firmas RIA, porcentaje de firmas que la aplica a cada tarea. Gráfico 5 (Charles Schwab): el soporte administrativo es el uso más extendido de la IA (43 %), seguido de la generación de contenidos de marketing (38 %) y la redacción de correspondencia con clientes (31 %); la investigación supone el 22 %. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Lo interesante de este gráfico es dónde se aplica la IA. Los usos dominantes son administrativos y de comunicación: tomar notas de reuniones, redactar correos, generar borradores de contenido de marketing, preparar correspondencia. Es decir, exactamente las tareas que consumen el tiempo que las firmas quieren reinvertir en el cliente. La IA, en el sector RIA, no se está usando para gestionar carteras ni para tomar decisiones de inversión — se está usando para liberar tiempo del asesor. Encaja como un guante con la lógica de productividad de la sección anterior: automatizar lo administrativo para humanizar la relación.

Esto merece un comentario desde nuestra trinchera. En BISSAN hemos integrado herramientas de IA precisamente en esa misma lógica — apoyo a la elaboración de informes, sistematización de procesos, aceleración de tareas repetitivas — siempre con dos líneas rojas innegociables: la decisión de inversión es siempre humana y verificada, y ningún dato sensible del cliente se trata a la ligera. La IA es una palanca de productividad y de calidad, no un sustituto del juicio profesional ni de la responsabilidad fiduciaria. El estudio de Schwab confirma que ese es exactamente el camino que está tomando el sector más maduro del mundo: la IA como copiloto del asesor, no como piloto automático.

La externalización: comprar capacidad en lugar de construirla

Ligado a la productividad y la tecnología, el informe documenta hasta qué punto las firmas RIA han abrazado la externalización. El 85 % externaliza aspectos de tecnología y el 83 % externaliza actividades de cumplimiento normativo (compliance). Otros bloques con alta externalización son el marketing, los recursos humanos, la contabilidad y el back-office.

La lógica vuelve a ser la misma: una firma de asesoramiento debe concentrar su talento escaso y caro en lo que la diferencia — la relación con el cliente y la calidad del asesoramiento — y comprar fuera todo lo que es necesario pero no diferencial. Mantener internamente un departamento de tecnología o de cumplimiento de primer nivel es carísimo y rara vez justificable para una firma de tamaño medio. Externalizarlo permite acceder a una capacidad y una especialización que sería imposible construir internamente, y hacerlo a coste variable.

Para una EAF española, esta es una lección con matices regulatorios importantes. El cumplimiento normativo de una EAF no se puede externalizar al cien por cien — la responsabilidad última ante el supervisor es indelegable. Pero sí se pueden externalizar herramientas, procesos y soporte especializado que eleven el listón de calidad sin disparar la estructura de costes. La pregunta correcta no es "¿lo hacemos dentro o fuera?", sino "¿esto nos diferencia ante el cliente o es simplemente necesario?". Lo diferencial, dentro. Lo necesario pero genérico, fuera.

La consolidación: el sector se compra a sí mismo

Uno de los hilos más potentes del informe es el del crecimiento inorgánico — fusiones, adquisiciones e incorporación de asesores con cartera. El dato de partida: más del 41 % de las firmas ha realizado algún tipo de operación inorgánica en los últimos cinco años (un 19 % ha hecho M&A propiamente dicho y un 23 % ha incorporado al menos un asesor con su libro de clientes). Y mirando hacia delante, la mitad de las firmas del estudio busca activamente oportunidades de crecimiento inorgánico: el 44 % de las firmas de más de 1.000 millones busca comprar otra RIA.

Cuando se pregunta a las firmas por qué persiguen estrategias inorgánicas, las razones son reveladoras:

Gráfico 6 (Charles Schwab): razones que aducen las firmas para perseguir estrategias de crecimiento inorgánico, porcentaje de firmas que cita cada motivo. Gráfico 6 (Charles Schwab): la principal razón para crecer de forma inorgánica es aumentar AUM, ingresos y clientes (92 %), seguida de adquirir talento (67 %) y crear escala (59 %); resolver la sucesión aparece citado por el 37 %. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

El crecimiento puro encabeza la lista, como era de esperar, pero los dos motivos siguientes son los verdaderamente estructurales: adquirir talento (67 %) y crear escala (59 %). El sector tiene un problema de capacidad — no hay suficientes asesores cualificados para el ritmo de crecimiento — y comprar firmas es una forma de comprar equipos ya formados. Y la escala importa porque permite amortizar la inversión en tecnología, cumplimiento y operaciones sobre una base de activos mayor.

Hay un cuarto motivo que merece atención especial: el 37 % menciona resolver la sucesión como razón para vender o fusionarse. Esto apunta a una bomba de relojería demográfica del sector: una generación de fundadores de firmas RIA se acerca a la jubilación sin un plan de sucesión claro, y la venta a un consolidador es a menudo la única salida líquida para su patrimonio empresarial. El estudio lo confirma en otro punto: menos de la mitad de las firmas tiene un plan de sucesión escrito, salvo las top, donde la cifra sube al 71 %.

¿Y funciona el crecimiento inorgánico? El estudio ofrece una respuesta matizada. Las firmas que han hecho operaciones inorgánicas crecen algo más que las que no: un CAGR de AUM a cinco años del 14,8 % frente al 11,2 %, de ingresos del 14,2 % frente al 11,1 %, y de clientes del 8,0 % frente al 5,3 %. Son múltiplos de en torno a 1,3-1,5x — positivos, pero muy lejos de la brecha de 2x-3x que separa a las firmas top del resto. Esta es una observación crucial: el crecimiento inorgánico ayuda, pero no es la palanca que convierte a una firma mediocre en excelente. La excelencia se construye orgánicamente, con servicio y retención; la adquisición la amplifica, pero no la sustituye. Comprar firmas no arregla un modelo de negocio defectuoso, solo lo hace más grande.

El informe también desnuda una debilidad estructural del sector que conecta con la consolidación: la planificación de la sucesión. Solo el 43 % de las firmas pequeñas tiene un plan de sucesión escrito, frente al 67 % de las grandes y el 82 % de las top. Y con los planes estratégicos pasa lo mismo: del 53 % en las pequeñas al 71 % en las top. La paradoja es evidente — las firmas que más necesitarían un plan de sucesión (las pequeñas, a menudo dependientes de un fundador) son precisamente las que menos lo tienen. Esa carencia es el combustible de la ola de M&A: cuando llega la jubilación sin plan, vender se convierte en la única salida.

Para el sector de las EAF en España, este es probablemente el capítulo más profético. El mercado español de asesoramiento independiente está mucho menos consolidado, pero las fuerzas que empujan la consolidación en EE.UU. — necesidad de escala para absorber costes regulatorios y tecnológicos crecientes, escasez de talento, problema de sucesión de los fundadores — operan exactamente igual aquí. Es razonable esperar que la próxima década traiga una ola de consolidación al sector EAF español. Saber esto con antelación permite elegir el papel que uno quiere jugar: comprador, vendedor, o firma lo bastante sólida e independiente como para no necesitar ni lo uno ni lo otro. Y la lección sobre la sucesión es universal: una firma que aspira a ser duradera necesita un plan escrito de continuidad, no por trámite, sino porque la confianza del cliente se construye también sobre la certeza de que la firma le sobrevivirá a su asesor de referencia.

La rentabilidad y la concentración: el 80/20 del asesoramiento

El informe dedica un análisis muy fino a la rentabilidad de la base de clientes, y produce uno de los gráficos más instructivos de todo el documento: la comparación entre cómo se distribuyen los clientes por tamaño de relación y cómo se distribuyen los ingresos.

Gráfico 7 (Charles Schwab): porcentaje de clientes frente a porcentaje estimado de ingresos, ambos distribuidos por tamaño de la relación patrimonial. Gráfico 7 (Charles Schwab): los clientes de menos de un millón de dólares son el 53 % de la base pero solo aportan el 19 % de los ingresos, mientras que los de más de 10 millones, apenas el 5 % de los clientes, generan el 25 % de los ingresos. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Este gráfico es la ley de Pareto hecha datos. El 53 % de los clientes — los de menos de un millón — aporta solo el 19 % de los ingresos. En el otro extremo, el 5 % de los clientes (los de más de 10 millones) genera el 25 % de los ingresos, y el 6 % de clientes (de 5 a 10 millones) aporta otro 14 %. Es decir, el 11 % de los clientes de mayor patrimonio genera el 39 % de los ingresos, casi tanto como la mitad de la base con poco patrimonio.

La conclusión de Schwab — y es correcta — es que alinear los ingresos con el coste de servir es esencial para construir un negocio rentable. El problema oculto de esta distribución es que el coste de servir no es proporcional a la facturación: un cliente de 500.000 euros puede requerir tanto o más tiempo de servicio que uno de cinco millones, pero genera una décima parte de los ingresos. Sin una estrategia clara de segmentación, las firmas acaban subvencionando a los clientes pequeños con los grandes, erosionando el margen.

De ahí que el estudio insista en la segmentación de clientes como herramienta de rentabilidad: solo el 29 % de las firmas pequeñas tiene una estrategia de segmentación formal, frente al 55 % de las top. Las firmas excelentes definen explícitamente qué nivel de servicio corresponde a cada segmento y lo entregan de forma consistente y eficiente. No tratan a todos igual — tratan a cada uno según lo que la economía de la relación permite.

Este es un terreno donde una EAF debe tener una posición clara y honesta. No se trata de despreciar al cliente pequeño, sino de diseñar un modelo de servicio sostenible para cada perfil. En BISSAN trabajamos con un esquema de clases que vincula el nivel de patrimonio y de servicio de forma transparente — precisamente para que cada cliente reciba la atención que su situación requiere y para que el modelo sea económicamente viable a largo plazo, que es la única forma de poder seguir sirviendo bien a todos.

La captación de clientes nuevos: cinco años de máximos

Si el crecimiento orgánico es el motor, la captación de clientes nuevos es uno de sus dos cilindros (el otro, ya lo vimos, es captar más de los existentes). Y aquí el informe trae buenas noticias: todas las categorías de firmas alcanzaron máximos de cinco años en activos captados de clientes nuevos en 2024.

Gráfico 8 (Charles Schwab): activos captados de clientes nuevos, en millones de dólares, evolución de 2020 a 2024 por tipo de firma (Top Performing Firms vs resto). Gráfico 8 (Charles Schwab): las firmas de más de 250 millones captaron 34,3 millones de dólares de clientes nuevos en 2024 y las Top Performing Firms 49,2 millones, ambas en máximos del quinquenio; las firmas top captaron 2,5 veces más que el resto. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Las firmas top captaron 49,2 millones de dólares de clientes nuevos en 2024, frente a los 20 millones de las demás — el múltiplo de 2,5x que ya aparecía en la tabla de comparación. Pero el dato más valioso no está en cuánto captaron, sino en de dónde vino. El estudio descompone el crecimiento de activos de clientes nuevos por fuente y encuentra que, para las firmas top, el motor son las referencias de clientes existentes y de centros de influencia (los COI — contables, abogados, banqueros que recomiendan a la firma), más el marketing. Las firmas top obtienen 2,1 veces más crecimiento de fuentes orgánicas que el resto.

La conclusión es contundente y, otra vez, contraintuitiva para quien viene del mundo bancario: el mejor canal de captación no es la publicidad ni la fuerza de ventas, son las recomendaciones. Un cliente satisfecho que recomienda, o un contable que confía en ti lo suficiente como para enviarte a sus clientes, vale más que cualquier campaña. Y sin embargo — aquí está el hallazgo accionable — menos de la mitad de las firmas documenta un plan formal de referencias. La mayoría deja la mayor fuente de crecimiento al azar. Las firmas que sí formalizan un plan de referencias generan 1,4 veces más clientes nuevos por esa vía.

El estudio profundiza en cómo se sistematizan esas referencias. Las firmas que documentan un plan de referencias para clientes existentes generan 1,4 veces más clientes nuevos y 1,2 veces más activos por esa vía; las que documentan un plan para socios de negocio (los COI), 1,4 veces más clientes y 1,5 veces más activos. Y las tácticas concretas que mejor funcionan son sorprendentemente sencillas: la número uno, con diferencia, es simplemente hacer saber a los clientes que las referencias son bienvenidas (el 85 % de las firmas top lo hace). La segunda, asegurarse de que los clientes conocen el perfil de cliente ideal de la firma, para que recomienden al tipo de persona adecuado. No hace falta artificio; hace falta intención y constancia.

Con los centros de influencia — contables, abogados, banqueros — la lógica es parecida pero el horizonte temporal más largo. El estudio señala que la firma mediana trabaja con un COI durante un año antes de recibir la primera referencia cualificada y colabora con siete COI distintos. La paciencia es parte del modelo: las relaciones profesionales que generan negocio recurrente se cultivan a fuego lento. La táctica más eficaz aquí es identificar bien los COI que encajan con la firma y concentrarse en esas relaciones, en lugar de dispersarse.

El informe no ignora el canal digital, pero lo pone en su sitio. El marketing digital fue efectivo generando contactos (leads) — el email, los podcasts, los blogs y la publicidad online generaron leads para muchas firmas — y el 20 % de las firmas ya usa IA para crear contenido de marketing digital de forma más eficiente. Las firmas han ido mejorando sus webs para captar leads, incorporando formularios de captura, optimización para buscadores (SEO) y diseño orientado al cliente ideal. Pero el dato que pone todo en perspectiva es el de la conversión: la tasa mediana de cierre de leads fue del 50 % en las firmas que la miden. El embudo digital alimenta, pero la conversión sigue siendo un proceso humano de confianza. La tecnología trae el contacto; la relación lo convierte en cliente.

Para una EAF, el mensaje es directo: la captación de calidad nace de la reputación y de las relaciones, no del ruido. Y la reputación se construye sirviendo extraordinariamente bien a los clientes que ya tienes — que vuelve a cerrar el círculo del 97 % de retención y del 3,8x de captación de existentes. El canal digital es un complemento útil para hacerse encontrar y para alimentar el embudo, pero el motor sigue siendo el boca a boca de clientes satisfechos y la red de profesionales que confían en ti. Todo en este informe apunta a lo mismo: haz un trabajo excelente, y el crecimiento viene como consecuencia, no como objetivo perseguido a empujones.

El talento: el activo más escaso

El cuarto pilar del marco de Schwab — tras planificación, valor para el cliente y excelencia operativa — son las personas. Y el estudio es rotundo: el talento es la restricción que determinará quién crece y quién no en la próxima década. Casi el 80 % de las firmas contrató personal en 2024 y el 74 % planea contratar en 2025. Reclutar personal es la segunda prioridad estratégica del sector, solo por detrás de captar clientes.

Gráfico 9 (Charles Schwab): porcentaje de firmas que planean contratar en 2025 y proyección de necesidades de talento del sector a cinco años. Gráfico 9 (Charles Schwab): el 74 % de las firmas planea contratar en 2025; la firma mediana necesitará incorporar 4 nuevos roles en cinco años y el sector en conjunto más de 70.000 nuevos empleados, sin contar la rotación ni las jubilaciones. Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

El número agregado es espectacular: el sector RIA estadounidense necesitará contratar más de 70.000 personas en cinco años solo para sostener su ritmo de crecimiento — y eso sin contar las jubilaciones, la rotación natural ni las firmas de nueva creación. Es una escasez estructural de talento que explica buena parte de la presión consolidadora que veíamos antes: comprar una firma es, en parte, comprar un equipo que no podrías reclutar de otro modo.

Frente a esa escasez, las firmas han descubierto que retener talento es tan importante como atraerlo. Y aquí el estudio introduce un concepto que está calando con fuerza: la propuesta de valor para el empleado (EVP) — el conjunto de cosas que la firma ofrece a su gente a cambio del talento que aporta. Casi un 10 % más de firmas tiene una EVP documentada que hace tres años, y el 58 % de las firmas top la tiene formalizada.

Gráfico 10 (Charles Schwab): elementos que las firmas incluyen en su propuesta de valor para el empleado, comparativa entre Top Performing Firms y el resto. Gráfico 10 (Charles Schwab): un entorno de trabajo atractivo (91 % en las top) y las recompensas económicas más allá del salario base (90 %) encabezan la propuesta de valor al empleado, por delante del énfasis en el trabajo en equipo y el reconocimiento (89 %), la misión y la cultura definidas (83 %) y las oportunidades de carrera (80 %). Fuente: Charles Schwab — Insights from the 2025 RIA Benchmarking Study (Jul 2025).

Lo que destaca de esta lista es que el dinero no está solo en lo alto. El elemento número uno es un entorno de trabajo atractivo, y compiten muy cerca la misión y cultura definidas, las oportunidades de carrera, el énfasis en el trabajo en equipo y el reconocimiento. La retribución económica más allá del salario importa, pero el talento de este sector — profesionales cualificados, a menudo con vocación fiduciaria — se queda por una combinación de propósito, cultura y desarrollo, no solo por la nómina.

El estudio detalla cómo las firmas desarrollan y retienen a su gente más allá de la propuesta de valor formal. El 67 % de las firmas ofrece coaching o mentoría, el 44 % promocionó a algún miembro del equipo en 2024 y el 77 % ofrece una trayectoria de carrera con oportunidades de progresión. En un sector donde el talento es la restricción crítica, dar a los profesionales un camino claro de crecimiento dentro de la firma es la mejor defensa contra la fuga hacia la competencia o hacia la creación de su propia firma. Un asesor que ve futuro donde está no busca futuro en otra parte.

Y un detalle que cierra el círculo de la cultura: las firmas top recogen feedback del personal de forma mucho más sistemática (94 % frente a 86 %). Los canales son la encuesta interna online (90 % en las top), las reuniones individuales y los buzones de sugerencias. Igual que con los clientes, la consistencia en escuchar — y actuar sobre lo que se escucha — es lo que distingue a las firmas que retienen talento de las que lo ven marchar. La simetría es notable: las firmas excelentes tratan a sus empleados con la misma disciplina de escucha con la que tratan a sus clientes. Y no es casualidad — un equipo que se siente escuchado y valorado es precisamente el que entrega ese 97 % de retención de clientes. Los dos sistemas, el del cliente y el del empleado, se retroalimentan.

Para una EAF, donde el equipo es pequeño y cada incorporación es crítica, esta es quizá la lección más importante del informe. En una firma de cinco, diez o veinte personas, no hay donde esconder una mala contratación ni un mal ambiente. La cultura no es un adorno de recursos humanos; es la infraestructura sobre la que se construye la calidad del servicio al cliente. Un equipo cohesionado, con propósito y bien tratado, atiende mejor a los clientes — y los clientes bien atendidos se quedan y recomiendan. Todo el sistema está conectado.

La lectura de Maya

Hemos recorrido el informe entero. Toca ahora la parte en la que decimos qué nos creemos, qué matizamos y qué nos llevamos a casa.

Lo que nos creemos sin reservas. El núcleo del estudio es sólido y coincide con nuestra experiencia: el asesoramiento independiente es un modelo de negocio extraordinariamente robusto cuando se hace bien, y "bien" se mide por el crecimiento orgánico y la retención, no por el AUM bruto. El 97 % de retención durante una década no es marketing; es la firma de que un cliente bien asesorado no tiene incentivo alguno para marcharse. Y la separación entre la élite y la media —2x, 3x, 3,8x en las métricas que importan— confirma algo que vemos cada día: en este oficio, la diferencia entre hacerlo aceptablemente y hacerlo de forma excelente no es marginal, es de otro orden de magnitud. No hay término medio cómodo.

Lo que matizamos. Conviene recordar de dónde viene este documento. Lo publica Charles Schwab, que es el custodio, el proveedor de la infraestructura sobre la que operan estas firmas. Es un estudio magnífico y honesto en sus datos, pero tiene un sesgo natural hacia la narrativa que conviene a su negocio: cuanto más crecen y se profesionalizan las RIA, más activos custodia Schwab y más servicios les vende. La insistencia en la externalización, en la tecnología, en la escala y en la consolidación encaja con un sector que empuja a sus clientes hacia herramientas y modelos que, casualmente, Schwab está bien posicionado para proveer. No invalida ni un solo dato — los números son los números — pero conviene leer las recomendaciones con conciencia de quién las hace. Como siempre, separamos el dato del relato.

Un segundo matiz, importante para no copiar acríticamente: el mercado estadounidense no es el español. Las escalas son incomparables — una firma "pequeña" en este estudio gestiona cientos de millones de dólares —, el marco regulatorio es distinto, y la cultura financiera del cliente medio norteamericano lleva décadas de ventaja en la aceptación del asesoramiento de pago. Trasplantar conclusiones sin adaptarlas sería un error. Lo que sí viaja, y viaja muy bien, son las dinámicas de fondo: la primacía del crecimiento orgánico sobre el efecto mercado, la productividad como cuello de botella, la consolidación impulsada por la sucesión y la escala, y el talento como restricción crítica. Eso es universal.

Lo que nos llevamos a casa. Cuatro ideas concretas.

Primera: medir el crecimiento orgánico, no el bruto. Es trivial sentirse exitoso cuando la bolsa hace el trabajo. La pregunta que de verdad importa es cuánto dinero nuevo neto entró este año descontando mercado, y cuánto de él vino de clientes que ya teníamos. Es el termómetro honesto del negocio.

Segunda: la productividad bien entendida no es recortar, es reinvertir. Las firmas top automatizan lo administrativo para dedicar más tiempo al cliente, no menos. Esa es exactamente nuestra filosofía con la tecnología y la IA: liberar al asesor de la burocracia para que haga aquello que ninguna máquina hará — entender a una familia, su patrimonio y sus miedos. La decisión de inversión, siempre humana y verificada; los datos del cliente, siempre tratados con el máximo cuidado.

Tercera: la consolidación viene también para España, y conviene verla llegar. Las mismas fuerzas que la empujan en EE.UU. — escala, talento, sucesión, costes regulatorios crecientes — operan aquí. Una EAF debe decidir con la cabeza fría qué papel quiere jugar, y la mejor posición negociadora siempre es la de la firma que no necesita vender ni comprar porque su negocio orgánico es sano por sí mismo.

Y cuarta, la que lo sostiene todo: la calidad del servicio al cliente no es una consecuencia del éxito, es su causa. Retención del 97 %, captación 3,8x de clientes existentes, crecimiento por recomendación, equipos que se quedan por la cultura — todo en este informe apunta al mismo sitio. Haz un trabajo excelente, de verdad excelente, para las familias que confían en ti, y el crecimiento llega solo, como subproducto, no como objetivo perseguido a base de campañas. Es la única estrategia de crecimiento que no se agota nunca. Y es, modestamente, la que llevamos años practicando.