Citi Wealth ha estrenado una nueva plataforma de análisis, The Short and Long, y su primer informe trimestral —el 2026 Q1 Macro Investment View, firmado por la directora de inversiones Kate Moore y su equipo de Chief Investment Office— llega con una idea que va a contracorriente del calendario: empezar el año no significa reordenar la cartera. "No creemos en rotar por el simple hecho de rotar", escriben. La tesis de fondo es que explicar los mercados de ayer es fácil; lo difícil es posicionarse para lo que viene, y eso exige disciplina, datos y resistencia a las narrativas cómodas.
El sesgo que más cuesta detectar: el "narrative fitting"
El informe abre con una advertencia sobre el riesgo más insidioso del inversor: el narrative fitting, esa tendencia a formarse una opinión y luego seleccionar los datos que la confirman sin darse cuenta. El ejemplo que ponen es de plena actualidad: quien cree que la Reserva Federal va a (o debería) bajar tipos se fija en señales de debilidad del mercado laboral —anuncios de despidos— e ignora indicadores más amplios como la recaudación fiscal, la encuesta JOLTS o las peticiones iniciales de subsidio, todos los cuales, a cierre de 2025, seguían apuntando a un mercado laboral razonablemente estable.
La receta de Citi para mantener la objetividad es metodológica: evaluar el mercado a través de cuatro lentes —macro, fundamentales, sentimiento/técnico y valoración— en lugar de apostar por un nivel concreto del índice a final de año. Y recuerdan por qué ese juego de adivinar el "número" es estéril: a principios de 2025 el consenso de estrategas situaba el S&P 500 en 6.600; tras los aranceles de abril lo recortaron a 5.900, para volver a revisarlo cuando el mercado, empujado por la tecnología, demostró su resistencia.
Las posiciones de partida para 2026
Sobre ese armazón, la cartera balanceada de Citi para arrancar 2026 descansa en tres pilares: risk-on equilibrado vía renta variable, con preferencia por EE.UU. y China (dentro de Asia emergente), donde esperan que el crecimiento de beneficios sea el motor de la rentabilidad; exposición estratégica a oro como activo real que equilibra riesgos de fin de ciclo e incertidumbre política; e infraponderación en duración, dada la resiliencia del crecimiento y una senda de política monetaria que ven incierta más que claramente acomodaticia.
La foto de la asignación táctica lo confirma: dentro de una renta fija que baja al 35,4% (desde un 38,1% estratégico), reducen a cero el high yield y recortan la deuda soberana no estadounidense, mientras suben el peso de la gran capitalización estadounidense y abren un 3,7% en materias primas que no existía en la asignación estratégica.
La idea incómoda: las valoraciones altas casi no predicen nada
El bloque más interesante del informe es una defensa frontal contra el reflejo de "vender porque está caro". Citi sostiene que el viejo buy low, sell high funciona mal para la creación de riqueza a largo plazo: muchos de los mejores activos cotizan con prima durante años mientras crecen y componen, y muchos "baratos" siguen baratos durante años por modelos de negocio rotos. Lo cuantifican: quien hubiera invertido los últimos 15 años en los tres sectores del S&P 500 con menor múltiplo a comienzos de cada ejercicio habría quedado por detrás del que comprara los tres de mayor múltiplo casi todos los años, y un 105% acumulado por debajo a cierre de 2025.
Figura 1. Los caros ganan a los baratos: rentabilidad acumulada de los tres sectores de mayor PER (762%) frente a los de menor PER (657%) desde 2010, con un diferencial de 105% — Fuente: Citi Wealth (Factset).
Pero el dato que mejor desactiva el miedo a la valoración es estadístico: el punto de partida del PER forward del S&P 500 tiene una relación casi nula con la rentabilidad del año siguiente, con un R² de apenas 0,03. La capacidad predictiva solo crece con el horizonte: 0,18 a tres años, 0,26 a cinco, 0,40 a siete y 0,78 a diez años. Dicho de otro modo: salvo que necesites el capital en pocos años, mantener una asignación a renta variable de largo plazo ha aumentado históricamente la probabilidad de retornos positivos. Citi lo respalda con el histórico: de las 316 observaciones de rentabilidad a diez años del S&P 500 desde septiembre de 1999, solo 24 fueron negativas —una tasa de acierto del 92,4%, con un 9,5% anualizado de media.
Figura 2. La valoración solo importa a largo plazo: el R² entre PER de partida y rentabilidad futura sube de 0,03 (1 año) a 0,78 (10 años) — Fuente: Citi Wealth (Bloomberg).
Su matiz es importante para no caer en la complacencia: las valoraciones estadounidenses sí están en el 5% superior de los últimos 15 años, casi dos desviaciones típicas por encima de la media. Lo que diferencia este momento de burbujas anteriores, argumentan, es la calidad de los fundamentales —márgenes netos en máximos, con una correlación de 0,74 con la expansión del PER en esos 15 años— y la composición del índice. Para que haya una corrección severa, dicen, los fundamentales tienen que deteriorarse primero: desde 1990, en el 80% de las caídas superiores al 10% en seis meses, las expectativas de beneficios a doce meses ya estaban entrando en terreno negativo.
EE.UU. frente a Europa: beneficios contra múltiplos
El segundo argumento de peso es de composición geográfica. Citi recuerda que en 2025 la bolsa europea batió a la estadounidense, pero por una razón frágil: la subida europea fue casi toda expansión de múltiplos, no crecimiento de beneficios. El contraste es brutal: el crecimiento de beneficios explicó el 88% de la rentabilidad del S&P 500 en 2025, frente a solo el 13% del Stoxx 600.
Figura 3. Rentabilidad total de 2025 por región en USD: Europa (36%), emergentes (34%), Japón (26%), ACWI (24%) y EE.UU. (19%), descompuesta en beneficios, múltiplos, dividendos y divisa — Fuente: Citi Wealth (Factset).
A más largo plazo, Citi ve a Europa lastrada por baja movilidad laboral, vientos demográficos en contra e incentivos débiles a la innovación, lo que se traduce en una productividad estructuralmente estancada. La composición sectorial refuerza el sesgo: sectores "value" —financieras, industriales, energía— suman casi la mitad del índice MSCI Europa, mientras que EE.UU. y China están escorados hacia tecnología y crecimiento. De ahí su sobreponderación estructural a EE.UU.
El reverso de esta tesis es el peso de la tecnología. Citi calcula que el Tech/Comms mega-cap sigue siendo el 53% del crecimiento de beneficios esperado del S&P 500 para 2026 y en torno al 40% de la capitalización del índice. Su conclusión es contundente: si no crees que la gran tecnología puede liderar en 2026, es muy difícil ser alcista con la bolsa. De hecho, en los últimos diez años no ha habido ni un solo caso en que el S&P 500 subiera un 10% interanual a cierre de mes con el sector tecnológico quedándose por detrás del resto.
Macro: resiliencia con vientos de cola en 2026
En el plano macro, el mensaje es constructivo. Pese a aranceles, inflación persistente en el G7 y disrupciones en las cadenas de suministro, el crecimiento global solo se moderó ligeramente en 2025 (2,6% real en los tres primeros trimestres según la estimación ponderada por comercio de la Fed de Dallas, frente al 2,8% de 2024). El índice de estrés de la cadena de suministro del Banco Mundial promedió 1,8 millones de contenedores TEU detenidos en 2025: alto, pero por debajo del pico de 2,2 millones de comienzos de 2022.
Figura 4. El estrés de la cadena de suministro se relaja pero sigue elevado: índice global en millones de TEU detenidos, con pico de ~2,2 en 2022 y 1,8 al cierre — Fuente: Citi Wealth (Haver Analytics y Banco Mundial).
A futuro, Citi ve dos vientos de cola: la política monetaria global virando hacia un terreno más acomodaticio —el tipo real de las economías avanzadas cayó del 1,8% del tercer trimestre de 2024 al 0,5% un año después, con efecto retardado en 2026— y la política fiscal, con devoluciones de impuestos en EE.UU. por la One Big Beautiful Bill Act llegando a los hogares en febrero y marzo. Matizan, eso sí, el relato de que casi todo el crecimiento de 2025 fue IA: el dato de la BEA que excluye equipos de procesamiento de información incluye gastos no relacionados con IA (como dispositivos médicos, que crecieron ~12% anualizado), y el PIB real del tercer trimestre se aceleró al 4,3% incluso con la inversión en centros de datos frenando.
Los riesgos en el radar
Citi no esconde lo que podría romper el guion alcista: una Fed que mantenga tipos altos en el primer trimestre y decepcione a quien espera más recortes; grietas en la narrativa de la IA —retrasos en centros de datos o temores sobre su financiación con deuda—; y un fallo del Tribunal Supremo declarando inconstitucionales los aranceles IEEPA, con la incógnita de si habría que devolver el dinero recaudado. En todos esos escenarios, el oro y los Treasuries reaparecen como estabilizadores.
Lectura desde la mesa
El informe de Citi Wealth es un buen contrapeso a dos tentaciones de cada principio de año: rotar la cartera por inercia de calendario y reducir bolsa solo porque "está cara". Su evidencia sobre el escaso poder predictivo de la valoración a corto plazo es sólida y coincide con lo que defendemos en BISSAN: el horizonte temporal manda, y vender calidad porque el múltiplo asusta suele salir caro. Dicho esto, conviene leer el documento por lo que es —la visión de un gran banco con su propio sesgo hacia EE.UU. y la tecnología— y no como una verdad cerrada: que los beneficios hayan dominado la subida estadounidense no garantiza que vayan a seguir haciéndolo, y la propia concentración del índice en un puñado de valores tecnológicos es a la vez su fortaleza y su mayor riesgo. La disciplina que predica el informe se aplica también a su propia tesis.
Documento analizado: Citi Wealth Chief Investment Office, «The Short and Long — 2026 Q1 Macro Investment View» (diciembre de 2025). Las cifras corresponden al informe original. Este contenido es divulgativo y no constituye recomendación de inversión. Rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras.
