Hay pocas series de datos en finanzas que abarquen más de un siglo sin interrupciones, y la suiza es una de las mejores. Pictet Wealth Management —con Djâafar Aballeche y Nadia Gharbi como autores— publica cada año este comentario sobre la rentabilidad a largo plazo de las acciones y los bonos suizos desde 1900, apoyándose en el dataset global Dimson-Marsh-Staunton. La edición de febrero de 2026 cierra el año 126 de la serie, y el mensaje de fondo no cambia: el tiempo es el mejor aliado del inversor en renta variable, y la paciencia paga. Lo interesante es ver con cuánto detalle lo demuestran.
El contexto: un país con la inflación más baja del mundo
Antes de llegar a los números conviene entender el terreno. Suiza es hoy el noveno mercado bursátil del mundo, con aproximadamente un 2,1% de la capitalización global. Es también uno de los más internacionales: el 83% de los ingresos de las compañías del Swiss Performance Index (SPI) se genera fuera de Suiza. Y uno de los más concentrados: salud y consumo básico suponen casi la mitad de la capitalización del índice, y sumando el sector financiero los tres pesan en torno al 70%. Roche, Novartis y Nestlé representan por sí solas el 37% del SPI — unos 650.000 millones de francos a cierre de 2025.
El otro pilar es macroeconómico: en 126 años, Suiza ha registrado una de las inflaciones más bajas del mundo, un 2,1% de media, mientras mantenía la divisa más fuerte del planeta. Esa estabilidad es la que ha permitido que los bonos del gobierno suizo conviertan retornos nominales modestos en retornos reales que figuran entre los mejores de los grandes mercados de deuda.
2025: aranceles, franco fuerte y tipos al 0%
El año 2025 no fue cómodo para la economía suiza. Los aranceles estadounidenses y una fuerte apreciación del franco complicaron el escenario, y el Banco Nacional Suizo (SNB) respondió a la baja inflación recortando gradualmente su tipo de referencia hasta el 0% en junio. Los rendimientos de los bonos se movieron en rango y la renta fija suiza cerró el año prácticamente plana: un -0,1% nominal.
Pictet espera que la inflación repunte ligeramente pero siga muy contenida, y subraya que el listón para volver a tipos negativos es alto: haría falta un catalizador serio, como una apreciación sostenida del franco en términos reales o un deterioro marcado del cuadro macro. El riesgo arancelario, además, se ha moderado: el acuerdo entre Suiza y Estados Unidos rebajó los aranceles del 39% al 15%, devolviendo a la industria suiza un terreno de juego comparable al de la Unión Europea.
Figura 1. Inflación suiza y rendimiento del bono a 10 años, 1955-2025 — Fuente: Pictet Wealth Management.
En bolsa, el año fue mucho mejor de lo que prometía en primavera. Los aranceles "recíprocos" anunciados por Trump el 2 de abril provocaron una caída pronunciada de los mercados globales, incluido el SPI. Pero la escalada se fue desinflando con los acuerdos bilaterales y la tregua comercial con China, y el SPI rebotó casi un 25% en retorno total desde el mínimo de abril hasta fin de año. Resultado: tercer año consecutivo en positivo, con un 17,8% en francos incluyendo dividendos — que en dólares equivale a un 34,7%, por encima del 17,9% del S&P 500 y del 22,9% del MSCI AC World, ambos en USD.
El tiempo cura: la pirámide de retornos
La pieza visual más elocuente del informe es el triángulo de rentabilidades: qué retorno anualizado obtuvo cada combinación de año de compra y año de venta desde 2009. Para el periodo completo 2009-2025, las acciones suizas rindieron un 8,5% anual, claramente por encima del 6,8% medio desde 1900. El peor año visible es 2022, con un -16,5%, fruto de las subidas agresivas de tipos contra la inflación post-Covid. Pero el fuerte 2025 compensó por completo aquel drawdown: a cierre de 2025 el mercado estaba un 11% por encima de su nivel de 2021.
Figura 2. Triángulo de rentabilidades anuales de la bolsa suiza, 2009-2025 — Fuente: Pictet Wealth Management.
Aquí llega el dato que justifica el título del informe. Un inversor con horizonte de 10 años solo habría sufrido retorno total negativo en bolsa suiza ocho veces en los 126 años entre 1900 y 2025 — y esas ocho ventanas se concentran en las secuelas de la Primera Guerra Mundial y del crac de 1929. Ni el pinchazo puntocom de 2001 ni la crisis financiera de 2008 produjeron una sola década perdida. Dicho de otro modo: nadie que invirtiera en acciones suizas desde 1931 y aguantara 10 años ha perdido dinero sobre su inversión inicial. Ampliando el horizonte a 14 años, la fecha se adelanta a 1909. Y a 20 años, todas las inversiones desde 1900 han acabado en positivo.
La magia del interés compuesto, con y sin costes
El ejercicio clásico: 1.000 francos invertidos a comienzos de 1900 en bolsa suiza, con dividendos reinvertidos y sin retiradas, serían 3,97 millones de francos 126 años después. Pictet hace bien en recordar que la cifra es teórica —no descuenta corretajes, timbres ni costes de rebalanceo— y ofrece la versión ajustada: deduciendo 50 puntos básicos anuales, el resultado baja a 2 millones de francos. La mitad. Que medio punto de costes anuales se coma la mitad del resultado final en 126 años es, por cierto, la mejor clase de matemática financiera que conocemos sobre la importancia de los costes.
Figura 3. Valor nominal de 1.000 CHF invertidos en 1900: acciones, bonos, 60/40 e inflación — Fuente: Pictet Wealth Management.
La comparación con los bonos es demoledora a largo plazo: los mismos 1.000 francos en deuda suiza terminan en 124.726 francos según el gráfico del informe — una fracción de lo generado por las acciones. (Apunte de lector atento: el texto del documento cita en una página un 4,6% nominal para los bonos y en otra un 3,9%; los gráficos respaldan la segunda cifra, que es la que usamos.) A cambio, los bonos han sido mucho menos volátiles: un 5,2% de desviación típica anualizada desde 1900, frente al 19% de las acciones. En términos reales, que es lo que importa, las acciones suizas han rendido aproximadamente un 4,6% anual desde 1900 y los bonos en torno al 1,8%.
El 60/40 suizo: el compromiso que funciona
La última sección defiende la cartera equilibrada con datos difíciles de discutir. Desde 1900, el SPI ha cerrado en negativo 37 años; en 29 de esas 37 ocasiones, el índice de bonos suizos terminó en positivo, amortiguando el golpe. La correlación histórica entre ambos activos ronda el 25% en la muestra completa — y es del -5% desde el año 2000. El resultado: una cartera 60/40 suiza ha generado un 6% anual nominal desde 1900 con una volatilidad del 12%, frente al 19% de una cartera 100% acciones. Y su récord de resistencia es notable: ninguna inversión a 10 años en el 60/40 iniciada desde 1912 ha perdido dinero sobre el capital inicial.
Figura 4. Retornos anualizados a 10 años de la cartera 60/40 suiza — Fuente: Pictet Wealth Management.
Nuestra lectura
Este informe es, en el fondo, un argumento de 126 años contra la impaciencia. Tres ideas nos parecen especialmente trasladables más allá de Suiza. Primera: los drawdowns que parecen catastróficos en el momento —2022 incluido— se disuelven en horizontes largos; lo que arruina al inversor no suele ser el mercado, sino vender en el peor momento. Segunda: los costes importan tanto como el activo; el salto de 3,97 a 2 millones por 50 puntos básicos anuales debería estar enmarcado en la pared de todo inversor. Y tercera: la diversificación entre acciones y bonos no es una reliquia; incluso en el país de los tipos cero, el bono ha amortiguado 29 de los 37 años malos de la bolsa.
Conviene, eso sí, no idealizar: Suiza es un caso particularmente favorable —inflación media del 2,1%, divisa fortísima, índice defensivo dominado por salud y consumo—, y el propio documento recuerda que rentabilidades pasadas no garantizan rentabilidades futuras, con el matiz adicional de que la concentración del SPI (tres valores son el 37%) es un riesgo que la serie histórica no refleja del todo. Pero como demostración empírica de que disciplina, horizonte y diversificación construyen resiliencia, pocas series en el mundo pueden competir con esta.
