De herramientas que apoyan el trabajo a sistemas que lo ejecutan

La pregunta que Vista Equity Partners coloca en el centro de su Outlook 2026 es desconcertantemente simple: ¿qué papel le queda al software en un mundo donde la inteligencia artificial puede actuar por su cuenta? La firma, uno de los mayores gestores de private equity especializado en software empresarial, reconoce que el capital ha fluido con agresividad hacia los semiconductores, las infraestructuras, los hiperescaladores y las compañías de modelos fundacionales, y que en ciertos círculos se ha consolidado una narrativa según la cual la IA comoditizará o desplazará a las plataformas heredadas de software corporativo.

Vista considera esa narrativa materialmente incompleta. Su tesis, firmada por Monti Saroya y Ashley MacNeill, sostiene que el software no está siendo reemplazado, sino que evoluciona hacia algo más potente: de herramientas que apoyan el trabajo a sistemas que lo ejecutan en nombre de los empleados. No es un matiz semántico. Es, en su lectura, una transformación en cómo las compañías de software crean y capturan valor.

El argumento histórico es el ancla. Cada gran transición tecnológica ha expandido el consumo de software en lugar de contraerlo. El paralelismo que Vista escoge es la llegada de la nube hacia 2014-2020, cuando los múltiplos de las compañías SaaS se comprimieron porque los inversores se preguntaban si plataformas como Amazon Web Services desplazarían a los proveedores tradicionales. Lo que siguió fue una década de expansión: las empresas no abandonaron su software, consumieron más. La nube lo hizo más rápido de desplegar, más fácil de escalar y más profundamente incrustado en la operativa. The pie grew larger for everyone, resume el documento. La tesis de fondo es que la IA agéntica seguirá un arco similar.

La dislocación actual, en perspectiva histórica

Para sostener que la corrección de hoy cabe dentro del rango histórico, Vista recurre a una serie de Morgan Stanley Research sobre el sector software cotizado.

Múltiplos EV/Ventas en pico y valle de las nueve correcciones del software cotizado desde 2014.

El gráfico recoge nueve correcciones desde 2014, cada una con su múltiplo EV/Ventas en pico ("Peak EV/Sales", barra azul oscuro) y en valle ("Trough EV/Sales", barra azul claro), más el porcentaje de caída marcado con un rombo. La corrección más severa fue la de 2021-2022, que llevó el múltiplo de 13,1x a 4,8x, un desplome del 63%. La actual, etiquetada "2025-2026 Downturn", recorta del 6,5x al 4,4x: un 33% de caída. El título del propio gráfico es explícito al situarla: Since 2014, There Have Been Nine Downturns With the Latest Akin to 2014 and 2016 —es decir, comparable a las correcciones de inicio (27% y 26%), no a las extremas. La lectura de Vista: la compresión de hoy es significativa, pero está lejos de ser anómala.

Sobre ese telón histórico, la firma desgrana las preocupaciones que dan forma a la narrativa bajista —disrupción nativa de IA, modelos de ingresos cambiantes, incertidumbre sobre la adopción empresarial— y concede que no son irracionales. Lo que objeta es que se hayan adelantado a la evidencia. El dato que repite como mantra: aproximadamente el 20-40% de los trabajadores usa IA de algún modo, pero solo el 1% de los datos empresariales está incorporado a las soluciones de IA. La integración a gran escala, por tanto, está en sus primeros compases.

Por qué el software puede capturar la tercera ola

La parte más cuantitativa del documento es la proyección de creación de valor de Bain & Company, que Vista usa para argumentar que el software capturará la tercera y mayor ola del ciclo de la IA, igual que ocurrió con los semiconductores, el hardware y, finalmente, el software durante la era del internet móvil.

Valor acumulado proyectado por capas (hardware, infraestructura, software) entre 2023 y 2030, en billones de dólares.

El gráfico, titulado Cumulative Projected AI-Driven Value Creation: $ in Trillions (via Bain), apila tres capas: "Hardware" (azul claro), "AI Infrastructure" (azul oscuro) y "AI-Enabled Software" (verde). En 2023 las tres son minúsculas: 0,9, 0,4 y 0,3 billones de dólares respectivamente. En 2025 ya alcanzan 5,4, 1,9 y 1,3 billones. La proyección a 2030 es la que importa: hardware 5,8 billones, infraestructura 5,2 billones y software habilitado por IA 6,0 billones. Dos llamadas refuerzan el mensaje: Hardware has created $4TN in value since 2023 y Software projected to reach $5-7TN total value by 2030. La capa de software, que arrancó como la más pequeña, termina siendo la mayor.

Dentro de esa oportunidad, Vista aísla las soluciones agénticas como un valor incremental estimado de 3 billones de dólares. La aritmética que ofrece es la siguiente: el valor del trabajo humano global se sitúa entre 50 y 60 billones; de ahí, entre 15 y 20 billones serían direccionables por IA agéntica; y entre el 10% y el 30% de ese valor se acumularía en la capa de software de aplicación. Insiste —con prudencia comercial evidente— en que no es una historia sobre reemplazar trabajadores, sino sobre software que participa directamente en unidades de trabajo repetibles donde la ejecución puede estandarizarse, gobernarse y tarificarse.

Contexto, confianza y escala: el foso del ganador

¿Quién captura ese valor? Vista responde con un marco de tres atributos estructurales que, sostiene, todo proveedor de aplicaciones —veterano o emergente— necesita construir o ganarse: contexto (comprensión profunda de cómo opera una empresa concreta), confianza (que el sistema se comporte de forma predecible y proteja los datos e IP del cliente) y escala (capacidad de desplegar de forma fiable en grandes organizaciones). Juntos forman lo que la firma llama un flywheel of value, un volante de inercia donde el contexto mejora la ejecución, la ejecución fiable acelera la adopción de flujos de mayor valor y la escala sostiene mejores economías de unidad.

La analogía que vertebra el documento es doméstica y eficaz: si una corporación fuese una casa, el software empresarial no sería el mobiliario, sino la instalación eléctrica, la fontanería y el sistema de seguridad. Remove this foundation and operations don't slow down; they stop. Son sistemas que soportan carga —load-bearing—, y por eso no se reemplazan con facilidad sin paralizar la operativa.

Un matiz técnico que Vista subraya con acierto es la distinción entre ejecución determinista y probabilística. Los modelos de IA son probabilísticos por diseño: ante la misma entrada pueden dar respuestas distintas. Pero el software empresarial ha sido históricamente determinista, y debe serlo: cuando un banco procesa una transferencia, el resultado tiene que ser consistente, trazable y explicable el 100% de las veces. El valor desmesurado, argumenta la firma, surge cuando la inteligencia probabilística actúa dentro de sistemas deterministas gobernados por reglas, aprobaciones y marcos de auditoría. Esa combinación es, según Vista, lo que las herramientas de IA aisladas aún no pueden entregar de forma fiable.

De los puestos a los resultados: el giro del modelo de negocio

El núcleo de la tesis de inversión está en cómo cambia el modelo de ingresos. Hoy el software cobra por número de empleados que lo usan; mañana, defiende Vista, podrá cobrar por el trabajo completado —procesar una reclamación, resolver una incidencia de TI—. El techo de ingresos por cliente deja de estar limitado por la plantilla del cliente. Ese es, literalmente, el mecanismo por el que la firma espera que los múltiplos de las compañías "software más IA" acaben superando a los del software tradicional.

A ese vector de crecimiento se le suma uno de costes: las propias compañías de software pueden aplicar IA a su ingeniería y a su soporte para abaratar la construcción y entrega de soluciones, lo que apunta a un perfil de coste estructuralmente superior. El documento es honesto, eso sí, sobre el peaje de corto plazo: los costes de inferencia —el coste de cada vez que el modelo genera una salida— son hoy elevados y escalan con la cantidad de trabajo que el software realiza. La apuesta es que sigan la trayectoria de la nube: caer con la madurez de la infraestructura y la competencia.

El caso de estudio escogido para aterrizar todo esto es Duck Creek Technologies, proveedor del software central de aseguradoras de daños, que ha construido "Uma", una plataforma coordinada de agentes que ejecutan las tareas necesarias para suscribir una póliza dentro de un entorno estructurado y controlado. Vista cifra en más de 60.000 millones de dólares las primas que fluyen anualmente por la plataforma, al servicio de más de 60 grandes aseguradoras globales: su ilustración de qué significan contexto, confianza y escala en la práctica.

La conclusión que Vista buscaba: mercados privados

Toda la arquitectura argumental converge —no por casualidad, tratándose de un fondo de private equity— en una sola conclusión: más del 96% de las compañías de software empresarial son privadas. Los índices cotizados, por tanto, reflejan solo una fracción de la actividad impulsada por la IA en el sector. Las empresas que, según Vista, están construyendo las soluciones agénticas más avanzadas quedan en gran medida fuera de la vista pública. De ahí su corolario: en una transición de esta complejidad, la selección de gestor puede importar tanto como la exposición al activo, y la propiedad privada aporta el capital paciente y la flexibilidad operativa para ejecutar transformaciones plurianuales.

Lo que Maya lee entre líneas

Conviene leer este documento por lo que es: una pieza de marketing intelectual de un gestor de PE de software, no un informe neutral. La cadena lógica está cuidadosamente engrasada para desembocar en "invierta en mercados privados con un gestor experto" —idealmente Vista—. Las cifras de Bain son proyecciones a 2030, inherentemente subjetivas, como el propio descargo legal admite sin rodeos. Y el dato del "96% privado" es de elaboración propia de Vista de 2024.

Dicho esto, la observación de fondo tiene mérito analítico. El desplazamiento del modelo de ingresos —de cobrar por puestos a cobrar por resultados— es una tesis con consecuencias reales para los múltiplos, y la distinción entre inteligencia probabilística y ejecución determinista identifica con precisión por qué el software incrustado en flujos de trabajo críticos no se evapora por la llegada de un modelo de lenguaje. Para un inversor, el matiz operativo es el verdadero filtro: Vista misma admite que no toda compañía hará la transición, y que las de flujos genéricos, datos propietarios escasos y relaciones superficiales con el cliente afrontan riesgo real de desplazamiento. Esa frase —fácil de pasar por alto entre tanto optimismo— es, probablemente, la más honesta del documento.