Si uno se deja guiar por los titulares del día, siempre encontrará motivos para mirar la renta variable con recelo: guerras en Oriente Medio y en Ucrania, un precio del petróleo que sube y baja, una inflación que no termina de marcharse... Y, sin embargo, en lo que va de 2026 los mercados de acciones han ido encadenando un máximo tras otro. ¿Cómo se explica esa aparente contradicción? Capital Group, en su informe de mitad de año firmado por Chris Buchbinder, Mark Casey, Rob Lovelace y Steve Watson (4 de junio de 2026), lo resume en una idea que comparto: lo que sostiene a los mercados no es el estado de ánimo, sino los beneficios empresariales.

De hecho, ese es el hilo que recorre todo el documento. «Cuando miro el mercado hacia adelante, el elemento clave es este sostén de unos beneficios empresariales sólidos —dice Rob Lovelace (presidente de Capital International y gestor del New Perspective Fund)—. Este crecimiento lleva tres años siendo evidente y no parece que vaya a frenarse.» Y los números acompañan la tesis.

El consenso de analistas que recoge Capital Group apunta a un crecimiento de beneficios robusto y, sobretodo, global. Para 2026 se espera que los beneficios por acción crezcan un 23,0% en Estados Unidos (S&P 500), un 14,6% en Europa (MSCI Europe) y un 11,1% en Japón (MSCI Japan). Pero el dato que más llama la atención está en los mercados emergentes: un 49,2% estimado (MSCI Emerging Markets), frente al 16,2% del año anterior. Incluso China, tantas veces dada por muerta, pasaría de un exiguo 2,9% a un 5,2%. Es decir: la fortaleza de los beneficios no es un fenómeno exclusivamente americano, por más que Wall Street acapare las portadas.

Capital Group (pág. 2): crecimiento anual estimado de beneficios por acción (consenso de analistas) para 2025 (azul oscuro) y 2026 (azul claro) en cinco índices. EE.UU. (S&P 500): 13,0% y 23,0%. Europa (MSCI Europe): 13,1% y 14,6%. Japón (MSCI Japan): 6,3% y 11,1%. Mercados emergentes (MSCI EM): 16,2% y 49,2%. China (MSCI China): 2,9% y 5,2%. Beneficios en USD; estimaciones a 31 de mayo de 2026.

A partir de aquí, el informe se ordena en torno a tres temas de renta variable para la segunda mitad del año. Vale la pena repasarlos con calma.

1. La IA sigue a toda máquina

El primer tema es el más comentado y, aun así, el que más cuesta dimensionar. Cinco grandes hiperescaladores —Amazon, Alphabet, Meta, Microsoft y Oracle— se han comprometido a invertir 650.000 millones de dólares este año en centros de datos. No es una cifra cualquiera: «Estas inversiones las lideran algunas de las compañías más rentables que ha visto el mundo —apunta el gestor Mark Casey—. Mientras la tecnología siga avanzando, espero que sigan invirtiendo.»

Y aquí el informe desliza un dato que da vértigo: la inversión global en infraestructura de IA y productos relacionados podría alcanzar los 30 billones de dólares en la próxima década, eclipsando el boom industrial chino de comienzos de los 2000 (considerado por muchos el mayor de la historia moderna). Aquel boom reconfiguró el comercio mundial, los mercados laborales y la política. Si la analogía es acertada, la IA sería mucho más que «un sector»: sería una fuerza que atraviesa toda la economía.

¿Significa eso que hay que comprar cualquier cosa con la etiqueta de «IA»? En absoluto, y el propio informe lo advierte. Todo ese gasto se ha traducido en una demanda disparada de fabricantes de semiconductores avanzados (NVIDIA, Broadcom), fundiciones como TSMC y compañías de redes como Cisco. Pero, como la tecnología avanza tan rápido y el despliegue se prolongará años, el epicentro de la demanda puede ir desplazándose de un proveedor a otro. Por ello, insiste Casey, la inversión selectiva es esencial. Traducido a nuestro terreno: el tema puede ser bueno y la acción concreta, mala. No es lo mismo.

2. La grandeza también vive fuera de Estados Unidos

El segundo tema es, para mí, el más interesante desde el punto de vista del patrimonio. ¿Creíamos que la historia de la IA era coto exclusivo de los gigantes tecnológicos estadounidenses? Pues bien, no del todo. Igual que los «Siete Magníficos» han liderado el mercado americano, siete compañías juegan un papel clave en la revolución de la IA dentro de los emergentes: TSMC, Samsung Electronics y SK hynix son nombres conocidos, pero MediaTek y Delta Electronics también reclaman su sitio, y Tencent y Alibaba tienen acceso al mayor mercado del mundo operando en China. Capital Group los bautiza como los «Siete Emergentes».

Capital Group (pág. 4): dispersión de los «Siete Magníficos» estadounidenses (azul oscuro) frente a los «Siete Emergentes» (azul claro). Eje vertical: capitalización de mercado en miles de millones de USD (hasta 5.000); eje horizontal: PER estimado a 12 meses (de ~10 a 60). NVIDIA encabeza por capitalización (arriba del todo), seguida de Alphabet, Apple, Microsoft y Amazon; Meta y Taiwan Semiconductor Manufacturing quedan más abajo. Samsung Electronics, SK hynix, Tencent y Alibaba cotizan con PER inferior a 20x, mientras MediaTek y Delta Electronics aparecen a la derecha, con PER cercanos a 50x. Tesla queda fuera del gráfico (PER a 12 meses de 220x). Datos a 31 de mayo de 2026.

El gráfico de dispersión ordena bien las ideas. En el eje vertical, la capitalización de mercado (en miles de millones de dólares, hasta 5.000); en el horizontal, el PER estimado a doce meses. Los Siete Magníficos (azul oscuro) se agrupan arriba: NVIDIA encabeza por capitalización, seguida de Alphabet, Apple, Microsoft y Amazon (Tesla se queda fuera del gráfico, con un PER a doce meses de 220x). Los Siete Emergentes (azul claro) se sitúan más abajo: son compañías más pequeñas. En valoración, la mayoría —Samsung, SK hynix, Tencent, Alibaba— cotiza por debajo de 20x, aunque conviene matizar que MediaTek y Delta Electronics aparecen a la derecha del gráfico, con múltiplos cercanos a 50x. No todo lo «emergente» es barato, así pues.

Estos siete valores suponen el 33% del índice MSCI de mercados emergentes y, según Capital Group, generan expectativas de crecimiento de beneficios superiores a las del S&P 500 con valoraciones, de media, más contenidas. «Muchos líderes globales de su industria se encuentran hoy fuera de Estados Unidos», recuerda Steve Watson (gestor del Capital Group International Core Equity ETF), que cita como ejemplos a Airbus, ASML, AstraZeneca o Safran. El informe enmarca todo esto en un rally de los mercados no estadounidenses (emergentes y desarrollados) que arrancó en 2025 y que se apoya en tres patas: valoraciones atractivas, un dólar débil y beneficios sólidos.

Y aquí sí me permito una lectura personal. Después de más de una década de aplastante superioridad de la bolsa americana, cuesta imaginar que el liderazgo pueda cambiar de manos. Desgraciadamente, la memoria del inversor es corta y tiende a extrapolar el pasado reciente hacia el infinito. No afirmo que Estados Unidos vaya a quedarse atrás —sería temerario—, pero sí creo que pagar valoraciones más razonables por un crecimiento comparable, fuera de las fronteras americanas, es una de esas asimetrías que a un inversor de largo plazo le conviene mirar con atención. La diversificación geográfica no es un adorno: es una forma de no depender de que una sola historia siga saliendo bien.

3. La economía física enseña los músculos

El tercer tema es el que más me gusta, quizás por lo contraintuitivo. La IA puede ser el gran motor de los mercados —la capitalización de NVIDIA, ella sola, ha superado a la de tres sectores enteros del S&P 500—, pero ignorar a las compañías de la «economía física» sería un error.

Capital Group (pág. 5): capitalización de mercado en billones de USD. NVIDIA, en solitario, alcanza 5,1 billones, por encima de los 4,6 billones que suman tres sectores enteros del S&P 500: Materiales (Linde, Newmont, Freeport-McMoRan y 23 compañías más), Utilities (NextEra Energy, Constellation Energy, Southern Company y 28 más) y Energía (ExxonMobil, Chevron, ConocoPhillips y 18 más). Datos a 31 de mayo de 2026.

La imagen es tan sencilla como contundente: NVIDIA, en solitario, vale 5,1 billones de dólares, por encima de los 4,6 billones que suman tres sectores completos del S&P 500 (Materiales, Utilities y Energía, con sus decenas de compañías cada uno). Pensémoslo un momento: una sola empresa pesa más que centenares. ¿Extraordinario? Lo es. ¿Sostenible eternamente? El tiempo dirá.

Lo interesante es que la propia IA no funciona sin esa economía física. La demanda de acero, cobre, servicios de construcción pesada y equipos de generación eléctrica se ha disparado para sostener el despliegue de centros de datos. Capital Group pone un ejemplo concreto: las ventas de la división de construcción de Caterpillar subieron un 38% en el primer trimestre, y la compañía declaró una cartera de pedidos de 62.700 millones de dólares en equipos de generación eléctrica. «Las compañías de picos y palas —tanto la cadena de suministro de semiconductores como los desarrolladores de infraestructura— son donde veo la oportunidad más clara», dice Chris Buchbinder (gestor del Capital Group Dividend Value ETF).

Otras empresas resultan atractivas justamente porque es improbable que la IA las perturbe. «Pensemos en Royal Caribbean —explica Buchbinder—. No veo a la IA sustituyendo los cruceros.» O el fabricante de motores a reacción GE Aerospace, que entró en el año con una cartera de pedidos de 190.000 millones de dólares, empujada por la demanda de viajes y el mayor gasto en defensa. Y, para quien esté preocupado por los riesgos, el informe sugiere mirar compañías de la economía física con historial de dividendos: muchas farmacéuticas, por ejemplo, generan un flujo de caja libre saludable que les permite retribuir al accionista mientras refuerzan su cartera de proyectos (el caso de AstraZeneca y sus franquicias de oncología, con nuevos activos dirigidos a la enfermedad cardiaca, las patologías renales crónicas y los trastornos metabólicos).

Y esto, ¿qué significa para tu dinero?

Conviene no perder de vista los riesgos, y el propio informe es honesto al enumerarlos: precios de la energía al alza, una inflación todavía elevada y valoraciones exigentes en determinados sectores. De hecho, la volatilidad que siguió al estallido de la guerra de Irán a finales de febrero es un recordatorio de que cada año trae su propia mezcla de riesgos y oportunidades. La conclusión de Capital Group es sobria y, en el fondo, muy nuestra: mantener carteras bien diversificadas y equilibradas es crucial en cualquier entorno de mercado.

Si tuviera que quedarme con una sola idea de este informe, sería la primera: son los beneficios, y no el humor del mercado, los que explican por qué las acciones siguen en máximos pese a un mundo aparentemente en llamas. Para una familia con horizonte de largo plazo, eso es una buena noticia y, a la vez, una invitación a la prudencia. Buena, porque significa que detrás de los precios hay negocios reales que ganan dinero de verdad. Prudente, porque cuando una sola compañía vale más que tres sectores enteros, la línea entre «gran negocio» y «gran precio» se vuelve fina, y es entonces cuando la diversificación —por geografías, por estilos, por tipo de compañía— deja de ser un tópico para convertirse en la mejor defensa. El resto, permítanme insistir, es sobretodo ruido.