Hay una vieja paradoja en la inversión: los sectores que peor lo hacen durante un año son, a veces, los que mejor recompensan al inversor paciente en la década siguiente. Es justamente la tesis que defienden Tom Hancock, Hassan Chowdhry y James Mendelson, del equipo de Focused Equity de GMO, en su nota de enero de 2026 Quality Opportunities in Healthcare. Su punto de partida es incómodo pero claro: la sanidad fue el sector con peor comportamiento del S&P 500 en el último año, entre el 30 de septiembre de 2024 y el 30 de septiembre de 2025. Y aun así, sostienen, rara vez ha sido tan atractiva para un inversor de calidad.
La idea de fondo no es contrarianismo por sistema, sino una lectura de desajuste entre fundamentales y sentimiento. La innovación sigue fuerte, las tendencias demográficas empujan a favor y las valoraciones han caído a niveles que GMO considera baratos. Cuando esas tres cosas coinciden con un mercado escéptico, suele aparecer una oportunidad.
Dolor a corto, promesa a largo
El primer argumento de GMO es que el mal año reciente contrasta con una década excelente. La sanidad ha sido uno de los sectores más sólidos de los últimos diez años, superando de forma consistente el crecimiento de beneficios tanto en Estados Unidos como en el conjunto de los mercados desarrollados.
Figura 1. El sector salud ha entregado un crecimiento consistente — Fuente: Worldscope, GMO.
El gráfico de crecimiento acumulado de beneficios reales (índice de BPA real en escala logarítmica base 2, desde 1989) muestra a la salud por encima del mercado estadounidense durante prácticamente todo el periodo: la línea del sector llega a un nivel próximo a 3,5 frente a algo menos de 3,0 del mercado hacia 2024. El panel de la derecha, centrado en los últimos diez años, confirma la ventaja: el crecimiento de la salud se sitúa en el entorno del 6% anual frente a un 5,5% aproximado del mercado estadounidense. La distancia parece pequeña, pero compuesta a lo largo de una década marca diferencia.
¿De dónde sale ese crecimiento? Según GMO, más de la mitad del avance de la salud en los últimos años se atribuye a tres frentes: oncología, terapias GLP-1 y vacunas. Y por debajo de todo eso está la demografía, que en este sector funciona casi como una ley física: poblaciones que envejecen y un acceso creciente en mercados emergentes sostienen la demanda de forma estructural.
La valoración se ha comprimido
Si los fundamentales acompañan, ¿por qué el castigo? Porque el mercado se ha vuelto cada vez más escéptico. Y ahí está el segundo pilar de la tesis: las valoraciones se han comprimido hasta niveles que GMO considera atractivos en relación con el mercado.
Figura 2. Las valoraciones de la salud se han comprimido frente al mercado — Fuente: Worldscope, IBES, GMO.
El panel izquierdo mide la valoración relativa del sector frente al mercado estadounidense, construida sobre una métrica compuesta de PER (últimos doce meses), PER (próximos doce meses), precio/beneficios normalizados, precio/ventas, precio/flujo de caja y rentabilidad por dividendo. La lectura es elocuente: la salud llegó a cotizar con una prima cercana al +50% sobre el mercado a comienzos del periodo y hoy lo hace con un descuento del orden del -38%. Es decir, ha pasado de cara a barata en términos relativos.
El panel derecho añade contexto con el PER absoluto del sector en EE. UU. desde 1988. Tras alcanzar máximos próximos a 33 veces beneficios alrededor del cambio de siglo, el múltiplo se ha replegado hasta el entorno de 18 veces. No es un suelo histórico absoluto, pero sí un nivel que, combinado con el descuento relativo, sustenta el argumento de que el pesimismo ya está en el precio.
GMO recuerda que, en su experiencia, estos divorcios entre fundamentales y sentimiento han recompensado históricamente al inversor paciente. Es una afirmación que conviene leer con la cabeza fría: «históricamente» no es «siempre», y un sector barato puede seguir barato durante años. Pero la lógica es coherente con la filosofía de calidad de la casa.
Tendencias que no se apagan
El tercer bloque de la nota refuerza el carácter estructural de la demanda. El gasto sanitario como porcentaje del PIB lleva décadas creciendo y no da señales de revertir.
Figura 3. Las tendencias de fondo siguen siendo fuertes — Fuente: Peterson-KFF Health System Tracker.
El dato que GMO destaca es contundente: en Estados Unidos, el gasto sanitario ha pasado de en torno al 6% del PIB a alrededor del 16% en los últimos cincuenta años, y el conjunto de países de la OCDE prácticamente lo ha duplicado en ese mismo plazo. El gráfico muestra la línea estadounidense despegándose del resto, con un repunte puntual cerca del 20% en torno a 2020, mientras los demás desarrollados se agrupan en la franja del 11-12%. Innovación, demografía favorable y crecimiento global sostienen ese ascenso.
Dentro de ese marco, GMO señala bolsas concretas de oportunidad. Los fármacos GLP-1 —dominados por Eli Lilly y Novo Nordisk— apuntan a un mercado que podría superar los 100.000-150.000 millones de dólares, impulsado por los tratamientos para la diabetes y la obesidad. Las empresas que dan soporte a las grandes farmacéuticas —herramientas para ciencias de la vida, organizaciones de investigación por contrato (CRO) y bioprocesos— son también áreas de crecimiento secular, beneficiadas por el mayor gasto en I+D y el giro hacia los biológicos.
Las herramientas de ciencias de la vida, en mínimos del ciclo
Es precisamente en ese segmento de proveedores donde GMO ve uno de los puntos de entrada más interesantes. El auge ligado al COVID y la posterior normalización del gasto en I+D provocaron acumulación de inventarios y dudas sobre los pipelines, hasta desembocar en lo que parece un suelo cíclico.
Figura 4. Herramientas de ciencias de la vida: ganadoras de I+D en mínimos del ciclo — Fuente: IQVIA, Bloomberg, GMO.
El gráfico compara el crecimiento orgánico de las herramientas de ciencias de la vida con el gasto de desarrollo de las farmacéuticas (variación interanual) entre 2012 y 2024. La forma del ciclo salta a la vista: tras años de crecimientos moderados de un dígito, el gasto farmacéutico se dispara hasta cerca del 16-17% en 2020 y el crecimiento de las herramientas alcanza máximos próximos al 17% en 2021. A partir de ahí, el desplome es brusco: para 2023 y 2024 las barras de crecimiento orgánico de las herramientas prácticamente desaparecen, mientras el gasto farmacéutico se enfría hasta el entorno del 4% y del 1-2%. Esa caída es, para GMO, la firma de un trough cíclico, no de un deterioro estructural.
Cronometrar estos puntos de inflexión es siempre arriesgado —la propia nota lo reconoce—, pero la lectura de GMO es que el entorno actual permite comprar compañías sólidas a precios de mínimo de ciclo.
Riesgos: más ruido que mordida
GMO no ignora los frentes abiertos. El riesgo regulatorio en torno a precios de medicamentos y fabricación ha pesado sobre el sentimiento, alimentado por la retórica política y la incertidumbre normativa. El acuerdo de finales de septiembre entre la administración estadounidense y Pfizer, según la nota, ha ayudado a estabilizar el sector.
A ello se suma el temor a los patent cliffs: compañías como Merck y Johnson & Johnson afrontan vencimientos importantes de patentes (Keytruda, Stelara). GMO matiza que estas empresas tienen estrategias para reponer sus pipelines vía nuevos desarrollos y adquisiciones, de modo que la caída de ingresos podría ser menos severa de lo temido; además, los múltiplos bajos a los que cotizan ofrecen cierta protección frente al riesgo a la baja. La gestora resume su postura sobre el riesgo político y de patentes con una frase que es casi un titular: más ladrido que mordida.
La salud también está bien posicionada para beneficiarse de la inteligencia artificial, sobre todo en procesamiento de reclamaciones, diagnóstico y descubrimiento de fármacos, donde puede impulsar eficiencia e innovación.
La lectura de Maya Corp
La conclusión de GMO es nítida: las preocupaciones sobre precios de medicamentos, aranceles y financiación pública no van a desaparecer, pero ya están más que reflejadas en las valoraciones, mientras los motores de largo plazo —innovación, demografía y adopción de IA— siguen firmemente en su sitio. Dentro de su estrategia Quality, la salud es la segunda mayor asignación.
Conviene leer esta nota por lo que es: la visión de una gestora con una estrategia de calidad concreta y un sesgo declarado hacia el sector. Eso no la invalida —el armazón de datos es serio—, pero sí obliga al lector a separar el diagnóstico de la recomendación. El diagnóstico es robusto: un sector castigado a corto, con fundamentales y demografía a favor, cuyas valoraciones relativas han pasado de prima a descuento. La conclusión inversora, en cambio, depende de que el suelo cíclico de las herramientas de ciencias de la vida sea realmente un suelo y de que el riesgo regulatorio resulte, efectivamente, más ruido que daño. Ninguna de esas dos cosas está garantizada, y la propia GMO admite la dificultad de acertar el momento.
Para el inversor con horizonte largo, el mensaje aprovechable no es «compre salud», sino algo más sobrio: cuando un sector con buenos fundamentales se vuelve barato porque el mercado deja de creer en él, merece la pena mirar dos veces antes de descartarlo.
