Cada primavera, Vanguard publica How America Saves, su informe de referencia sobre cómo ahorran para la jubilación los trabajadores estadounidenses a través de los planes de empresa —los famosos 401(k) y sus parientes. No es un outlook de mercado ni un argumentario comercial: es una radiografía estadística construida sobre los datos reales de los planes de aportación definida que administra la propia Vanguard, varios millones de partícipes anónimos. Por eso lo leemos. Pocos documentos describen con esta granularidad qué hace de verdad la gente con su dinero cuando nadie la obliga, y qué cambia cuando el sistema empuja en una dirección.
La edición de 2025, fechada en mayo y subtitulada Data that leads ("datos que guían"), tiene un hilo conductor que se repite hasta la saciedad en sus páginas: la coletilla "máximo histórico". Inscripción automática, planes que dejan entrar de inmediato, partícipes en carteras gestionadas profesionalmente, tasa de aportación, saldos medios… casi todo está en récord. La tesis de fondo, que Vanguard defiende desde hace años, es que ese progreso no viene de que los trabajadores se hayan vuelto de pronto más disciplinados, sino de que el diseño del plan ha cambiado. La arquitectura de decisión —qué pasa por defecto si el empleado no hace nada— se ha convertido en la palanca más poderosa del ahorro de jubilación. Vamos por partes.
El telón de fondo: un mercado que volvió a subir
Antes de mirar el comportamiento del ahorrador conviene situar el año. 2024 fue un buen ejercicio bursátil: las bolsas estadounidenses subieron un 23% y la volatilidad se moderó —solo el 20% de las sesiones registró un cambio de precio de ±1%, frente al 25% de 2023, y ninguna sesión experimentó un movimiento de ±3%.

Esto importa para leer el resto del informe sin engañarse: una parte de los saldos récord de 2024 es mérito del mercado, no del ahorrador. Cuando más adelante veamos que el saldo medio creció un 10% respecto al cierre de 2023, hay que recordar que gran parte de esa subida vino del rebote de las bolsas y de los mercados de renta fija, no de aportaciones nuevas. Es una distinción que en Maya repetimos: el saldo de una cuenta mezcla dos cosas muy distintas —lo que metes y lo que el mercado hace con ello— y conviene no confundir el viento de cola con el remo.
El piloto automático se convirtió en la norma
Aquí está el corazón del informe. En 2024, el 61% de los planes de Vanguard con aportaciones del empleado utilizaban la inscripción automática: el trabajador queda apuntado al plan por defecto, con una tasa de aportación predeterminada, y tiene que hacer un esfuerzo activo para salirse. Hace menos de dos décadas, en 2006 —el año en que la Pension Protection Act dio cobertura legal a la práctica—, esa cifra era del 10%.

La progresión no es un escalón puntual sino una rampa de casi veinte años. Y el detalle más interesante está en cómo se usa: entre los planes que inscriben automáticamente en 2024, el 69% emplea las tres palancas del "autopilot" a la vez —inscriben al empleado, le suben la aportación cada año de forma automática y colocan su dinero en un fondo equilibrado. Otro 3 de cada 10 patrocinadores inscriben y diversifican, pero no suben la tasa automáticamente. La adopción varía por sector: las empresas manufactureras son las más proclives (77% de sus planes la ofrecen) y las de educación y salud, las menos (49%).
El efecto agregado es que la barrera de entrada al ahorro casi ha desaparecido. Un récord del 76% de los planes permite al empleado unirse de inmediato, sin periodos de espera, frente al 66% de 2015.

La consecuencia lógica de inscribir a la gente por defecto es que más gente acaba dentro. La tasa de participación ponderada por plan llegó al 85% en 2024, cuatro puntos por encima de 2015. Vanguard insiste —con razón— en una distinción metodológica clave: la métrica más amplia, la ponderada por partícipe, dibuja una foto distinta porque da más peso a los planes grandes; ahí la participación se sitúa en el 82%. Es un buen recordatorio de que con la misma base de datos se pueden contar historias ligeramente diferentes según cómo se promedie, y de que hay que mirar siempre qué hay debajo del titular.
Cuánto se ahorra: la tasa sube, despacio pero sin pausa
Participar es una cosa; ahorrar lo suficiente, otra. La tasa de aportación media del partícipe alcanzó el 7,7% en 2024, máximo histórico, frente al 7,3% de 2023. La mediana fue del 6,8%.

La distancia persistente entre media (7,7%) y mediana (6,8%) ya avisa de algo que reaparecerá con los saldos: hay una cola de ahorradores muy intensos que tira de la media hacia arriba, mientras el ahorrador típico se queda algo por debajo. Vanguard atribuye la mejora a dos fuerzas combinadas: más planes con inscripción automática que arrancan con tasas de partida más altas, y los aumentos automáticos anuales que van subiendo la aportación sin que el empleado tenga que decidir nada.
¿De dónde viene la subida, exactamente? El informe descompone año a año qué les pasó a las tasas de aportación de los partícipes.

El dato revelador está en la barra de 2024: el 29% de los partícipes vio subir su aportación por el aumento automático, frente a solo un 16% que la subió por decisión propia. Es decir, el motor del ahorro creciente es casi el doble de potente cuando es el sistema el que empuja que cuando depende de la iniciativa individual. La distribución de tasas confirma el desplazamiento: el tramo de ahorradores que apenas aporta (0,1%-3,9%) se ha encogido del 29% de 2015 al 22% en 2024, mientras crece el grueso que aporta entre el 6% y el 10%.
¿Es suficiente? Vanguard ofrece su propia vara de medir: combina la aportación del partícipe con la del empleador y la compara con la tasa total que ella misma recomienda para "ahorrar de forma efectiva" (entre el 9% y el 15% según la renta).

La lectura honesta es de medio vaso: con la aportación combinada de empleado y empresa, una mayoría de partícipes alcanza el umbral de ahorro "efectivo" que fija la casa —el 45% de los partícipes subió su tasa de aportación en 2024, según el resumen ejecutivo—, pero queda una bolsa significativa que no llega. El sistema ha resuelto el problema de participar; el de ahorrar lo suficiente sigue a medias.
Los saldos: el récord que conviene mirar dos veces
Aquí está el número que más titulares genera y el que más matices exige. El saldo medio de una cuenta de Vanguard en 2024 fue de 148.153 dólares. La mediana, en cambio, fue de 38.176 dólares.

La brecha lo dice todo. El saldo medio casi cuadriplica a la mediana, y ese hueco es la verdadera radiografía del ahorro de jubilación estadounidense: unas pocas cuentas muy abultadas —partícipes veteranos, bien pagados y con décadas de aportaciones— estiran la media muy por encima de lo que tiene el ahorrador típico. La mitad de las cuentas guarda menos de 38.176 dólares. Cuando alguien presuma de que "el americano medio tiene casi 150.000 dólares para la jubilación", la respuesta correcta es: la mediana cuenta otra historia. Conviene también fijarse en los baches del gráfico —2018 y 2022, años de mercados a la baja— como recordatorio de que estos saldos respiran al ritmo de las bolsas.
El propio informe lo subraya al desglosar la variación interanual de las cuentas que estuvieron presentes todo el periodo.

Entre los partícipes que mantuvieron su cuenta todo el año, el 93% vio crecer su saldo y la variación mediana fue del 23%. Pero, de nuevo, eso es la suma de aportar y de un mercado alcista: en un año como 2022 esta misma figura tendría un color muy distinto. La virtud del ahorro sistemático no es que evite las caídas, sino que sigue comprando mientras caen.
La gran transformación silenciosa: la cartera gestionada por defecto
Si hubiera que quedarse con un solo cambio estructural de los últimos veinte años, sería este. En 2005, apenas el 9% de los partícipes tenía su dinero en una asignación gestionada profesionalmente —un fondo de fecha objetivo, un fondo equilibrado o una cuenta con asesoramiento gestionado. En 2024 son el 67%, máximo histórico.

El motor de esta revolución es el fondo de fecha objetivo (target-date fund): un único producto que ajusta automáticamente la mezcla entre renta variable y renta fija a medida que el partícipe se acerca a la jubilación. El 98% de los planes lo ofrece y, entre quienes lo usan, el 71% tiene todo su saldo en un solo target-date fund. La consecuencia es profunda: la diversificación dejó de ser una decisión que el ahorrador tomaba —a menudo mal, concentrándose en la acción de su empresa o en el fondo monetario— para convertirse en algo que viene de fábrica.
Vanguard documenta la mejora en la calidad de las carteras: las posiciones extremas en renta variable se han reducido drásticamente. La construcción de cartera del partícipe ha mejorado de forma notable en las dos últimas décadas.

Para nosotros este es el dato más relevante del informe, porque valida una convicción de fondo: la mayor parte del valor que un ahorrador puede capturar no está en acertar con el fondo estrella, sino en tener una asignación sensata, diversificada y mantenida en el tiempo sin manosearla. El "piloto automático" de Vanguard logra precisamente eso para millones de personas que, dejadas a su aire, lo harían peor. Es la diferencia entre la cartera que uno debería tener y la que de verdad acaba teniendo.
Tocar el dinero: préstamos y retiradas, bajo control
Un sistema de ahorro de jubilación solo funciona si el dinero se queda dentro. El informe dedica un bloque a las fugas: préstamos, retiradas por dificultad económica (hardship) y reembolsos al cambiar de empleo.

El cuadro es tranquilizador. El 80% de los planes ofrece préstamos, pero solo el 13% de los partícipes tenía uno vivo a cierre de 2024 —en línea con 2023 y por debajo de los niveles previos a la pandemia—, con un saldo medio en torno a 11.000 dólares. En cuanto a las retiradas por dificultad económica, su uso ha ido subiendo despacio: el 4,8% de los partícipes que podían usarlas lo hizo en 2024, frente al 3,6% de 2023. Es una tendencia que conviene vigilar, porque señala tensión financiera en los hogares, pero todavía afecta a una minoría pequeña.
El otro punto crítico es qué pasa cuando alguien deja la empresa. Aquí la noticia es buena: el 83% de los partícipes que terminaron su relación laboral preservó sus activos para la jubilación —los dejó en el plan, los traspasó a una IRA o al plan del nuevo empleador— y, medido en dinero, el 97% de los activos disponibles para distribución se conservó; solo el 3% se cobró en efectivo. El sistema retiene el ahorro mucho mejor de lo que sugiere la intuición.
El partícipe es cada vez más digital y menos intervencionista
Cierra el informe un retrato del comportamiento del partícipe que confirma la tesis general: la gente cada vez toca menos su cuenta y la consulta más por canales digitales. El 80% de los partícipes estaba registrado para acceder a su cuenta por web, y durante 2024 solo el 5% de los partícipes no jubilados hizo algún movimiento entre sus inversiones; el 95% no realizó ningún cambio.

A lo largo de los últimos quince años, Vanguard observa una caída general de la actividad de trading dentro de los planes —un efecto atribuible, otra vez, a la adopción de los fondos de fecha objetivo, que no invitan a hacer nada. Solo el 1% de los partícipes con un único target-date fund movió ficha en 2024. Quien tiene una cartera bien construida tiene poco que ajustar; el aburrimiento es, en ahorro de jubilación, una virtud.
Lo que nos llevamos a Maya
How America Saves 2025 no es un documento de inversión que podamos trasladar tal cual a una cartera —describe el sistema 401(k) estadounidense, con sus particularidades fiscales y regulatorias que no existen en España—, pero su lección de fondo es universal y conecta de lleno con cómo entendemos el ahorro en BISSAN.
La primera idea es que el diseño vence a la fuerza de voluntad. El salto de la participación, de la tasa de ahorro y de la calidad de las carteras no vino de campañas de educación financiera ni de pedirle al ahorrador que se esforzara más, sino de cambiar lo que ocurre por defecto. Inscribir automáticamente, subir la aportación cada año y poner el dinero en una cartera diversificada de fábrica: tres decisiones de arquitectura que hicieron por el ahorro estadounidense más que dos décadas de buenos consejos.
La segunda es que media y mediana cuentan historias distintas, y quien quiera entender de verdad un dato agregado tiene que mirar las dos. Un saldo medio de 148.153 dólares suena a tranquilidad; una mediana de 38.176 dice que la mitad de los hogares llega muy justo. Desconfiar del promedio es una higiene básica.
Y la tercera, la que más nos toca: la mayor parte del valor para un ahorrador no está en la genialidad táctica, sino en tener una asignación sensata, diversificada y sostenida en el tiempo, y en no tocarla. El sistema que Vanguard radiografía logra eso de forma masiva precisamente porque le quita la decisión al partícipe en los momentos en que tiende a equivocarse. No es una recomendación de producto ni un consejo de inversión: es la confirmación, con datos de millones de cuentas, de que la disciplina y la estructura —no el acierto puntual— son lo que construye un patrimonio para la jubilación.
