Cada año, por estas fechas, UBS publica su radiografía de la riqueza mundial. La edición de 2025 —la decimosexta— lleva por subtítulo Crafted wealth intelligence y cubre más de cincuenta mercados que, según la propia casa, representan en torno al 92% del patrimonio del planeta. Es un documento largo, lleno de mapas, pirámides y tablas, y por eso mismo conviene leerlo despacio: la historia que cuenta no es la del titular fácil ("el mundo es más rico"), sino la de las enormes diferencias que se esconden bajo ese promedio.
Lo resume bien Iqbal Khan y Robert Karofsky, copresidentes de UBS Global Wealth Management, en la carta de apertura: el mundo se vuelve progresivamente más rico, pero "con el crecimiento de la riqueza desplazándose de una región a otra de un año para otro". Y el economista jefe, Paul Donovan, añade el aviso metodológico que da título a nuestra cita: medir la riqueza ofrece "análisis de tendencias amplias, no una precisión inverosímil". Quien busque decimales exactos se va a frustrar; quien busque entender hacia dónde sopla el viento, encontrará un mapa valioso.
Un mundo más rico, pero a velocidades muy distintas
El dato de cabecera es positivo: el patrimonio personal global volvió a subir en 2024 y lo hizo más deprisa que el año anterior, acelerando del 4,2% al 4,6% en dólares. Tras la caída de 2022 y el rebote de 2023, la tendencia de fondo sigue siendo de crecimiento. Pero, como avisa el informe, ese crecimiento fue "fuerte pero desigual": la cifra agregada enmascara disparidades locales visibles.
Cuando se abre el dato por regiones, la fotografía cambia por completo. Las Américas se anotaron un crecimiento superior al 11% sobre 2023, dejando muy atrás a APAC —por debajo del 3%— y a EMEA, con un avance de apenas medio punto. En palabras del propio UBS, fuera de las Américas el crecimiento de la riqueza en dólares fue esencialmente plano. Conviene precisar que estas cifras regionales son medias ponderadas por el tamaño de población de cada mercado dentro de su región, un matiz que UBS subraya en una nota al pie.
¿Qué hay detrás de semejante divergencia? Sobre todo, los mercados financieros y la divisa. La riqueza financiera mundial saltó un 6,2% en dólares, mientras la no financiera creció solo un 1,7% y la deuda total quedó sin cambios. El extraordinario comportamiento de las bolsas estadounidenses en 2024, combinado con un dólar estable, es lo que produjo ese avance casi unilateral medido en dólares, aunque los mercados financieros estuvieran en general boyantes en buena parte del mundo. Es la primera lección para cualquier inversor: la divisa de medición lo distorsiona todo. Un año de dólar fuerte hincha la riqueza estadounidense frente al resto sin que haya crecimiento real subyacente; un año de dólar débil hace lo contrario.

Como consecuencia de ese tirón, las Américas elevaron su cuota de la riqueza mundial en dólares del 37,3% en 2023 al 39,3% en 2024, a costa de APAC y EMEA, que cedieron un punto porcentual cada una hasta el 35,9% y el 24,8% respectivamente. El gráfico de reparto resume bien hasta qué punto un solo año de bolsa norteamericana mueve el mapa de la riqueza.
Si se rasca un poco más, sin embargo, aparece un cuadro menos polarizado. Por subregiones, Europa del Este fue en realidad la que más creció, con un salto superior al 12% sobre 2023, ligeramente por encima de Norteamérica (11,98%). China continental avanzó un 3,42%, por delante del sudeste asiático (2,67%), y Oriente Medio y África aún quedaron en positivo. En cambio, Europa Occidental (–1,48%), Oceanía (–1,54%) y Latinoamérica (–4,28%) vieron encogerse su riqueza en dólares una vez ajustada por el tamaño de la población. El mensaje es claro: ninguna región se comporta como un bloque homogéneo.
Dos nombres frente al resto del mundo
Quizá el dato más impactante del informe sea el de la concentración geográfica. Estados Unidos y China continental albergan juntos más de la mitad del patrimonio personal de la muestra. EE. UU., gracias a la combinación de una alta riqueza por adulto y una gran población, acapara casi el 35% del total medido en dólares; China continental, apoyada en su enorme población, ronda el 20%. Los otros 54 mercados se reparten el 46% restante.

Detrás de esos dos colosos, el reparto se atomiza enseguida. Japón pesa un 4,5%; Reino Unido y Alemania, un 3,8% cada uno; India, un 3,4%; Francia, un 3,3%, y Canadá, un 2,5%. Resulta llamativo que plazas comparativamente pequeñas como Hong Kong y Singapur sigan representando un 0,8% y un 0,5% del patrimonio de la muestra, y que Suiza alcance el 1% y Taiwán el 1,3%. Es la prueba de que la riqueza no se reparte como la población: hay territorios diminutos que pesan mucho.
Esta concentración es, para nosotros, una idea con dos lecturas. La obvia: el inversor que solo mira a Estados Unidos está, de hecho, mirando a casi un tercio de la riqueza del planeta, lo que explica por qué tantas carteras acaban con un peso desmesurado en activos estadounidenses. La menos obvia, y más importante: precisamente porque dos mercados pesan tanto, diversificar de verdad cuesta, y exige un esfuerzo consciente de mirar al 46% restante.
El mapa de los millonarios
El informe dedica un capítulo entero a los millonarios en dólares, y el resultado vuelve a estar dominado por Estados Unidos. El país cuenta con casi 24 millones de millonarios —23.831.000 en la tabla de UBS—, equivalentes al 39,7% del total mundial. Eso es más de cuatro veces la cifra del número dos, China continental (6.327.000), y más que la suma de China, Francia, Reino Unido, Alemania, Canadá, Japón y Australia juntos.

En la tabla aparece España con 1.202.000 millonarios, por delante de Suiza (1.119.000) y por detrás de Países Bajos (1.267.000). Por densidad, sin embargo, el ranking cambia: más de uno de cada siete adultos es millonario en dólares en Suiza y Luxemburgo, y otros cuatro lugares —Hong Kong, Australia, Estados Unidos y Países Bajos— rozan el uno de cada diez. En conjunto, UBS contabiliza casi 60 millones de millonarios en su muestra, que poseen unos 226,47 billones de dólares en activos.
El crecimiento de este colectivo también tiene matices. En 2024 el mundo sumó más de 684.000 nuevos millonarios (un +1,2%). En términos porcentuales, el primer puesto fue para Turquía, con un alza superior al 8,4%, seguida de Emiratos Árabes Unidos (+5,8%). Pero en números absolutos el campeón es Estados Unidos: aunque su tasa fue de un discreto 1,5%, eso significó 379.000 nuevos millonarios en un año, más de mil al día, fines de semana incluidos. China continental sumó más de 386 al día. En el otro extremo, Japón perdió 33.000 millonarios (–1,2%), e Italia se quedó perfectamente estática, con una variación del 0,0%.
La pirámide de la riqueza: dónde está cada cosa
Donde el informe se vuelve realmente útil para un planificador es al desglosar la población por bandas de riqueza y por regiones. El gráfico que reproducimos muestra, para cada tramo patrimonial, qué porción corresponde a las Américas, a APAC y a EMEA.

La lectura es elocuente. En la base de la pirámide —los adultos con menos de 10.000 dólares— domina abrumadoramente APAC, que concentra el 70,84% de ese tramo (y un 71,17% del tramo de 10.000 a 100.000 dólares). Es la huella de las grandes poblaciones asiáticas todavía en fase de acumulación. Pero a medida que se sube de banda, el reparto se invierte: en el tramo de más de un millón de dólares, las Américas saltan al 44,82%, frente al 25,78% de APAC y el 29,39% de EMEA. La riqueza alta está, sobre todo, al oeste del Atlántico.
El informe también ofrece la pirámide global completa en cifras: a cierre de 2024, el tramo de más de un millón de dólares reúne a unos 60 millones de adultos (el 1,6% de la muestra) que concentran 226,47 billones de dólares, el 48,1% de toda la riqueza. En el extremo opuesto, el tramo inferior a 10.000 dólares agrupa al 41,3% de la población pero apenas un 0,6% del patrimonio. Y en la cúspide de la cúspide, UBS contabiliza 2.891 milmillonarios, de los que solo 31 superan los 50.000 millones de dólares.
Un cuarto de siglo de crecimiento real
Más allá del vaivén anual, el mensaje de largo plazo es inequívocamente positivo. Desde el año 2000, la riqueza ha crecido de forma marcada y consistente en todo el mundo, y lo ha hecho incluso descontando la inflación. UBS cifra el crecimiento del patrimonio total neto de deuda y neto de inflación en una tasa anual compuesta del 3,4% desde 2000. La única banda que no para de perder miembros es la más baja, la de menos de 10.000 dólares; todas las demás se expanden, y la de 100.000 a un millón es la que más rápido crece.

El gráfico de tasas de crecimiento por banda encierra, sin embargo, una verdad incómoda: el patrimonio crece más deprisa cuanto más arriba se está. Mientras el conjunto de los adultos avanza al 3,4% anual real, los que tienen más de cinco millones de dólares lo hacen al 8,2%, y los del tramo de uno a cinco millones al 6,1%. En la parte baja, el tramo de 10.000 a 100.000 dólares apenas crece un 2% anual. Es la mecánica silenciosa por la que la riqueza tiende a concentrarse: el capital ya formado compone más rápido que el que está empezando a formarse. La curva inferior, que separa la serie nominal de la real a precios del año 2000, recuerda además cuánta de la "riqueza" aparente de las últimas dos décadas es simplemente inflación.
Conviene no confundir riqueza con renta, un punto en el que UBS insiste con acierto. El sueldo es solo una de las vías hacia el patrimonio; cuentan también el beneficio empresarial, la tasa de ahorro, el acceso a los mercados financieros, la propiedad inmobiliaria y el nivel de tipos e impuestos. Por eso algunos países exhiben niveles de riqueza sorprendentemente altos en relación con sus salarios medios, mientras otros, con rentas elevadas, pesan menos de lo que su nómina sugeriría. La riqueza, además, es mucho menos visible que la renta: solo aflora cuando se traduce en consumo.
El ascenso del EMILLI
Una de las aportaciones más originales de esta edición es el concepto de EMILLI, contracción de Everyday MILLIonaire, el millonario cotidiano: aquel que posee entre uno y cinco millones de dólares en activos. No es el milmillonario de portada ni el patrimonio ultra-alto; es el matrimonio que ha amortizado su casa, ha ahorrado durante décadas y ha visto revalorizarse sus inmuebles e inversiones.

Las cifras impresionan. El número de EMILLI se ha más que cuadruplicado desde 2000, pasando de 13,27 millones de personas a comienzos de siglo a casi 52 millones a cierre de 2024 (un +18% solo respecto a 2019). Y, lo que más nos interesa, acumulan ya unos 107 billones de dólares de riqueza, más de cuatro veces lo que poseían en 2000 —equivalente a más de 2,5 veces en términos reales— y una cifra no muy alejada de los 119 billones que atesoran quienes superan los cinco millones. Dicho de otro modo: la gran masa de riqueza ya no está solo en la cúspide, sino en este escalón intermedio y creciente. UBS atribuye buena parte de ese empuje a la revalorización inmobiliaria y, de nuevo, a los tipos de cambio.
Generaciones, herencias y el gran trasvase
El informe dedica varios "wealth snapshots" a temas que, para una empresa de asesoramiento financiero como nosotros, son el pan de cada día. El primero es la distribución generacional de la riqueza en Estados Unidos. Sin sorpresa, los Baby Boomers (nacidos entre 1946 y 1964) concentran el grueso del patrimonio: poseen más de 83 billones de dólares netos de hipoteca, casi el doble que la Generación X (42.554 miles de millones en la tabla de UBS), más de cuatro veces la Generación Silenciosa (anterior a 1946) y casi cinco veces los nacidos a partir de 1981. Y los más jóvenes muestran un perfil de asignación distinto: la mayor proporción en bienes de consumo duraderos y en negocios privados, y la menor en mercados financieros.
El segundo gran tema es el trasvase patrimonial. UBS pronostica un traspaso global de más de 83 billones de dólares en los próximos 20-25 años. De ellos, unos 9 billones serán "horizontales" —entre cónyuges— y más de 74 billones "verticales", entre generaciones. El mayor volumen se espera en Estados Unidos, por amplio margen (más de 29 billones), seguido sorprendentemente de Brasil (cerca de 9 billones, por su gran población mayor de 75 años) y China continental (más de 5,6 billones). Una conclusión clave del informe es que el tamaño del trasvase no depende solo de la demografía o del PIB: Italia, con la mitad de población que Japón y menor riqueza por adulto, espera un volumen de herencias intergeneracionales notablemente mayor.
Dentro de este capítulo, UBS pone el foco en la herencia femenina en Estados Unidos. A partir de una encuesta a 2.000 mujeres inversoras con al menos un millón de dólares en activos invertibles, el informe revela que el 80% de las que heredaron de sus padres afrontaron dificultades —desconocer el alcance del patrimonio, encontrarse con sorpresas financieras—. Entre las que aún no han heredado, alrededor del 40% espera recibir entre uno y cinco millones, y una cuarta parte, cinco o más. Pero el 74% reconoce no estar preparada para gestionar esos activos sin problemas, y cerca de un tercio no sabe siquiera dónde están las cuentas de sus padres o cómo se repartirá la herencia. Es un recordatorio elocuente de que el trasvase patrimonial no se gestiona solo: necesita planificación y conversación previa.
Cómo asignan su riqueza los hogares
El último gráfico que destacamos es, probablemente, el más cercano a nuestro oficio: cómo reparten su patrimonio neto los hogares en cinco mercados representativos —Australia, Singapur, Suiza, Reino Unido y Estados Unidos—.

Las diferencias nacionales son enormes. Lo que más destaca es el peso de los mercados financieros en Estados Unidos: valores e instrumentos financieros suponen el 37% del patrimonio neto, con diferencia la proporción más alta de los cinco países. En Australia, Singapur y Reino Unido esa cifra ronda apenas el 10-12%. En el extremo opuesto, Australia sobresale por su ladrillo: el inmobiliario representa casi el 53% de la riqueza personal, muy por delante del resto. Singapur lidera en seguros y pensiones (casi un tercio), frente a menos del 19% en Estados Unidos. Y la proporción en efectivo y depósitos es la más baja en Australia.
Este gráfico condensa una verdad que repetimos en cada conversación con las familias: la composición de la cartera define el destino. Un hogar australiano, con más de la mitad de su patrimonio en un único inmueble, está expuesto a un riesgo de concentración que un hogar estadounidense, más volcado en valores diversificados, no tiene —aunque este último cargue con la volatilidad de la bolsa—. No hay una asignación "correcta" universal; hay una asignación adecuada a cada familia, a sus objetivos y a su tolerancia al riesgo.
La lectura BISSAN
El Global Wealth Report de UBS es, ante todo, un documento de marca —"For UBS marketing purposes", reza la propia portada— y conviene leerlo con esa conciencia. Pero por debajo del envoltorio comercial hay un material estadístico serio y tres o cuatro ideas que merecen quedarse, porque coinciden con lo que vemos cada día al sentarnos con una familia.
La primera es la trampa del promedio. "El mundo es más rico" es verdad y a la vez no dice casi nada: por debajo de ese 4,6% conviven un +11% americano y un +0,44% europeo, un Turquía que en moneda local sube un 35% y en términos reales cae un 14,6%, un Estados Unidos donde la riqueza media crece un 9% pero la mediana lo hace un 45%. El propio Donovan lo avisa: estos datos ofrecen tendencias amplias, no precisión inverosímil. Trasladado a una cartera, la enseñanza es no dejarse hipnotizar por la cifra agregada y mirar siempre el detalle: la divisa, la inflación, qué tipo de activo crece y cuál no.
La segunda es la concentración, en sus dos caras. La geográfica —dos países con más de la mitad de la riqueza— y la patrimonial —el capital alto compone más rápido que el bajo—. Para el inversor, ambas son un aviso: estar bien diversificado no ocurre por defecto, exige una decisión activa de no dejar todo el peso en el mercado de moda. Es la misma disciplina que defendemos siempre, traducida ahora al mapa global de la riqueza.
La tercera es el trasvase generacional, y aquí el informe toca de lleno nuestro trabajo. 83 billones de dólares cambiarán de manos en los próximos veinticinco años, y el dato sobre la herencia femenina —el 74% de las mujeres encuestadas no se siente preparada, el 80% de las que heredaron tuvieron problemas— pone número a algo que sabemos por experiencia: la herencia mal preparada destruye valor y genera conflictos. La planificación patrimonial, la conversación entre generaciones y la profesionalización del relevo no son lujos, son la diferencia entre conservar un legado y dilapidarlo.
Una nota final sobre el contexto. UBS firma este informe como "el mayor gestor de patrimonio verdaderamente global", y desde una empresa de asesoramiento financiero (EAF) española como la nuestra leemos esa autodescripción sin complejos: nuestro valor no está en el tamaño ni en la presencia en todos los mercados, sino en la cercanía, la independencia del producto y el conocimiento real de cada familia. Los datos de UBS son un excelente telón de fondo; las decisiones, las seguimos tomando una a una, con cada cliente y para cada cliente.
