Capital Group es una de las mayores gestoras del mundo y una de las más reacias a las predicciones de titular. Su perspectiva para 2026, subtitulada "una visión de largo plazo sobre mercados y economías", encaja con ese carácter: en lugar de una apuesta única, propone un cambio de marco. El mensaje, repetido desde la primera página, es el de una transición "hacia un conjunto de oportunidades más amplio y equilibrado", lo que en la práctica significa invertir a la vez en Estados Unidos y fuera, en crecimiento y en valor, en tendencias cíclicas y seculares, y en acciones y bonos. Es, en el fondo, una defensa de la diversificación, y vale la pena seguir el razonamiento porque está bien construido. No es un documento de apuestas tácticas, sino de marcos: Capital Group, que administra el ahorro de millones de partícipes a través de sus fondos, escribe para quien invierte a años vista, no a trimestres.
Resiliencia y convergencia
El diagnóstico económico se resume en una palabra: resiliencia. Tras un 2025 de incertidumbre y crecimiento ralentizado, Capital Group espera una mayor estabilidad en 2026, con potencial de reaceleración en la segunda mitad del año a medida que se aclare el panorama comercial —Estados Unidos ha cerrado acuerdos con muchos países y los aranceles han terminado asentándose en niveles bastante más bajos de lo que se temió en abril—. La novedad más interesante es la convergencia entre las dos orillas del Atlántico: mientras Estados Unidos se desacelera, Europa resurge gracias al gasto fiscal, los mayores presupuestos de defensa y una divisa favorable.
Las cifras de su equipo de análisis (Capital Strategy Research) son deliberadamente más prudentes que el consenso en crecimiento —un 2,3%-2,5% mundial frente al 3,1% del consenso, un 1,6%-2,2% en Estados Unidos y un 1,4% en Europa— pero más altas en inflación, que sitúan en el 3%-3,3% frente al 2,6% esperado por el mercado. Coincide con casi todos en una cosa: el dólar se debilitará a medida que bajen los tipos estadounidenses. Y discrepa en otra, con un giro que llama la atención. Mientras medio mundo descuenta recortes, la economista de Europa de la casa, Beth Beckett, lanza una hipótesis a contracorriente: que el aflojamiento fiscal alemán reavive la inflación lo suficiente como para que el Banco Central Europeo se convierta en "un outlier en 2026, subiendo tipos mientras muchos otros bancos centrales los bajan". En un año en que casi todos los pronósticos apuntan en la misma dirección, una previsión así obliga a prestar atención.
Conviene recordar de dónde venimos. En abril, el presidente Trump desató en su "Día de la Liberación" los aranceles más altos en casi un siglo contra todos los socios comerciales de Estados Unidos; las bolsas se hundieron primero y se recuperaron después con una fuerza notable. Que el panorama arancelario se haya aclarado y asentado en niveles más bajos es, para Capital Group, una de las claves del nuevo año: "la imagen más nítida sobre los aranceles debería liberar a las empresas para tomar decisiones de inversión, como relocalizar cadenas de suministro", explica el economista Jared Franz. En Asia, China muestra signos de estabilización y Japón debería retomar la senda de la reflación —más crecimiento y más inflación— en la segunda mitad del año.
El estímulo global como motor
El segundo gran tema es el dinero público. Ante el frenazo del crecimiento y las barreras comerciales, los gobiernos están desplegando estímulos ambiciosos.
Figura 1. Estímulo fiscal alemán y compromisos de defensa de la OTAN — Fuente: Capital Group; OTAN. Datos a 30 de noviembre de 2025.
En Estados Unidos, una Reserva Federal acomodaticia abarata el crédito —un viento de cola para la vivienda y la construcción— y la One Big Beautiful Bill busca potenciar la manufactura. Pero el cambio más profundo está en Europa: Alemania ha enterrado su disciplina fiscal con un paquete de 500.000 millones de euros para infraestructura y defensa, equivalente a cerca del 12% de su PIB, que la casa considera potencialmente "transformador". A ello se suma el compromiso de los aliados de la OTAN de elevar el gasto en defensa hacia un nuevo objetivo del 5% del PIB para 2035. Capital Group lo aterriza, fiel a su estilo, en compañías concretas que podrían beneficiarse —de la cementera Heidelberg Materials al fabricante de armas Rheinmetall, pasando por Northrop Grumman o Rolls-Royce—, y recuerda que Japón, Corea y China empujan en la misma dirección con reformas y estímulos. Es un mundo que, tras una década de austeridad, ha vuelto a abrir el grifo del gasto. El matiz que añade Capital Group es que ese gasto no es neutral para la inflación: el mismo estímulo que impulsa el crecimiento europeo es el que podría empujar al BCE a ir a contracorriente. Crecimiento e inflación, una vez más, viajan de la mano.
El relevo de los 'Siete Magníficos'
En bolsa, la tesis central es el ensanchamiento del mercado.
Figura 2. El mercado se ensancha más allá de las grandes tecnológicas — Fuente: Capital Group, Standard & Poor's, MSCI. Datos a 30 de noviembre de 2025.
Después de años en que un puñado de tecnológicas estadounidenses lo dominaba todo, 2025 marcó un punto de inflexión: los mercados de fuera de Estados Unidos batieron a los 'Siete Magníficos', con el MSCI Europe subiendo un 30,3%, el MSCI EM un 29,7% y el MSCI Japan un 23,9% frente al 22,1% de media del grupo estrella —y todos por encima del 17,8% del S&P 500—. Y, dentro del propio S&P 500, casi el 60% de los valores cotizan ya por encima de su media de 200 sesiones, frente a apenas un 17,3% en el mínimo del 'Día de la Liberación' de abril: la subida ha dejado de depender de cuatro nombres. Eso no significa que la casa reniegue de la inteligencia artificial —dedica varias páginas a las tres grandes áreas de inversión del boom y a qué compañías podrían beneficiarse a largo plazo—, pero sí que la mira con perspectiva. Distingue, de hecho, distintos frentes en la construcción de la IA, desde la infraestructura física hasta las aplicaciones, y advierte de que los ganadores de la próxima década no tienen por qué ser los mismos que hoy ocupan las portadas. Ante la inevitable pregunta de si estamos en una burbuja, su respuesta es matizada: si la hay, está más en la euforia de algunos rincones del mercado que en los fundamentales de los líderes, y conviene recordar que los largos mercados alcistas se atascan periódicamente. De ahí su reivindicación, nada casual, del papel estabilizador de los dividendos en una cartera de acciones.
Hay además un argumento de fundamentales. Si 2025 fue el año en que la incertidumbre arancelaria nubló las previsiones de beneficios, 2026 podría ser el de su recuperación: el consenso de beneficios para el nuevo ejercicio mejora, en buena parte por la caída de los tipos de interés. Pero la casa no esconde los riesgos. El principal es la valoración: la mayoría de las bolsas del mundo han encadenado fuertes subidas y cotizan caras, lo que aconseja prepararse para posibles correcciones. Es la tensión de siempre entre un entorno que mejora y unos precios que ya descuentan buena parte de esa mejora.
El regreso de los bonos
Si hay un mensaje que Capital Group quiere subrayar, es que la renta fija ha vuelto a ser interesante.
Figura 3. El argumento de los bonos: rentabilidad inicial y protección frente a caídas — Fuente: Capital Group, Bloomberg, S&P. Datos a 30 de noviembre de 2025.
El argumento es doble. Por un lado, las rentabilidades de partida son hoy lo bastante altas como para anticipar retornos razonables a varios años vista, según la conocida relación histórica entre el cupón inicial y el rendimiento futuro de un índice de deuda. Por otro, los bonos han recuperado su papel de contrapeso: cuando las acciones caen, suelen aportar equilibrio a la cartera —con la excepción notable de los episodios de inflación muy alta, como el de 2022—. Sobre esa base, la casa despliega un menú: la deuda a corto plazo, antes ignorada, recobra atractivo a medida que caen los tipos del mercado monetario; el crédito corporativo ofrece rendimientos atractivos pero exige una selección muy cuidadosa, porque los diferenciales, ya comprimidos, dejan poco margen al error; y los bonos municipales estadounidenses, tras un año difícil marcado por una oferta récord que hundió los precios, podrían ser "la historia de recuperación de 2026", con una rara oportunidad de renta exenta de impuestos. El telón de fondo ayuda: a medida que la Fed relaja la política monetaria y se afianzan ciertas políticas pro-crecimiento —desregulación incluida—, los grandes sectores del crédito podrían beneficiarse, con unos fundamentales corporativos estables y un endeudamiento manejable. La advertencia, eso sí, se repite en cada página: con los diferenciales tan ajustados, la selección de cada emisión es lo que marcará la diferencia.
La síntesis del informe es, en realidad, una sola idea repetida en cada clase de activo: el mundo pasa de un mercado dominado por unos pocos ganadores a otro más ancho, más repartido y, por tanto, más propicio a la diversificación. Para un inversor de largo plazo, es un marco tranquilizador y exigente a la vez. Tranquilizador porque amplía el menú de oportunidades más allá de la única apuesta que ha funcionado en los últimos años. Exigente porque obliga a hacer lo que la concentración había vuelto innecesario: repartir el riesgo entre geografías, estilos y clases de activo, y volver a tratar los bonos no como un lastre, sino como lo que vuelven a ser —una fuente de renta y un seguro—. En un sector adicto a las grandes apuestas, que una de las mayores gestoras del mundo dedique su informe anual a defender el sentido común —diversificar en lugar de concentrarse— dice bastante sobre el punto del ciclo en que nos encontramos.
