Durante años, el problema del inversor en crédito fue de oferta: poca emisión neta, demanda institucional firme y diferenciales en mínimos de varias décadas. En su 2026 Credit Outlook, Apollo argumenta que ese equilibrio se ha dado la vuelta. El título lo dice todo: "de la escasez a la selección, el regreso del mercado del comprador". La idea de fondo es que el crédito entra en un régimen de mayor oferta —empujado por la inteligencia artificial y por el retorno de las grandes fusiones— y que, en ese entorno, el poder de fijación de precios vuelve hacia los prestamistas.
Conviene situar el punto de partida. La economía estadounidense volvió a sorprender al alza en 2025: el PIB del tercer trimestre creció a un ritmo anualizado del 4,3%, el más rápido en dos años, y JPMorgan estima que cerca de un tercio del crecimiento del primer semestre vino de inversión empresarial ligada a infraestructura de IA. Los fundamentales del crédito acompañaron: los emisores de high yield registraron crecimientos de ingresos y de EBITDA del 4% y el 1,7% en los nueve primeros meses del año, y la Fed recortó 75 puntos básicos su tipo de referencia. Con ese telón de fondo, los diferenciales tocaron mínimos de varias décadas: el investment grade llegó a 72 puntos básicos y el high yield a 260.
Lo que cambia, según Apollo, no son los fundamentales sino la parte técnica. Y el motor de ese cambio tiene un nombre.
La IA, primera fuente de oferta de crédito
El argumento central del informe es que la inteligencia artificial se ha convertido en la mayor fuente individual de nueva oferta de crédito. Lo que empezó como una historia de capex autofinanciado entre cinco hyperscalers se ha transformado en un evento de financiación de mercado. El capex de estas compañías se ha multiplicado por 7,2 desde 2023, y las previsiones del sell-side apuntan a más de 2,7 billones de dólares de gasto acumulado entre 2025 y 2029, la mayor parte ligado directamente a infraestructura de IA.
Figura 1. El capex de los hyperscalers se ha multiplicado por 7,2 desde 2023 — Fuente: Apollo (S&P Capital IQ).
La cuestión es de aritmética financiera: el flujo de caja interno no da para sostener semejante ritmo de inversión. Por eso Apollo espera que la deuda —en investment grade público, crédito privado, project finance, inmobiliario comercial y titulizaciones— pase a jugar un papel central. En el último trimestre de 2025 ya se vio el giro: Oracle, Meta, Google y Amazon colocaron emisiones por un total de 90.000 millones de dólares. Oracle captó deuda equivalente a casi el 40% de su guía de capex para el ejercicio 2026; Meta y Alphabet, en torno al 30% y al 20% respectivamente.
El efecto sobre la composición del mercado es lo más llamativo. Apollo calcula que, si los hyperscalers financiaran solo el 20% de su capex de IA a través del mercado de bonos, Amazon pasaría a ser el tercer mayor emisor del índice investment grade, y Meta, Microsoft, Oracle y Google entrarían en el top 10. El caso extremo es Google, que saltaría del puesto 67 al 8.
Figura 2. Cómo la financiación de la IA remodelaría el universo investment grade — Fuente: Apollo (Bloomberg, BofA).
Aquí está el aviso más fino del informe: lo que parece exposición diversificada —publicidad online, servicios cloud, semiconductores, infraestructura de comunicaciones, REITs de centros de datos— puede ser en realidad una única apuesta macro concentrada: largos en IA. Eso eleva el riesgo de correlación y, según Apollo, encarece la diversificación de verdad. De ahí su recomendación de mirar hacia segmentos estructuralmente aislados de la carrera de la IA, como el crédito privado europeo y la financiación deportiva.
El regreso de la megaoperación
El segundo gran tema es la vuelta de las fusiones y adquisiciones a gran escala. El volumen de operaciones en Norteamérica alcanzó los 2,4 billones de dólares en 2025, la cifra más alta desde 2021 y la segunda mayor de la historia. El punto de inflexión llegó en verano, con el acuerdo de Union Pacific para comprar Norfolk Southern por 72.000 millones, y se aceleró en otoño con la compra apalancada de Electronic Arts por 55.000 millones —el mayor LBO de la historia—. En diciembre, las pujas rivales por Warner Bros. Discovery (104.000 millones de Paramount frente a 98.000 de Netflix) confirmaron que el apetito por el tamaño había vuelto.
Apollo atribuye el repunte a una alineación favorable: costes de financiación a la baja —los rendimientos de los préstamos apalancados han caído de más del 10% en 2023 a menos del 8%—, valoraciones razonables fuera de los grandes valores tecnológicos, abundante dry powder del private equity y un entorno regulatorio y antitrust más permisivo. A medida que crece el tamaño de las operaciones, los emisores recurren a estructuras de capital multi-tramo que tocan varios bolsillos del mercado a la vez. El resultado, para Apollo, refuerza la tesis del mercado del comprador: más oferta tanto en investment grade como en financiación apalancada.
Una economía y un crédito en forma de K
El tercer tema es, probablemente, el más útil para entender el ciclo. Apollo lo resume en una frase: el rasgo que define este momento no es un crecimiento débil, sino un crecimiento cada vez más estrecho. Los datos agregados aguantan, pero la fortaleza se concentra en los consumidores de rentas altas y en las grandes empresas expuestas a la IA, mientras crece la presión sobre los hogares y negocios más sensibles a los tipos y a la renta.
La fotografía del consumo es elocuente: el 10% de hogares con mayores ingresos concentra ya el 49,2% del gasto, frente a en torno al 35% a comienzos de los noventa. La expansión depende, cada vez más, del decil superior.
Figura 3. Un consumo estadounidense en forma de K — Fuente: Apollo (Moody's, Reserva Federal).
La divergencia se traslada a los salarios. El crecimiento del salario real de los hogares de rentas bajas se desaceleró hasta cerca del 1,4% interanual en noviembre, frente a aproximadamente un 4,0% en los hogares de rentas altas. Y el gasto sigue el mismo patrón: 0,6% interanual en las rentas bajas frente al 2,6% en las altas. No es debilidad generalizada del consumidor; es dispersión.
Figura 4. Crecimiento salarial por niveles de renta — Fuente: Apollo (Morgan Stanley, Bloomberg).
El mismo fenómeno aparece en el plano corporativo. Las expectativas de beneficio y márgenes se concentran en un grupo estrecho de empresas expuestas a la IA, mientras el resto del índice se queda atrás. Los beneficios estimados para 2026 de las "Siete Magníficas" subieron en torno a un 6% a lo largo del año, mientras las del resto del índice se mantuvieron por debajo de sus niveles de partida. Y en bolsa, las Siete Magníficas subieron un 25% frente al 16% del S&P 493.
Dispersión, no estrés
El matiz que Apollo insiste en marcar es que esta dispersión no equivale a una crisis. Los impagos en crédito apalancado cayeron en 2025: el total de defaults y ejercicios de gestión de pasivo sumó 67.800 millones de dólares, un 19% menos que el año anterior. Los casos sonados —Tricolor, First Brands— los considera idiosincrásicos, de gobernanza y suscripción, no señales de deterioro sistémico.
Lo que sí se observa es una bifurcación creciente por calidad. Los diferenciales agregados de high yield apenas se movieron en 2025, pero los de los emisores CCC se ampliaron con fuerza, subiendo unos 85 puntos básicos, de 550 a 635. Y la dispersión también fue sectorial: el índice de high yield ganó cerca del 8% hasta mediados de diciembre, pero con recorridos muy desiguales. Medios lideró con más del 14%, mientras sectores más cíclicos y expuestos a aranceles —químicas, papel y embalaje— se quedaron por debajo del 5%.
Figura 5. Rendimiento del high yield por sectores en 2025 — Fuente: Apollo (JPMorgan).
Para Apollo, esa dispersión es justamente la mecánica que genera puntos de entrada atractivos para el comprador disciplinado. Cuando el crecimiento es amplio y la liquidez abunda, el capital se fija sin discriminar; cuando se estrecha, el poder vuelve al prestamista.
Lo que conviene retener
El informe es, por encima de todo, un documento de gestora de alternativos que defiende su propio terreno: crédito privado flexible, financiación basada en activos, mandatos que puedan cruzar mercados públicos y privados. Conviene leerlo con esa lente. Dicho esto, las dos ideas que trascienden el interés comercial de Apollo son sólidas y útiles para cualquier inversor: primero, que buena parte de la diversificación aparente en renta fija de calidad puede esconder una misma apuesta concentrada por la IA; segundo, que la dispersión —entre consumidores, entre empresas y entre ratings— es hoy el rasgo dominante del ciclo, por encima de cualquier diagnóstico binario de "fortaleza" o "debilidad".
Apollo también señala con honestidad los dos riesgos que vigilar en 2026: una inflación que se ha mostrado pegajosa, en torno al 3% frente al objetivo del 2% de la Fed, combinada con la llegada de un nuevo presidente del banco central; y la propia concentración del crecimiento en la IA, que deja a la economía expuesta a cualquier decepción en la adopción o monetización de la tecnología. Si los ingresos no acaban justificando la escala del gasto, las implicaciones para el crédito serían materiales.
