Hay sectores que solo aparecen en los titulares cuando algo se rompe. Las utilities —las eléctricas, gasistas y compañías de agua reguladas— son el ejemplo de manual: negocios lentos, fuertemente endeudados, sensibles a los tipos de interés y famosos por pagar un dividendo generoso a un accionariado que busca tranquilidad más que emoción. Por eso resulta tan llamativo el balance que firma Morningstar en su Industry Pulse del cuarto trimestre de 2025: el sector más somnoliento de la bolsa ha sido, junto a la tecnología, el más rentable del año en Estados Unidos. Y no por un golpe de suerte, sino por una transformación de fondo que merece análisis: la inteligencia artificial ha convertido a las eléctricas en una historia de crecimiento. La paradoja es deliciosa —el sector que el mercado asociaba con la prudencia se ha subido a la ola más especulativa del momento— y, como toda paradoja bursátil, esconde tanto oportunidad como trampa.
Un rally que ya dura tres años
El dato de partida es contundente. A mediados de diciembre, el índice Morningstar US Utilities acumulaba una revalorización del 22% en 2025 y del 76% desde su suelo de octubre de 2023, dividendos incluidos. Es su mejor comportamiento a dos años en más de dos décadas, y supone batir al mercado estadounidense por segundo ejercicio consecutivo. La comparación con el índice general —que sube un 63% en el mismo periodo— deja claro hasta qué punto un sector tradicionalmente rezagado ha tomado el mando.
Figura 1. Rentabilidad total del sector de utilities frente al mercado estadounidense desde finales de 2023 — Fuente: Morningstar. Datos a 8 de diciembre de 2025.
Lo importante no es la cifra en sí, sino el mecanismo que la sostiene. Durante años, las utilities se comportaron como un sustituto de la renta fija: cuando los tipos bajaban, su dividendo relucía y sus acciones subían; cuando los tipos subían, sufrían. Ese reflejo se ha roto. El sector ha subido con fuerza pese a que los tipos siguen cerca de máximos de dos décadas, lo que indica que el mercado ya no las valora por su renta, sino por su capacidad de hacer crecer los beneficios. Morningstar lo dice sin rodeos: el foco está en el crecimiento, y por eso una eventual bajada de tipos no tendría un impacto decisivo sobre las cotizaciones. Es un cambio de naturaleza, no de grado.
La factura de la inteligencia artificial
El corazón de la tesis está en la demanda eléctrica. Tras más de una década de consumo plano en Estados Unidos —un lastre crónico para un sector que solo crece si crece la demanda—, la electrificación, los vehículos eléctricos y, sobre todo, los centros de datos han cambiado la ecuación. La demanda total de electricidad sube ya un 3% en lo que va de año, y el componente comercial crece un 4,5%, empujado por la avalancha de centros de datos.
Figura 2. Crecimiento del mercado de centros de datos y previsión de demanda eléctrica hasta 2035 — Fuente: EIA, Data Center Map, informes de compañías y Morningstar. Datos a 8 de diciembre de 2025.
La cifra que lo resume todo es esta: Morningstar asume que el consumo eléctrico de los centros de datos en Estados Unidos se triplicará entre 2024 y 2030, hasta representar el 10% de toda la electricidad del país, frente al 3% actual. El mercado de centros de datos ha crecido un 50% en solo dieciocho meses. Y los compromisos de las propias compañías dan cuerpo a la previsión: Dominion conecta una media de quince centros de datos al año desde 2013 y ve crecer la demanda un 5,5% anual en su zona; Entergy ha asegurado equipos para desarrollar 19 GW de nueva capacidad; Southern Company tiene 7 GW en construcción y una cartera total de 50 GW. Conviene, eso sí, mantener la cabeza fría: estas proyecciones de demanda de la IA son la apuesta más optimista del consenso, y la propia historia de la electricidad está plagada de previsiones de crecimiento que nunca se materializaron. Morningstar matiza que, más allá de 2030, la mejora de la eficiencia energética y el giro de la IA del entrenamiento a la inferencia frenarán el ritmo. Pero el sesgo del informe es claramente constructivo, y el lector debe ponderarlo.
El verdadero motor: una ola de inversión histórica
Donde el análisis gana solidez es en la mecánica financiera del crecimiento. Una utility regulada gana dinero, en esencia, obteniendo una rentabilidad autorizada (el allowed ROE) sobre la base de activos que el regulador le permite remunerar. Cuanto más invierte —y más le aprueba el regulador—, más crece esa base y más crecen sus beneficios. Por eso el dato decisivo no es la demanda, sino el capex: la inversión del sector subirá un 6% en 2026, sobre un ya elevado +12% en 2025. El Edison Electric Institute calcula 1,1 billones de dólares de inversión entre 2025 y 2029.
Los planes concretos dan la medida del cambio. American Electric Power ha elevado su plan de capital de 54.000 a 72.000 millones de dólares para 2026-2030, lo que sostiene un crecimiento de la base de activos del 10% y un objetivo de beneficios del 7%-9% anual. Xcel Energy ha sumado 15.000 millones a su plan; DTE Energy, 6.500 millones, principalmente para servir a nuevos centros de datos; Alliant Energy ha aumentado su plan un 17%, hasta 13.400 millones, para atender un 12% de crecimiento de carga. Es esta tubería de inversión aprobada —y no la mera expectativa de demanda— la que justifica las cifras de crecimiento de beneficios que el mercado está pagando. Y aquí está la condición que lo sostiene todo: la inversión solo se traduce en beneficios si el regulador la aprueba y permite repercutirla en la tarifa. De ahí que Morningstar dedique tanto espacio a los desenlaces regulatorios recientes —el ROE del 10,95% aprobado a FP&L de NextEra, entre los más altos del sector, o el 9,4% pactado por Con Ed en Nueva York—. Son la letra pequeña de la que depende todo el relato.
Las grietas que el informe no oculta (pero suaviza)
Aquí es donde conviene leer con criterio. Morningstar es una casa de análisis seria y sus star ratings tienen reputación, pero su narrativa es la de quien ve un sector atractivo, y los riesgos aparecen en tono menor. El primero es el dividendo. La rentabilidad por dividendo del sector ha caído por debajo del 3% (2,86%) por primera vez en más de treinta años, mientras el bono del Tesoro a 10 años renta un 4,09%. El diferencial es negativo en 120 puntos básicos: para el inversor que compraba utilities por su renta, hoy el bono paga más y con menos riesgo. Que el sector haya subido igualmente solo se explica si el mercado descuenta un crecimiento de beneficios muy superior al histórico. Es una apuesta de crecimiento disfrazada de sector defensivo, y eso cambia por completo su perfil de riesgo.
El segundo es la valoración.
Figura 3. Instantánea de valoración del sector de utilities: precio/valor razonable, PER y rentabilidad por dividendo — Fuente: Morningstar. Datos a 8 de diciembre de 2025.
Tras un retroceso a finales de 2025, el sector ha vuelto cerca de su valor razonable —Morningstar sitúa el precio/valor razonable mediano en 1,03 y el PER en 19,8x—, por encima de la mediana histórica de 18,8x desde 2007. No es una burbuja, pero tampoco la ganga que el discurso de "sector aburrido" podría sugerir: se paga un sobreprecio, modesto pero real, por una historia de crecimiento que aún debe confirmarse. Y la lista de cobertura lo recuerda con crudeza: junto a nombres con descuento como Edison International (P/FV 0,72) o PG&E (0,76), hay valores claramente caros como Vistra (P/FV 2,03; PER 32,8x) o NRG (1,78), donde el entusiasmo por la IA ha empujado los precios muy por delante de los fundamentales.
El tercer riesgo, y el más sólido, es la asequibilidad de la factura. La electricidad residencial sube un 6% interanual y el gas un 11,7%, muy por encima de la inflación general, en parte para financiar precisamente esa ola de inversión. El problema es político antes que financiero: si la factura de las familias se dispara para pagar la infraestructura que demandan los gigantes tecnológicos de la IA, los reguladores tendrán más difícil aprobar nuevas subidas de tarifas. La solución que apunta el informe —cargar más costes a los nuevos clientes intensivos, como los propios centros de datos— es razonable, pero su ejecución dista de estar garantizada. Y es justo esa aprobación regulatoria la bisagra de la que cuelga todo el crecimiento prometido.
Lectura para el inversor
El trabajo de Morningstar es valioso por su rigor y su transparencia: pone los números encima de la mesa, incluidos los incómodos. La transformación que describe es real —la IA ha sacado a las utilities de una década de letargo y les ha dado un motor de crecimiento genuino, anclado en planes de inversión concretos y aprobados—. Pero el sesgo del emisor también lo es: una casa que cubre 39 utilities y vende su metodología de valoración tiende a presentar el vaso medio lleno. El inversor prudente hará bien en quedarse con la estructura del argumento y descontar el optimismo. Que un sector clasificado como defensivo cotice como uno de crecimiento, con el dividendo por debajo de los tipos y la valoración por encima de su media, es una señal de que el mercado ya ha pagado buena parte de la buena noticia. La tesis se sostiene mientras se cumplan tres condiciones encadenadas: que la demanda de la IA crezca como se promete, que los reguladores aprueben la inversión y que las familias toleren la factura. Si alguno de esos eslabones se rompe, el rally de tres años podría revelarse menos sólido de lo que su brillo sugiere. No es un argumento para huir del sector, pero sí para entrar en él con los ojos abiertos: lo que parecía el refugio aburrido de siempre se ha convertido, sin avisar, en una apuesta sobre el futuro de la inteligencia artificial.
