Cada diciembre, las grandes gestoras de activos despliegan su carta a los Reyes Magos del año siguiente. La mayoría son ejercicios de marketing dorado. El 2026 Investment Outlook de Brookfield merece más atención que la media, no porque acierte siempre —nadie lo hace—, sino porque el gestor canadiense es uno de los mayores propietarios de activos reales del mundo y, cuando habla de infraestructuras, energía o inmobiliario, lo hace desde dentro de los balances, no desde una hoja de cálculo.

En la carta de apertura, el consejero delegado Bruce Flatt resume la tesis en una frase que sirve de columna vertebral a todo el documento: el mundo está atravesado por tres fuerzas estructurales —digitalización, descarbonización y desglobalización, las "tres D"— que ya no son megatendencias separadas, sino los cimientos convergentes del crecimiento global. Veamos qué significa eso para cada clase de activo, con la cautela de siempre: esto es el relato del vendedor, y conviene leerlo como tal.

Infraestructuras: un superciclo alimentado por la IA

La pieza más contundente del informe es la de infraestructuras, y no por casualidad. Brookfield habla de un "superciclo" en el que las necesidades de inversión global superarían los 100 billones de dólares de aquí a 2040, a medida que la propia definición de infraestructura se ensancha más allá de carreteras y redes eléctricas hacia los ecosistemas digitales e industriales.

El detonante inmediato es la inteligencia artificial. El gestor la describe como la próxima tecnología de propósito general —al nivel de la electricidad o internet— y cifra en 7 billones de dólares la inversión en infraestructura necesaria a lo largo de la cadena de valor de la IA para capturar hasta 10 billones en ganancias de productividad durante la década. Centros de datos —o "fábricas de IA"—, generación dedicada de energía, GPUs, fabricación de semiconductores y redes de fibra forman ese nuevo perímetro.

Los números de capacidad son llamativos. Construir un centro de datos hyperscale exige más de 10 millones de dólares por megavatio, y la infraestructura de cómputo en su interior puede superar los 30 millones por megavatio. La siguiente figura ilustra el cuello de botella físico: el capex de los grandes operadores de la nube se dispara mientras los chips de IA devoran cada vez más potencia.

Gráfico de barras del capex de los hyperscalers y la densidad de potencia por rack de los chips Figure 1: Hyperscaler Capex Soars as Chips Require More Power — el gasto de capital salta de ~270 B$ en 2024 a ~400 B$ en 2025F y ~1.000 B$ proyectados en 2030F, con cargas de IA que consumen ~10x más potencia por rack (Brookfield, fuentes IoT Analytics y Nvidia, 2025).

La consecuencia directa es la energía. Brookfield recuerda que más del 70% de las líneas de transmisión globales tienen más de 25 años y que la inversión anual en red deberá superar los 600.000 millones de dólares en 2030. De ahí su apuesta por modernización de redes, programas regulados de capex con retornos indexados a inflación y un enfoque "any-and-all" —gas, nuclear, eólica, solar y almacenamiento a la vez— que es, en realidad, el hilo conductor de todo el informe energético.

Conviene un apunte de método aquí. Que Brookfield prediga un superciclo de infraestructuras es coherente con su negocio: gana dinero desplegando capital en estos activos. El sesgo es evidente. Pero la tesis de fondo —que la electricidad se ha convertido en la restricción operativa del crecimiento económico— está respaldada por datos de terceros (BloombergNEF, IEA) y resulta difícil de rebatir. Lo que el inversor debe filtrar es el salto de "esta tendencia es real" a "por tanto conviene comprar este fondo".

Energía: la electricidad como prioridad estratégica

El capítulo de energías renovables y transición, firmado por Connor Teskey, refuerza la idea. La frase que vertebra la sección —"tenemos todas las tecnologías que necesitamos para satisfacer la creciente demanda de energía; la restricción actual es escalar la inversión y el desarrollo con suficiente rapidez"— traslada el problema del qué al cuánto y a qué velocidad.

Los datos centrales: la inversión global en energía alcanzaría los 3,3 billones de dólares en 2025, con más del 60% dirigido a renovables, almacenamiento y optimización de red. Y el motor de demanda que más crece es el de los centros de datos, como muestra la siguiente figura.

Gráfico de crecimiento de la demanda eléctrica global por uso, 2025-2050 Figure 3: Data Centers Are the Fastest-Growing Demand Driver — la demanda eléctrica global pasa de 760 a 20.000 (000' TWh) entre 2025 y 2050, con los centros de datos creciendo a un 17% anual proyectado (Brookfield, fuente BloombergNEF).

Brookfield apunta dato relevante: cuatro hyperscalers —Amazon, Google, Microsoft y Meta— concentran ya cerca del 90% de la contratación global de energía limpia para centros de datos, y BloombergNEF proyecta que la demanda eléctrica de los centros de datos estadounidenses llegue a 106 GW en 2035, un 36% más que su estimación de apenas siete meses antes. El coste de las baterías ha caído alrededor de un 95% desde 2016, lo que las convierte en pieza central del sistema. Y la nuclear vuelve al primer plano: el gobierno de EE. UU. ha fijado como prioridad iniciar la construcción de 10 nuevos reactores en 2030 y anunció una inversión mínima de 80.000 millones con Westinghouse —compañía propiedad de Brookfield desde 2017—. Otro recordatorio de que el informe describe, también, su propia cartera.

Private equity: del financial engineering a la excelencia operativa

Aquí está, a mi juicio, el mensaje más honesto del documento. Anuj Ranjan, CEO de private equity, reconoce que durante la última década la industria creció apalancándose en deuda barata y beneficiándose de la expansión de múltiplos, "una tendencia insostenible". Muchos gestores que compraron a valoraciones elevadas hace años están atrapados con compañías que valen menos de lo que pagaron.

El dato que mejor captura el cambio de régimen es aritmético. Una operación con un tipo del 5% y un loan-to-value del 70% requería un crecimiento de beneficios del 4-5% para generar un 20% de TIR. Con los tipos actuales, una operación al 7,5% y LTV del 55% exige casi el doble —un 8,4%— para lograr ese mismo 20%. La conclusión de Brookfield: las operaciones marginales que dependen de la ingeniería financiera tenderán a decepcionar; la mejora de márgenes operativos sustituye a la expansión de múltiplos como fuente de retorno.

A esto suma un diagnóstico de exceso de oferta de gestores: el número de firmas se ha triplicado en relación con el capital captado, generando un desequilibrio de 3 a 1 entre objetivos de fundraising y capital disponible. Brookfield anticipa que los próximos 24 a 36 meses marcarán la fase más aguda de consolidación, especialmente entre gestores de mid-market. Resiliencia, reset y resurgimiento, resume Ranjan. La parte de "resurgimiento" se apoya en la transformación industrial: compañías infravaloradas por falta de modernización, reshoring de cadenas de suministro y digitalización liderada por IA. La narrativa encaja con las tres D, aunque, como siempre, presupone que Brookfield está entre los pocos gestores con la escala y disciplina operativa para capturarlo.

Inmobiliario y crédito: la liquidez vuelve, la disciplina manda

En inmobiliario, Lowell Baron dibuja 2026 como el año en que los inversores "ágiles" pasan a modo táctico tras la reapertura de 2025. El argumento descansa sobre el crédito: la emisión de CMBS en EE. UU. va camino de superar los 120.000 millones de dólares en 2025, el nivel más alto desde 2007. Brookfield destaca vivienda (impulsada por millennials y baby boomers), logística y centros de datos, y hospitality como sectores favorecidos. La parte demográfica es interesante por concreta: más de 15 millones de baby boomers entrarán en el tramo de 70-85 años en los próximos cinco años, lo que tensiona la oferta de senior housing —que en 2030 cubriría menos de un tercio de la demanda proyectada—, mientras que el precio de la vivienda en EE. UU. ha subido un 87% desde 2016, empujando la demanda hacia el alquiler y la vivienda prefabricada. Un detalle ilustrativo de la convergencia entre clases de activo: en una operación reciente vendieron una parcela logística a un comprador que buscaba acceso a energía y suelo para un campus de centros de datos, a un precio 1,5 veces la valoración del suelo logístico. La misma fuerza —la electricidad— reordena el valor del suelo.

El capítulo de crédito, de Craig Noble, es el más prudente. Reconoce que los diferenciales se están comprimiendo y que han aparecido titulares sobre estrés puntual en crédito privado, aunque "no vemos evidencia de una ola sistémica de impagos". Su tesis para 2026: dispersión creciente de retornos y disciplina en la suscripción. El argumento más sólido lo aporta la deuda de infraestructuras, cuya defensa visual es esta figura.

Figure 10: tasas de impago y recuperación (recoveries) acumuladas de infraestructuras frente a corporativas Figure 10: Strong Underlying Assets Can Result in Lower Defaults and Higher Recoveries — las infraestructuras muestran impagos acumulados de 0,5% a 1 año y 3,8% a 10 años, frente a 2,2% y 14,3% en corporativas no financieras, con recuperaciones del 99,8% al 91,2% (Brookfield, fuente Moody's, 1983-2022).

La diferencia es notable: a diez años, la tasa de impago acumulada de las infraestructuras (3,8%) es menos de un tercio de la de las corporativas no financieras (14,3%), y las tasas de recuperación rondan el 99%. Es el mejor argumento técnico del informe para la asignación a deuda de activos reales, con la salvedad —que Brookfield no subraya— de que esos datos de Moody's abarcan 1983-2022 y el ciclo actual de IA y tipos altos no tiene precedente histórico directo. Noble añade dos cifras que enmarcan la oportunidad de refinanciación: unos 1,9 billones de dólares en préstamos vencen en los próximos dos años, y los préstamos originados en 2025 se sitúan unos 150 puntos básicos por encima de los que vencen en esa ventana. Es decir, deuda que habrá que renovar a tipos más altos, lo que abre espacio a prestamistas alternativos en un mercado de hipoteca comercial de más de 8 billones de dólares.

Lectura desde BISSAN

El informe es, ante todo, un mapa de las tres D bien construido y respaldado por fuentes externas serias. Su valor para nosotros no es la recomendación —Brookfield vende sus propios vehículos— sino el diagnóstico: la electricidad como restricción del crecimiento, el fin del apalancamiento barato como atajo en private equity y el atractivo defensivo de la deuda de infraestructuras son ideas con sustancia. Los activos alternativos siguen siendo una pieza legítima en carteras patrimoniales bien diversificadas, siempre que se entiendan su iliquidez, sus comisiones y el riesgo de comprar el relato del gestor junto con el activo. Conviene quedarse con la tesis estructural y aplicar el escepticismo de rigor a cada salto desde "la tendencia es real" hasta "por tanto, invierta aquí".