Pocos indicadores capturan mejor el ánimo de los mercados que el ritmo de las salidas a bolsa. Cuando las empresas se atreven a estrenarse en el parqué, hay confianza; cuando se retraen, hay miedo. Por eso el informe trimestral de EY sobre tendencias globales de salidas a bolsa —el Global IPO Trends— es una lectura útil más allá de los banqueros de inversión. El correspondiente al primer trimestre de 2026 lleva un título revelador: "cómo pueden los candidatos a salir a bolsa navegar mercados inciertos y selectivos". Y esa palabra, selectivos, es la clave de todo. EY es una de las cuatro grandes auditoras del mundo y asesora a buena parte de las empresas que aspiran a cotizar, de modo que su pulso del mercado, aunque no sea el de un observador neutral, está extraordinariamente bien informado.

Menos operaciones, más dinero

El mercado entró en 2026 con razones para el optimismo: estabilidad general, la perspectiva de un coste del capital a la baja y la promesa de varias mega-salidas que acaparasen titulares. El arranque del trimestre confirmó ese ánimo, con operaciones de calado en todas las regiones y varias compañías grandes y bien preparadas que fijaron precio y cotizaron bien tras el estreno. Pero, según avanzó el trimestre, reaparecieron los nubarrones: la incertidumbre arancelaria, los temores en torno al crédito privado, una corrección en el sector del software y el repunte de los precios de la energía por el conflicto en Oriente Medio. El mercado aguantó, pero algunas operaciones se pospusieron y otras sufrieron para colocarse.

Conviene poner el trimestre en perspectiva. Tras un 2025 de recuperación —1.331 salidas a bolsa en todo el mundo que captaron 177.000 millones de dólares, frente a las 1.240 de 2024—, el mercado esperaba que 2026 fuera el año del despegue definitivo. El primer trimestre ni lo confirma ni lo desmiente: la actividad se mantuvo resistente, pero la sucesión de sustos —aranceles, crédito privado, software, Oriente Medio— recordó que la ventana de las salidas a bolsa se abre y se cierra al ritmo de la volatilidad.

Actividad de salidas a bolsa a escala mundial: en el primer trimestre de 2026 se registraron 232 operaciones que captaron 41.000 millones de dólares. A la izquierda, la distribución sectorial por número de operaciones, encabezada por los industriales (25%, 61 salidas), seguidos de tecnología, medios y telecomunicaciones, consumo y salud. Figura 1. Actividad global y distribución sectorial de las salidas a bolsa en el primer trimestre de 2026 — Fuente: Dealogic; análisis de EY.

El dato que mejor resume el momento es la combinación de volumen y número. En el primer trimestre de 2026 hubo 232 salidas a bolsa en todo el mundo, frente a las 300 del mismo periodo de 2025: un 23% menos de operaciones. Y, sin embargo, el capital captado subió de 30.000 a 41.000 millones de dólares. La aritmética es elocuente: menos estrenos, pero de mayor tamaño. Es la manifestación más directa de un mercado selectivo, donde, como resume Karim Anani, responsable global de salidas a bolsa de EY, "el listón para acceder a las cotizadas ha subido": el capital gravita hacia los emisores grandes y consolidados, con fundamentales resistentes y un camino claro hacia la creación de valor. En tiempos de incertidumbre, los inversores prefieren un grupo más estrecho de empresas con buen perfil financiero y trayectoria probada, y la distancia entre las que superan ese umbral y las que se quedan cortas se ensancha.

Asia manda, Hong Kong brilla

La geografía del trimestre confirma el desplazamiento del poder bursátil hacia Oriente.

Distribución sectorial de las salidas a bolsa mundiales por volumen de capital captado en el primer trimestre de 2026, encabezada por los industriales (35%, 14.000 millones de dólares) y la tecnología, medios y telecomunicaciones (22%, 9.000 millones); debajo, los principales destinos de cotización por número de operaciones y por importe, con Hong Kong y Estados Unidos a la cabeza por capital captado. Figura 2. Distribución por sector (proceeds) y principales destinos de cotización — Fuente: Dealogic; análisis de EY.

Asia-Pacífico fue la región más activa, con 107 operaciones y 20.000 millones de dólares captados, por delante de EMEIA —Europa, Oriente Medio, India y África— con 93 estrenos y 11.000 millones, y de las Américas, con apenas 32 operaciones aunque también 11.000 millones, una señal más del tamaño creciente de los deals estadounidenses. Por plazas concretas, India, Hong Kong, China continental, Estados Unidos y Turquía encabezaron el ranking por número de salidas, mientras que Hong Kong y Estados Unidos lideraron por volumen de capital, confirmando el renacer de la bolsa hongkonesa como gran puerta de entrada del capital asiático. En el plano sectorial, los industriales fueron los grandes protagonistas, tanto por número de operaciones (uno de cada cuatro estrenos) como por dinero recaudado, seguidos de la tecnología, los medios y las telecomunicaciones. Es un reparto que dice mucho del momento: en un entorno incierto, el mercado premia la economía real y tangible tanto como a la tecnológica.

El contraste entre número y dinero vuelve a aparecer al mirar los sectores con más detalle. Los industriales, que suponen una de cada cuatro operaciones por número, concentran un 35% del capital captado; la tecnología, los medios y las telecomunicaciones, un 22%. Dicho de otro modo, dentro de cada sector también manda el tamaño: unas pocas operaciones grandes pesan más que muchas pequeñas. La misma lógica de concentración que define el conjunto del mercado se reproduce, como un fractal, dentro de cada categoría.

La era de los 'hyper-jumbos'

Bajo la coyuntura late una tendencia estructural que EY lleva años señalando: las empresas se quedan privadas mucho más tiempo. Como apunta Rachel Gerring, responsable de salidas a bolsa de EY para las Américas, las compañías "están permaneciendo privadas más tiempo, produciendo negocios más grandes y más escalados, con más años de crecimiento antes de acercarse a los mercados públicos". El fenómeno ha dado lugar a una nueva jerga: los hyper-jumbos, empresas valoradas en los mercados privados en unos cuantos cientos de miles de millones de dólares —lo que algunos llaman ya un "multi-centicornio"—, y las mega-salidas a bolsa que protagonizan cuando por fin deciden cotizar.

La pregunta que EY dice recibir constantemente de sus clientes es si esas operaciones gigantescas se "comen" la capacidad del mercado y dejan sin sitio a las demás. Su respuesta es tranquilizadora: no hay evidencia de que la saturen, porque se anuncian con mucha antelación y dan tiempo a los inversores a prepararse. Es una diferencia importante respecto a otras épocas, y explica por qué un puñado de salidas multimillonarias puede convivir con un goteo saludable de operaciones más modestas.

El fenómeno tiene, además, una raíz conocida: la abundancia de capital privado. Mientras los fondos de capital riesgo y de private equity han podido financiar el crecimiento de las empresas durante más años sin necesidad de cotizar, el incentivo para salir pronto a bolsa se ha debilitado. El resultado es que, cuando por fin llegan, esas compañías ya han recorrido buena parte de su revalorización en privado, dejando menos margen —y a veces ninguno— para el inversor que las compra el día del estreno. Es la otra cara de la democratización de los mercados privados: lo que ganan los inversores que entran pronto en una empresa privada lo pierde, en parte, quien llega tarde por la vía bursátil.

Geopolítica, sectores y el arte de estar preparado

El último hilo del informe conecta las salidas a bolsa con la gran corriente del momento: la geopolítica. Los cambios acelerados en el tablero mundial han creado vientos de cola para ciertos sectores —la energía y la industria aeroespacial y de defensa, claros beneficiarios del rearme global— mientras que los giros regulatorios han abierto la puerta a las empresas de activos digitales y a la infraestructura relacionada con ellos, además de a la de inteligencia artificial. El mapa de quién puede salir a bolsa y con qué éxito está, en buena medida, dibujado por las decisiones de los gobiernos.

El comportamiento posterior al estreno dejó también señales mixtas. Las salidas del trimestre se revalorizaron de media en sus primeros días y semanas de cotización, pero con una dispersión notable: las operaciones bien preparadas y de empresas sólidas volaron, mientras las más frágiles decepcionaron pronto. Una vez más, la selectividad no solo decide quién puede salir a bolsa, sino quién aguanta una vez fuera.

¿La conclusión práctica para las empresas? La que da título al informe: prepararse pronto. En un mercado abierto pero exigente, las compañías que inviertan con antelación en estar listas y en preservar la "opcionalidad" de la operación serán las mejor posicionadas para salir cuando se abra la ventana. La diferencia entre poder cotizar o no, advierte EY, se decide muchas veces meses antes, en la trastienda de la preparación.

Para el inversor de largo plazo, la lectura es doble. Por un lado, un mercado de salidas a bolsa selectivo es, paradójicamente, una buena noticia: significa que las empresas que llegan al parqué son, de media, más sólidas y maduras que en los años de euforia, cuando cualquier promesa sin beneficios lograba cotizar. Por otro, conviene mirar con sano escepticismo el desfile de hyper-jumbos: que una empresa valga cientos de miles de millones en el mercado privado no garantiza que ese precio resista el examen del mercado público, donde la disciplina de la valoración diaria no perdona. La selectividad, al final, es tan saludable para quien sale a bolsa como para quien compra.

Para Europa, y para España en particular, el informe deja una lectura adicional. En un mundo donde Hong Kong, India o Estados Unidos concentran los grandes estrenos, la escasez de salidas a bolsa relevantes en el Viejo Continente es un síntoma de un problema más hondo: la fragmentación y la falta de profundidad de sus mercados de capitales. Que las grandes empresas europeas miren cada vez más a Nueva York para cotizar no es solo una anécdota; es una señal de alarma sobre la competitividad financiera del continente que conviene no perder de vista.