El informe anual de previsiones de Realtor.com para 2026, firmado por el equipo de Realtor.com Economic Research que dirige Danielle Hale y publicado el 2 de diciembre de 2025, abre con una frase que resume bien el tono del documento: en 2026 esperan un mercado de vivienda más estable, pero que todavía no arranca a toda velocidad. Después de varios años de tensión extrema —tipos hipotecarios disparados, asequibilidad por los suelos y un volumen de transacciones hundido en mínimos de casi tres décadas—, la lectura del equipo es que el mercado estadounidense entra en una fase de normalización lenta. No es un giro brusco ni un punto de inflexión espectacular: es un deshielo gradual en el que las piezas vuelven poco a poco a su sitio. Para un asesor patrimonial que mira al mayor mercado inmobiliario del mundo como termómetro del ciclo económico y del consumidor estadounidense, conviene leer los matices.
El cuadro de mando: equilibrio que se afianza
El núcleo cuantitativo del informe está en su tabla de previsiones, que compara las cifras esperadas para 2026 con las expectativas de cierre de 2025, el dato histórico de 2024 y la media histórica del periodo 2013-19. Es la fotografía más útil del documento porque permite calibrar cada variable contra su propia normalidad.

La primera variable que salta a la vista es la de los tipos hipotecarios. Realtor.com proyecta una media del 6,3% para el tipo fijo a 30 años a lo largo de 2026, frente al 6,6% de media en 2025. La diferencia parece menor, pero importa: el dato de cierre de 2025 ya estaba en ese entorno del 6,3% tras la relajación de la segunda mitad del año, de modo que la previsión equivale a que el mercado se asienta en el rango bajo del 6% durante todo el ejercicio. El equipo justifica esa estabilidad por un equilibrio de fuerzas: la desaceleración del crecimiento económico y el final del endurecimiento cuantitativo de la Reserva Federal compensan la presión al alza que ejercen el creciente endeudamiento público estadounidense y una inflación que esperan temporal. Lo relevante para el contexto: ese 6,3% sigue estando muy lejos de la media del 4,0% del periodo 2013-19. La nueva normalidad de los tipos hipotecarios no es la antigua.
Precios que suben pero pierden en términos reales
El segundo bloque del informe gira en torno a una paradoja que merece detenerse. Los precios de la vivienda seguirán subiendo en 2026 —un 2,2% para la vivienda típica vendida, sobre el 2% de 2025—, pero esa subida nominal quedará por debajo de una inflación que el equipo espera por encima del 3%. La consecuencia es que el precio real, ajustado por inflación, caerá ligeramente por segundo año consecutivo.
Es una dinámica contraintuitiva pero saludable desde la óptica de la asequibilidad. El precio de etiqueta de las viviendas sigue creciendo —el comprador no percibe que las casas se abaraten—, pero el nivel general de precios y, sobre todo, las rentas crecen más rápido. En la práctica, eso significa que comprar una vivienda exige una porción algo menor de cada nómina. El propio informe lo describe como un proceso de normalización lento que permite a las rentas de los compradores ponerse al día. Para el inversor que sigue el ciclo del consumidor estadounidense, este matiz es valioso: no estamos ante una corrección de precios al estilo 2008, sino ante una erosión real silenciosa que descomprime la burbuja de asequibilidad sin provocar caídas nominales que dañen el balance de los hogares ni el de la banca hipotecaria.
La asequibilidad cruza por fin un umbral simbólico
El dato más comentado del informe es probablemente el de la cuota hipotecaria. Realtor.com prevé que el pago mensual para comprar la vivienda mediana caiga un 1,3% interanual a medida que la moderación de precios y la bajada media de tipos hacen su trabajo. Sería el primer descenso del pago medio anual desde 2020. Y, lo que es más importante en términos narrativos, la cuota mensual descendería hasta el 29,3% de la renta mediana: el primer año por debajo del umbral del 30% de asequibilidad desde 2022, cuando los tipos se dispararon.
El motor de esa mejora no es solo el lado de los costes. El equipo espera un crecimiento de la renta mediana de los hogares superior al 3,6%, que apenas batiría a la inflación pero daría a los compradores más poder adquisitivo real. Conviene no exagerar el alcance: la mejora es modesta y el informe es honesto al reconocerlo. Pero marca un cambio de dirección hacia mejores condiciones para el comprador, especialmente relevante tras tres años en los que la vivienda fue el activo más castigado por el endurecimiento monetario.
Inventario y ventas: la oferta corre más que la demanda
En el lado de la oferta, el informe proyecta un aumento del 8,9% en los anuncios activos durante 2026, tercer año consecutivo de subidas. El ritmo de recuperación, eso sí, se ha ralentizado a medida que el mercado se acerca a sus normas previas a la pandemia. A cierre de año, el inventario nacional seguirá un 12% por debajo de las medias pre-2020, una mejora notable respecto al desfase del 19% en 2025 y de casi el 30% en 2024. El mercado se mantendrá en territorio equilibrado, con una media de 4,6 meses de oferta a lo largo del año.
Las ventas de vivienda usada, en cambio, apenas repuntarán un 1,7% hasta 4,13 millones. Es un avance pequeño pero significativo desde el mínimo de casi 30 años de 2025, y sigue muy por debajo de la normalidad: la media del periodo 2013-19 fue de 5,28 millones. El gran freno estructural sigue siendo el efecto lock-in del tipo hipotecario: con cuatro de cada cinco propietarios con hipoteca disfrutando de un tipo por debajo del 6%, muchos no tienen incentivo alguno para mudarse y refinanciarse a tipos más altos. La rotación seguirá limitada y los movimientos se producirán por necesidades vitales —cambios de trabajo o de familia— más que por oportunidad. Que la oferta crezca más que la demanda inclina el poder de negociación hacia el comprador, pero no resuelve el problema de fondo de la asequibilidad para los más jóvenes y los compradores primerizos.
Alquileres a la baja y una economía que aguanta con tensiones
El informe dedica también espacio al mercado del alquiler, donde la tubería de construcción multifamiliar sigue añadiendo oferta y empujando las rentas a la baja —un -1,0% previsto para 2026, tras el -1,4% de 2025—. La tasa de vacantes se acercará o superará la media de largo plazo del 7,2% del periodo 2013-19. El alivio se concentra en el Sur y el Oeste, en mercados como Las Vegas, Atlanta o Austin, que han registrado las mayores caídas desde sus máximos. En el lado opuesto, mercados densos y caros como Nueva York seguirán planteando serios retos de asequibilidad.
Sobre el telón macroeconómico, el equipo describe una economía estadounidense que sigue creciendo aunque muestra tensiones tras un periodo de ajuste rápido en política comercial, migratoria y fiscal. El crecimiento real volvió a su tendencia tras una fase de expansión por encima de lo normal, y esperan un comportamiento similar en 2026. La inflación, que tocó un mínimo del 2,3% en primavera, repuntó después por el efecto de los aranceles sobre el coste de los bienes. Los riesgos que el informe no minimiza son varios: la incertidumbre fiscal y comercial, el riesgo de error de política de la Fed —en plena transición de liderazgo, con el final del mandato de Jerome Powell en mayo de 2026—, y un mercado laboral que se enfría. Un escenario de recesión plena no es el caso base, pero el equipo advierte de que un mal paso en política o sentimiento podría provocar un retroceso temporal con implicaciones para la vivienda.
La lectura de Maya
Lo que más nos interesa de este informe no es el mercado inmobiliario estadounidense en sí —que en BISSAN no asesoramos como clase de activo directa— sino lo que nos cuenta sobre el ciclo y el consumidor estadounidense, que sí condicionan las carteras globales que construimos. El mensaje central es de normalización ordenada: precios que se moderan sin desplomarse, tipos que se asientan en un rango más alto que el de la década pasada, y una asequibilidad que mejora despacio gracias a que las rentas baten a la inflación. Es la fotografía de una economía que descomprime excesos sin romperse, justo lo contrario del aterrizaje brusco que muchos temían.
Hay tres ideas que conviene retener. La primera es el carácter estructural del nuevo nivel de tipos: un 6,3% hipotecario frente al 4% histórico no es un pico transitorio, es el nuevo suelo. Eso tiene implicaciones para cualquier modelo de valoración de activos de larga duración, no solo para la vivienda. La segunda es la mecánica de la asequibilidad vía inflación: cuando el precio real cae mientras el nominal sube, el ajuste se produce sin daño visible a los balances —ni de los hogares ni de los bancos—, lo que reduce el riesgo sistémico de una corrección. Es la forma menos traumática de purgar una burbuja de precios. La tercera es el efecto lock-in: con cuatro de cada cinco hipotecados por debajo del 6%, la baja rotación del mercado es un freno que persistirá mientras los tipos no bajen sustancialmente, algo que el propio informe no anticipa para 2026.
Para nosotros, el valor del documento es como indicador adelantado. Un mercado de vivienda que se equilibra sin colapsar respalda el escenario de aterrizaje suave que sostiene buena parte del consumo estadounidense. Pero la lista de riesgos que el equipo enumera —error de la Fed, fragilidad fiscal con la resolución presupuestaria venciendo a finales de enero, y un mercado laboral que se enfría por el ajuste vinculado a la inversión en inteligencia artificial— es la misma que vigilamos para el conjunto de las carteras. La vivienda, una vez más, funciona como espejo del ciclo: ni euforia ni pánico, sino una transición lenta que conviene seguir de cerca sin sobrerreaccionar.
