Durante décadas, la renta variable emergente se ha explicado con un puñado de etiquetas cómodas: amplificador de alta beta del ciclo global, apuesta sobre las materias primas, derivada del crecimiento chino o, en el mejor de los casos, diversificador exótico dentro de una cartera centrada en mercados desarrollados. Jan de Bruijn, client portfolio manager del equipo de renta variable emergente de Robeco, sostiene en este artículo de marzo de 2026 que ese marco mental se ha quedado obsoleto. Su tesis se resume en el propio título: la fortaleza de los emergentes ya viene de dentro —crecimiento propio, innovación propia y, sobretodo, capital propio—, y eso justifica tratarlos como posición estructural y no como apuesta táctica.

Conviene decirlo de entrada: es material de marketing de una gestora que lleva más de 30 años invirtiendo en emergentes, así que el interés comercial es evidente. Pero el andamiaje de datos que presenta es verificable y, francamente, sólido. Vamos con él.

El peso económico ya cambió de acera

El punto de partida es macro. En 2025, las economías emergentes y en desarrollo alcanzaron el 60% del PIB mundial en términos de paridad de poder adquisitivo (PPP), frente al 40% de las desarrolladas, según un análisis reciente de datos del FMI citado por Robeco. Y la previsión es que sigan creciendo a mayor ritmo en la próxima década.

A ese mayor crecimiento se suma un balance más sano. Con la notable excepción de China —cuya deuda pública y su trayectoria de acumulación se parecen ya más al G7 que a sus pares emergentes—, las economías EM cargan con menos deuda pública y privada, lo que da a sus gobiernos y bancos centrales más margen de maniobra. Brasil e India son los casos relativamente más cargados del grupo (87% y 81% de deuda sobre PIB en 2024, según el FMI), pero Robeco subraya que lo relevante no es el nivel sino la sostenibilidad: con crecimientos altos, demografías favorables y amplio recorrido para ensanchar la base fiscal, la trayectoria emergente luce más saludable que la de unos desarrollados con presión fiscal ya elevada y población activa menguante.

Hay un tercer elemento que el informe destaca: la apertura comercial. Mientras el proteccionismo gana terreno en Occidente, los emergentes firman acuerdos —la UE con Mercosur y con India, China con Canadá— y comercian cada vez más entre ellos. China envía ya menos del 15% de sus exportaciones a EE.UU. (dato de 2024) y más del 56% a otros países emergentes. Del universo MSCI EM, solo Corea, Taiwán y México siguen siendo muy sensibles a la economía estadounidense.

Del pico y la pala al silicio

Quizá el gráfico más elocuente del artículo es el que compara la composición del índice MSCI EM en 2008 y en 2025. En 2008 dominaba la "vieja economía": energía (17,6%), materiales (16%), telecomunicaciones (11,7%) y utilities (3,4%) sumaban un 48,7% del índice. En 2025 la foto es otra: tecnología (28,3%), consumo discrecional (11,7%) y servicios de comunicación (9,3%) suman un 49,3%. El bloque extractivo ha quedado reducido a un 7% de materiales y un 4% de energía.

Gráfico de barras comparando los pesos sectoriales del índice MSCI EM: panel izquierdo "Old economy 2008" con Energy 17,60%, Materials 16,00%, Telecommunications 11,70%, Utilities 3,40% y Total 48,70%; panel derecho "New economy 2025" con Technology 28,30%, Consumer Discretionary 11,70%, Communication Services 9,30% y Total 49,30% Figura 1. Pesos del índice MSCI EM: vieja economía 2008 vs. nueva economía 2025 — Fuente: Robeco (datos MSCI, diciembre 2025).

Robeco habla de una "trinidad de la innovación" donde los emergentes ya lideran: hardware de inteligencia artificial, transición energética e infraestructura digital. En las dos primeras, la combinación de políticas industriales coherentes en Taiwán, Corea y China, grandes bolsas de mano de obra cualificada y cadenas de suministro completas —del material al producto final— ha creado un efecto de aglomeración que hace difícil que esos ecosistemas se muden a otra parte. En infraestructura digital el cuadro es más matizado, porque los hyperscalers americanos dominan las plataformas globales; pero en la experiencia de "super-app" —comunicación, entretenimiento, comercio, pagos, todo en uno— los líderes están en China, Indonesia o Brasil. La explicación es el conocido efecto leapfrog: donde la banca física y la tarjeta de crédito apenas penetraron, generaciones enteras de tecnología se saltaron de golpe.

El dinero local toma el mando

La parte más interesante del informe, a nuestro juicio, es la tercera pata: la riqueza doméstica está empezando a financiar los propios mercados emergentes. Los emergentes añaden más de 100 millones de consumidores al año (personas que gastan al menos 12 dólares diarios en PPP), y los hogares de clase media —ingresos entre 20.000 y 70.000 dólares— pasarán de 354 millones en 2024 a una proyección de 687 millones en 2034, según Oxford Economics. Ese ahorro, que tradicionalmente iba a depósitos, ladrillo y oro, empieza a canalizarse hacia los mercados de capitales locales.

India es el ejemplo de manual. Tras las reformas regulatorias iniciadas en 2015, los flujos hacia renta variable llegan ya de forma recurrente desde las entidades públicas de previsión (EPFO, NPS) y desde los planes sistemáticos de inversión (SIPs) del inversor minorista.

Gráfico de barras "Net domestic flows into Indian Equities (USD billion)" de 2015 a 2025E: en torno a 10 mil millones anuales entre 2015 y 2016, picos de unos 18-20 en 2017-2018, prácticamente cero en 2020, y un salto desde 2022 (unos 43) hasta superar 60 en 2024 y rozar 67 en 2025E Figura 2. Flujos domésticos netos hacia la renta variable india, en miles de millones de USD — Fuente: Robeco (datos BSE, enero 2026).

Las cifras del gráfico impresionan: de unos 10.000 millones de dólares anuales a mediados de la década pasada a más de 60.000 millones en 2024 y unos 67.000 millones estimados para 2025. Y la prueba de fuego llegó precisamente en 2025: el MSCI India rindió un discreto +4,3% en dólares, muy por detrás de sus pares emergentes, con los institucionales extranjeros como vendedores netos por dudas de valoración. Fue el flujo doméstico el que mantuvo el año en verde. Eso es exactamente lo que significa "la fuerza viene de dentro".

El fenómeno no es solo indio. El informe repasa una tabla de países con reformas activas para fomentar la inversión doméstica en bolsa: China elevando los límites de renta variable para aseguradoras y pensiones; Brasil, donde Nubank —el mayor banco minorista del país, con más de 110 millones de clientes en enero de 2026— ha integrado la inversión en su app bancaria; Polonia con cuentas de ahorro fiscalmente bonificadas en proyecto; Arabia Saudí liberalizando el acceso a Tadawul; Sudáfrica, donde la Regulación 28 exige un mínimo del 55% de los activos de jubilación en activos locales; Turquía, donde el inversor doméstico ya supone más del 50% de la negociación de Borsa Istanbul; y Corea, con su programa Value-Up de gobierno corporativo y el aumento gradual del peso de bolsa local en el fondo nacional de pensiones.

El resultado agregado: aunque el mercado americano (más de 70 billones de dólares de capitalización a cierre de enero de 2026) sigue empequeñeciendo a todos, las principales bolsas emergentes son ya comparables en profundidad a las grandes plazas desarrolladas. China capitaliza 16,3 billones de dólares e India 5; Francia, Reino Unido y Japón, como referencia, 3,8, 4,2 y 8,1 billones respectivamente.

Aguas más calmadas: la volatilidad ha convergido

Una consecuencia visible de esta internalización del capital es que la volatilidad de los emergentes, históricamente muy superior, ha convergido con la de los desarrollados. El gráfico de desviación típica móvil a 5 años del MSCI EM frente al MSCI World muestra cómo ambas series, que llegaron a estar muy separadas (los emergentes por encima del 30% en los 2000), se cruzan y se entrelazan desde 2022 en torno al 15%.

Gráfico de líneas "Volatility has converged since 2022": desviación típica móvil a 5 años (Volatility S.D.) del MSCI EM y el MSCI World entre 5% y 35% desde agosto de 1993; los emergentes llegan a rozar el 30% en los 2000 mientras el World se mueve entre 10% y 20%, y ambas series se entrelazan desde 2022 en torno al 15% Figura 3. La volatilidad EM-DM converge desde 2022: desviación típica móvil a 5 años del MSCI EM frente al MSCI World — Fuente: Robeco (datos MSCI a 31/12/2025, en USD).

Robeco aporta dos explicaciones. La primera, incómoda para el orgullo occidental: las grandes crisis financieras del siglo XXI —la GFC, la crisis del euro, los colapsos de Credit Suisse y Silicon Valley Bank— han sido todas de origen desarrollado. La segunda, más estructural: los bancos centrales emergentes respondieron antes y con más decisión a la inflación post-pandemia, sin interferencias políticas, y hoy mantienen tipos reales positivos y elevados: Brasil al 9,8% y Turquía al 9,5%, frente al 1,8% de EE.UU., el 0,4% de Corea y el 0,2% de la eurozona. Tipos reales positivos que protegen al ahorrador local, dificultan las burbujas y sostienen las divisas. La fortaleza institucional, que fue durante décadas la gran debilidad emergente, se presenta ahora como ventaja relativa.

Un ciclo nuevo, quizá menos espectacular pero más duradero

El cierre del argumento es de ciclo relativo. El ratio entre el índice de precios MSCI EM y el MSCI World lleva décadas dibujando largas ondas: el gran ciclo alcista de los 2000 (la era dorada de China), la larga travesía del desierto desde 2010, y un giro al alza que Robeco fecha a finales de 2024 y señala como inicio de un nuevo ciclo.

Gráfico de líneas "A new cycle has begun": ratio del MSCI Emerging Markets Price Index sobre el MSCI World Price Index a lo largo de varias décadas, con flechas naranjas marcando ciclos alcistas previos de varios años, larga caída posterior a la década de 2000 y un repunte final rodeado en rojo con proyección punteada al alza Figura 4. Un nuevo ciclo relativo EM/DM habría comenzado a finales de 2024 — Fuente: Robeco (datos MSCI, diciembre 2025).

El propio De Bruijn templa las expectativas: este ciclo "puede no ser tan espectacular como la explosión de crecimiento liderada por China de principios de los 2000, pero podría ser más duradero". Y añade el matiz que da pie a la cita que encabeza este artículo: los emergentes ya no son un bloque monolítico que sube y baja en conjunto, sino un mosaico de economías con motores de crecimiento, historias de innovación y políticas distintas. De ahí —como era de esperar en una gestora activa— su conclusión de que esto exige gestión activa y diferenciada.

Nuestra lectura

Descontado el book talk (Robeco gestiona renta variable emergente desde 1994 y vende exactamente lo que recomienda), el cuerpo del argumento merece atención. Tres de las patas son hechos, no opiniones: la transformación sectorial del índice, el crecimiento de los flujos domésticos y la convergencia de volatilidad. Y la tesis del capital local como estabilizador tuvo su contraste empírico en la India de 2025.

La pregunta que el inversor debe hacerse no es tanto si los emergentes "lo harán mejor" el año que viene —eso nadie lo sabe—, sino si el peso que les asigna su cartera refleja la economía mundial de 2008 o la de 2026. Si la volatilidad ya no castiga como antes y la dependencia del capital extranjero se reduce, el descuento mental que muchos aplican a estos mercados quizá también merezca una revisión. Eso sí: el propio informe recuerda que rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros, y un giro de ciclo relativo señalado por la casa que lo vende siempre exige una pizca extra de escepticismo.