Hay pocas cosas más peligrosas en inversión que una necesidad legítima mal resuelta. El inversor que vive de las rentas de su cartera necesita ingresos, y eso es tan respetable como inevitable. El problema aparece cuando el mercado deja de ofrecérselos por las buenas y él decide ir a buscarlos por las malas. Eso es, en esencia, lo que describe Dan Lefkovitz, estratega de Morningstar Indexes, en esta pieza breve pero muy aprovechable publicada el 4 de marzo de 2026: la renta vía dividendos está en mínimos históricos, la tentación de perseguir los yields más jugosos es máxima, y justo ahí es donde esperan las trampas.

Una sequía de dividendos en toda regla

Los números de partida son elocuentes. La rentabilidad por dividendo del índice Morningstar US Market está por debajo del 1,2% en el primer trimestre de 2026 —extremadamente baja en perspectiva histórica—, y fuera de Estados Unidos la cosa mejora solo a medias: el Morningstar Global Markets ex-US rinde un 2,45%, que tampoco es para tirar cohetes.

Gráfico de líneas "Dividend Yields Are Low by Historical Standards—in the US and Internationally": evolución 2001-2025 de la rentabilidad por dividendo del Morningstar Global Markets ex-US Index (línea azul, hoy en el 2,45%) y del Morningstar US Market Index (línea roja, hoy en el 1,11%). Ambas series tocan máximos en 2008-2009 (por encima del 5% la internacional, en torno al 3% la americana) y desde entonces descienden hasta los mínimos actuales. Datos a 30 de enero de 2026. Figura 1. Rentabilidades por dividendo en mínimos históricos, en EE. UU. y fuera — Fuente: Morningstar Indexes.

El gráfico que abre el artículo lo resume en dos líneas: a 30 de enero de 2026, el índice americano rinde un 1,11% y el internacional un 2,45%, ambos cerca de los mínimos de un cuarto de siglo y muy lejos de los picos de 2008-2009, cuando el desplome de precios disparó las rentabilidades por encima del 5% en los mercados ex-US.

Las causas que apunta Lefkovitz son varias y se refuerzan entre sí. Los precios han subido mucho más deprisa que los pagos en los últimos años. En Estados Unidos, sobretodo, las recompras de acciones han superado a los dividendos como vía de retribución al accionista. Las compañías están desviando caja hacia la construcción de infraestructura de inteligencia artificial. Y, paradójicamente, el reciente buen comportamiento de los sectores ricos en dividendo —industriales, energía, consumo defensivo— ha sido excelente para la rentabilidad total pero ha deprimido aún más los yields. Fuera de EE. UU., de hecho, las empresas que pagan dividendo llevan años batiendo al mercado.

¿Y qué hace el inversor de rentas en un entorno así? Lo que ha hecho siempre: mirar hacia las rentabilidades más gordas. Ahí está el aviso central del artículo, que merece cita textual: los yields más jugosos del mercado se encuentran en sectores, industrias y compañías con problemas. Una de las maneras en que sube la rentabilidad por dividendo de una empresa es que caiga su cotización, y eso suele ocurrir por razones fundamentales. El dividendo gordo no es un regalo; muchas veces es el síntoma.

El espejismo del historial: los aristócratas también caen

La primera lección del artículo es una advertencia contra el criterio más usado por los inversores de dividendo de todo el mundo: el historial. Lefkovitz repasa la lista de multinacionales célebres que han recortado su dividendo en los últimos años: Whirlpool, Saudi Aramco, 3M, Dow, Walgreens Boots Alliance, Intel, Harley-Davidson y Shell. Todas eran excampeonas del dividendo. Y en todos los casos el recorte no fue solo una pérdida de renta: vino acompañado de caídas en la cotización, porque la causa de fondo era la misma —dificultades financieras—.

Los ejemplos concretos duelen. Dow, el gigante químico, cayó casi un 37% en bolsa en 2025, el mismo año en que recortó su dividendo un 50%; llevaba décadas de pagos regulares que sobrevivieron incluso a su fusión con DuPont, y la acción llegó a rendir más del 10% en algún momento (ahí está la trampa en estado puro). Walgreens había ganado la distinción de dividend aristocrat con casi 50 años de historial de subidas cuando recortó en 2024. 3M acumulaba 67 años de historial cuando redujo el pago un 40% ese mismo año. Y el dividendo de Shell se remontaba nada menos que a la Segunda Guerra Mundial cuando el colapso del petróleo durante la pandemia forzó el recorte de 2020.

Así pues, la máxima de siempre aplica también aquí: las rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras, y los dividendos pasados tampoco. En lugar de mirar por el retrovisor, Morningstar propone mirar hacia delante con tres filtros que emplea en sus índices de dividendo. No son infalibles —el propio autor lo reconoce—, pero mejoran las probabilidades de esquivar el recorte. La investigación que los respalda es de Saumya Gattani, colega del autor, sobre universo global y el periodo 2005-2025.

Señal 1: el payout ratio, o cuánto del beneficio se va en dividendos

El primer filtro es el más clásico: el payout ratio, el porcentaje del beneficio que la empresa reparte como dividendo. Para el inversor de rentas existe un término medio feliz: una empresa que devuelve caja con generosidad, pero con colchón. Los datos de Morningstar confirman la intuición: en los últimos años, las empresas con payout ratios altos fueron las más propensas a recortar.

Gráfico de barras "Companies With High Payout Ratios Have Cut Dividends Most Frequently": porcentaje de recortes de dividendo ("Dividend Cuts %") por cuartil de payout ratio. Las categorías Lowest y Low rondan el 33%, Medium sube hacia el 37-38% y High roza el 40%. Universo global, periodo 2005-2025, datos a 30 de noviembre de 2025. Figura 2. A mayor payout ratio, más recortes de dividendo — Fuente: Morningstar Indexes.

La pendiente del gráfico es clara: las empresas de los grupos de payout más bajo recortaron en torno al 33% de las veces, las del grupo medio alrededor del 37-38%, y las del grupo alto rozan el 40%. La relación es monótona: cuanto más exprimido va el pago respecto al beneficio, más probable es el recorte.

Y los casos extremos cantan. El payout ratio de Dow estaba en el 341,5% en 2023 —pagaba en dividendos más de tres veces lo que ganaba ese año— y todavía en el 178% en 2024. El de Walgreens rozó el 300% a finales de 2023. Insostenible, por decirlo suavemente. Quien mirase ese único dato tenía la señal de alarma delante de las narices, mucho antes del recorte.

Señal 2: el moat, o la ventaja competitiva que defiende el dividendo

El segundo filtro es cualitativo y muy de la casa: el economic moat, la ventaja competitiva duradera que protege a una empresa de la competencia, tal y como la define el equipo de análisis de renta variable de Morningstar (que asigna moat ratings a unas 1.500 compañías globales bajo cobertura). La tesis es que el foso no solo defiende los beneficios; también defiende el dividendo. Y los datos lo confirman.

Gráfico de barras "Wide-Moat Stocks Cut Dividends Least, No-Moat Cut Most": porcentaje de empresas pagadoras que recortan dividendo ("Payers Cutting %") según su moat rating. Las de moat amplio (Wide) recortan alrededor del 7%, las de moat estrecho (Narrow) en torno al 14% y las sin moat (None) por encima del 21%. Universo global, periodo 2005-2025, datos a 30 de noviembre de 2025. Figura 3. El moat también protege el dividendo: las empresas sin ventaja competitiva recortan el triple que las de moat amplio — Fuente: Morningstar Indexes.

Las diferencias son notables: las empresas con moat amplio recortaron alrededor del 7% de las veces; las de moat estrecho, en torno al 14%; y las que carecen de ventaja competitiva, por encima del 21%. El triple de recortes entre el primer grupo y el último.

Los ejemplos vuelven a encajar: Dow está clasificada como narrow moat, y Walgreens era directamente no-moat en el momento de su recorte. La cita de los analistas de Morningstar sobre esta última es demoledora: no creían que la compañía poseyera ninguna ventaja estructural suficiente para generar retornos sobre el capital invertido por encima de su coste de capital durante los siguientes diez años. Incapaz de sostener beneficios en un entorno minorista tan competitivo, Walgreens recortó el dividendo y acabó siendo adquirida por el capital privado.

Señal 3: Distance to Default, o lo que el mercado huele antes que el balance

El tercer filtro es el más sofisticado y, desgraciadamente, el menos accesible para el inversor de a pie: el Distance to Default, la métrica cuantitativa con la que Morningstar Indexes evalúa la salud financiera. Mide el riesgo de que el valor de los activos de una empresa caiga por debajo de la suma de sus pasivos, e incorpora el valor de mercado del capital y la volatilidad de la acción — porque el mercado, a veces, huele la debilidad mucho antes de que aparezca en el balance. La investigación de Gattani encuentra que cuanto mejor es la puntuación de una empresa frente a sus comparables sectoriales, más probable es que sostenga el pago.

Gráfico de barras "Companies With the Best Distance to Default Scores Have Been Least Likely to Cut": porcentaje de pagadoras que recortan ("Percentage of Dividend-Payers Cutting (%)") por cuartil de Distance to Default. Best DtD Scores en torno al 18-19%, Second Best alrededor del 20%, Third Best sobre el 22-23% y Worst DtD Scores cerca del 28%. Universo global, periodo 2005-2025, datos a 30 de noviembre de 2025. Figura 4. Mejor salud financiera (Distance to Default), menos recortes de dividendo — Fuente: Morningstar Indexes.

De nuevo, la escalera es monótona: las empresas con las mejores puntuaciones recortaron en torno al 18-19% de las veces, y el porcentaje sube peldaño a peldaño hasta cerca del 28% en el grupo con las peores. En el caso de Walgreens, el Distance to Default señaló el riesgo: ante el deterioro de su salud financiera —cotización en caída libre incluida—, la compañía acabó cercenando el pago al accionista. El matiz práctico: esta métrica no está disponible como dato en Morningstar.com, aunque sí se usa como filtro en índices de dividendo como el Morningstar Dividend Yield Focus.

La moraleja: la renta es un resultado, no un objetivo a cualquier precio

La conclusión de Lefkovitz es la que cualquier asesor prudente firmaría: perseguir la renta a toda costa —y a expensas de la rentabilidad total— conduce a malos resultados. Cuando llega el recorte, el inversor pierde por partida doble: renta y principal. A muy largo plazo, eso sí, las acciones con dividendo lo han hecho bien; tienden a ser empresas más sólidas, financieramente más seguras y mejor gestionadas que la media. El problema nunca ha sido el dividendo: es el yield gordo como cebo.

Tres apuntes de criterio antes de cerrar. Primero, conviene recordar quién habla: Morningstar Indexes vende precisamente los índices de dividendo que incorporan estos filtros, así que el artículo es, también, un escaparate comercial. Eso no invalida los datos —la relación entre payout, ventaja competitiva, salud financiera y sostenibilidad del dividendo es economía básica bien medida—, pero explica el entusiasmo. Segundo, fíjense en que ni el mejor filtro baja del 18% de recortes ni el peor llega al 45%: estos cribados mueven probabilidades, no ofrecen certezas, y el propio autor lo admite ("aren't foolproof"). Tercero, y más de fondo: la lección de verdad no es qué filtro usar, sino el cambio de mentalidad. El dividendo sostenible es la consecuencia de un negocio sano —beneficios que cubren el pago con holgura, ventaja competitiva que los protege, balance que no asusta al mercado—, nunca el punto de partida de la selección. Quien construye su renta al revés, empezando por el yield y justificando después el negocio, acaba tarde o temprano cobrando un dividendo menos... y con una acción que vale bastante menos. Las trampas de dividendo de 2026 serán otras —los nombres cambian cada ciclo—, pero el mecanismo será exactamente el mismo.