El sector de capital riesgo estadounidense entra en 2026 con una contradicción de fondo: las condiciones macro mejoran —la Reserva Federal ya ha bajado tipos dos veces en el año, hay más de un billón de dólares de dry powder esperando en Estados Unidos y el mercado de crédito vuelve a funcionar a pleno rendimiento— pero el atasco de operaciones acumuladas durante los años de euforia sigue pesando sobre la industria. El informe de PitchBook firmado por Marina Lukatsky, Jinny Choi y Kyle Walters organiza este panorama en cinco previsiones concretas, y la primera marca el tono de todo lo demás: los activos que se acercan a su vencimiento van a salir más despacio que hace cinco años.
El inventario que no se vacía
La frase es deliberadamente incómoda. El capital riesgo es, por diseño, un negocio de comprar, transformar y vender en un plazo finito. Cuando las ventas se ralentizan, el inventario de empresas en cartera envejece y se acumula. Y eso es exactamente lo que está pasando. El inventario de compañías respaldadas por private equity en Estados Unidos ha crecido hasta cerca de 12.900 empresas a cierre del tercer trimestre de 2025. El 30% de esos activos tiene siete años o más, y otro 37% se encuentra ya en las primeras fases de madurez, entre cuatro y seis años. La edad mediana de los activos todavía en cartera ha subido de tres años en 2022 a 3,9 años en 2025: las gestoras retienen sus participadas durante más tiempo porque la ventana de salida sigue gripada.
El dato más revelador es el de las cohortes. PitchBook compara la velocidad a la que cada añada de operaciones ha ido desinvirtiendo. La cohorte de 2017 —que se topó con el frenazo de salidas de 2023 justo en su sexto año de vida, el momento idóneo para monetizar— ha quedado rezagada: cerca del final de su octavo año, el 37,1% sigue en manos de las gestoras, frente a solo el 26,4% de la cohorte de 2012 en idéntico punto del recorrido. Los activos que maduraron durante una recesión de mercado han sido, sencillamente, más difíciles de vender.
Y lo que viene detrás es peor. La cohorte de 2021, el año récord absoluto de operaciones, está saliendo a un ritmo aún más lento. Cuatro años después de la inversión, solo el 16,6% de la cohorte de 2021 había logrado salir, frente al 32,3% de la cohorte de 2017 en el mismo momento. Si se extrapola el ritmo anualizado de salidas de 2025 al resto del ciclo completo de diez años, apenas la mitad de los activos de 2021 estarían liquidados al llegar al décimo año. Es el escenario base si la actividad de desinversión se mantiene plana en lugar de acelerar. Por el lado positivo, la actividad de salidas sí rebotó en 2024 y encara otro año de recuperación en 2025: hasta finales de octubre se habían registrado 1.300 salidas por un agregado de 621.700 millones de dólares (incluyendo estimaciones), frente a 1.369 salidas por 379.600 millones en todo 2024. El valor se recupera más rápido que el número de operaciones, pero la recuperación necesita ensancharse para vaciar el embalse.
La consolidación de gestores se dispara
La segunda previsión apunta a un fenómeno que cualquier inversor en alternativos debería tener muy presente: el capital se está concentrando en cada vez menos manos. PitchBook anticipa que los diez mayores fondos capturarán más del 40% del capital de fundraising del sector. En 2025 ya lo superan con holgura.
Concentración del capital captado: la barra azul oscura (top 10 fondos) alcanza el 45,7% en 2025, frente al 34,5% de 2024. Fuente: PitchBook, US, a 30 de septiembre de 2025.
El 45,7% del capital levantado en lo que va de 2025 corresponde a los diez mayores fondos, frente al 34,5% de 2024. La media de la década anterior era del 39%, y la de los últimos cinco años aún más baja, del 35,8%. El mecanismo es claro: con menos liquidez disponible —porque las salidas flojas y las distribuciones lentas a los partícipes (LPs) ahogan el proceso de formación de capital—, muchos LPs eligen comprometerse con menos gestoras, pero capaces de ofrecer una gama más amplia de estrategias y escala operativa.
Conviene leer la letra pequeña, porque el titular esconde un matiz. Los diez mayores fondos han levantado 118.300 millones de dólares en lo que va de año, por debajo de los 128.500 millones de 2024 y de los 155.000 millones de 2023. Es decir, las megafirmas tampoco son inmunes a las dificultades de captación: su cifra absoluta cae. Lo que ocurre es que el resto del mercado cae todavía más rápido, de modo que su cuota relativa sube. La concentración no nace de un éxito arrollador de los grandes, sino del retroceso de los demás.
El efecto se nota con dureza en el extremo opuesto del mercado. Los gestores experimentados —los que tienen más de tres fondos a sus espaldas— han captado el 88,1% del capital en 2025, frente al 85,2% que tenían en 2021. Y los fondos primerizos lo están pasando especialmente mal: solo 41 fondos first-time han cerrado en lo que va de año, con 8.400 millones de dólares comprometidos, frente a los 83 fondos y 12.200 millones de un año antes. PitchBook estima que 2025 marcará un nuevo mínimo histórico de fondos primerizos, arrebatándole el récord a 2024. Para el inversor que busca diferenciación, ahí queda un apunte: los gestores emergentes y especialistas son hoy una vía infrautilizada de diversificación frente a las grandes firmas.
LBOs de plataforma: el regreso del apalancamiento
La tercera previsión es más optimista. PitchBook espera que los platform LBOs —las compras apalancadas que sirven de base para construir una participada— recuperen una cuota del 25% o más del total de operaciones de private equity en 2026. Hasta octubre de 2025, las compras apalancadas representaban el 21,6% de toda la actividad, apenas 20 puntos básicos por encima del año anterior y muy lejos de la media prepandemia del 28,5%.
¿Qué cambia? El crédito. Con el crédito privado a pleno rendimiento y el mercado de préstamos sindicados (BSL) recuperando impulso, la competencia entre financiadores ha empujado los diferenciales de nueva emisión a sus niveles más bajos desde la crisis financiera global. Los nuevos BSL emitidos para financiar LBOs en el cuarto trimestre promedian un 8% de rentabilidad —el nivel más bajo desde el segundo trimestre de 2022—, 138 puntos básicos más ajustado que hace un año y muy por debajo del casi 11% que se vio durante todo 2023. Con financiación más barata y accesible, los patrocinadores recuperan apetito por el apalancamiento y por subir de tamaño, que es justo donde ocurren las operaciones de plataforma. El propio dato de 2025 lo respalda: los LBOs de plataforma suman 525.300 millones de dólares, la cifra más alta desde el pico de 2021.
Fondos de continuación: el techo de 2025
La cuarta previsión señala un punto de inflexión. Los fondos de continuación —y las salidas secundarias lideradas por el gestor (GP-led) en general— se convirtieron en los últimos años en la válvula de escape de un mercado sin salidas tradicionales: cuando el IPO estaba cerrado y la brecha de valoración entre compradores y vendedores era insalvable, los gestores trasladaban activos a un nuevo vehículo en lugar de vender a la fuerza. Pero PitchBook prevé que el número de salidas vinculadas a fondos de continuación caiga en 2026 por debajo del pico de 2025.
Las salidas secundarias lideradas por el gestor alcanzan 133 operaciones globales en 2025 (a 31 de octubre), récord histórico que ya supera las 124 de todo 2024. Fuente: PitchBook, Global, a 31 de octubre de 2025.
Hasta finales de octubre, PitchBook contabilizaba 133 salidas vinculadas a fondos de continuación a nivel global, ya por encima de las 124 de todo 2024 y un nuevo récord. Incluyendo valores extrapolados para operaciones no divulgadas, suman 80.100 millones de dólares, también récord, con un tamaño mediano de 430 millones por operación. Aun así, siguen siendo una porción modesta del total: el 7,4% del valor de salidas y el 5,1% del número.
El argumento para el techo es coherente con todo lo anterior. A medida que reabren las vías tradicionales —el coste de capital baja, la ventana de IPO se reabre tras el cierre del Gobierno y los diferenciales entre patrocinadores se estrechan—, la demanda de soluciones alternativas de liquidez como los fondos de continuación, los dividend recaps o los préstamos NAV empezará a declinar. PitchBook no anticipa su desaparición: espera más de 100 operaciones en 2026, un nivel todavía elevado, pero sin crecimiento interanual. Los fondos de continuación seguirán teniendo sentido cuando el gestor ve valor adicional por crear en una participada al final de su vida; lo que se reducirá es su uso defensivo, el de no vender en un entorno desfavorable.
El sentimiento: optimismo cauto y la sombra de la IA
La quinta y última previsión recoge el pulso del mercado a través de la primera encuesta de private equity que realiza PitchBook, entre el 15 y el 31 de octubre. El veredicto es de optimismo cauto: el 43% de los encuestados percibe que el sentimiento inversor se ha vuelto ligeramente más arriesgado (risk-on) tras los recortes de tipos, mientras un 46% mantiene una postura neutral. De cara a los próximos seis meses, la mitad de los encuestados identifica la desinversión de participadas como la prioridad número uno —lógico, dado el inventario envejecido—, y el 61% espera que las oportunidades de salida mejoren algo.
El factor que los encuestados señalan abrumadoramente como motor del rendimiento futuro es, de nuevo, la mejora del entorno de salidas: el 43% lo elige, más del doble que los que citan las condiciones macroeconómicas (18%) o un menor coste de capital (17%). Y por sectores, la tecnología encabeza el potencial alcista (34% de los votos), seguida de la energía (25%). La inteligencia artificial aparece de forma recurrente en las respuestas abiertas, con expectativas de que el capital riesgo replique la dinámica vista en venture capital: foco sostenido en oportunidades de IA, infraestructura digital, centros de datos verdes y transición energética.
Pero la IA es también el principal riesgo identificado. El segmento que más preocupa es el B2C (30% de los encuestados), con las empresas de consumo enfrentadas a una tensión financiera creciente y a impagos cercanos a máximos de la década. La tecnología aparece en segundo lugar como riesgo (22%), por la inquietud sobre cómo la rápida adopción de la IA podría desestabilizar los modelos de negocio de las propias participadas. Promesa y amenaza en el mismo sector.
Lectura para el inversor
El hilo conductor de las cinco previsiones es la liquidez. El atasco de salidas explica la presión sobre los partícipes, que a su vez explica la concentración del capital en los grandes fondos, que a su vez explica por qué los gestores recurrieron a los fondos de continuación. La esperanza para 2026 es que la reapertura de las vías tradicionales —IPO, ventas a corporativos, transacciones entre patrocinadores— empiece a desatascar el sistema. La advertencia es que nada de esto está garantizado: si la inflación se muestra pegajosa y frena los recortes de tipos previstos, o si la incertidumbre arancelaria resurge, el embalse de activos envejecidos seguirá creciendo. Para quien invierte en alternativos, la conclusión práctica es doble: vigilar de cerca el ritmo real de distribuciones por encima del relato optimista, y no descartar a los gestores emergentes y especialistas como fuente de diferenciación en un mercado dominado por un puñado de megafirmas.
